¿Te gustan las películas? ¡A mí me encantan! y últimamente he estado mirando Netflix y encontré la película francesa “Las inocentes”.  

Bueno te voy a comentar algunas cosas de esta película que realmente vale la pena reflexionar a fondo, pero te doy “el aviso de spoiler”.

Tengo que ser sincera, no me atrevía a ver esta película, me dijeron: “es súper fuerte”, “no te voy a contar pero… ¡hazte el ánimo!”.  A veces te sugestionan tanto con las películas, que ya te predispones a verlo distinto ¿no te pasa?, pero, menos mal que me animé y la vi, porque realmente es una historia, donde la fe, es puesta a prueba en una situación ¡tremenda!.

Esta historia trata sobre unas monjas polacas, que fueron violadas y embarazadas por soldados rusos a fines de la Segunda Guerra Mundial.  En la cinta, no se muestra el terrible suceso de la violación, pero es casi posible verlo en los rostros atemorizados y traumados de las religiosas.

La violación es – sin duda – un trauma terrible para cualquier mujer, y aquí se agrega que ellas son religiosas, consagradas a Dios y en su mayoría vírgenes; y es así como la guerra deshumaniza al hombre, al punto de abusar de lo sagrado.

Así podemos ver en este relato, cómo estas religiosas están afectadas, no solamente a nivel físico-emocional, sino también, evidentemente a nivel espiritual.

Destaco uno de los diálogos que me llamó la atención entre dos religiosas, una de ellas embarazada y en que ella dice: “le suplico a Dios que me ayude, no sé cómo reconciliar mi fe con esto que ha ocurrido. Y Dios – de quien me considero su fiel esposa –  ¿quiso esto para mí?”, se lo pregunta, y a continuación, también se cuestiona: “Y esta vida que fue forzada en mi vientre ¿qué quiere Dios que haga con ella?

La otra religiosa le responde, tratando de consolarla, y le dice: “Ignoramos lo que Dios quiere, la única verdad ¡es el amor!”. Esta frase me quedó grabada en el corazón cuando vi esta cinta, “¡la única verdad es el amor!”

En el desarrollo de la película, no se habla mucho más de esto, pero sí se plasma – claramente – en el testimonio. Y quiero darte algunos ejemplos: En primer lugar, este amor se plasma en la entrega, una entrega generosa de una de las religiosas que también está embarazada porque, también fue abusada y sale escondidas del convento, a riesgo también de que a ella la castiguen por salir sin permiso, corriendo en medio de un bosque, donde también podría haberse encontrado con otros peligros, con otros soldados; y sin embargo, esta religiosa sale en busca de ayuda, porque sabe que hay otra religiosa que está a punto de dar a luz y puede perder la vida.

La religiosa se encuentra con una joven médico, Matilde, a quien le pide ayuda. Matilde habla francés, la religiosa habla polaco, y sin embargo, hace lo posible por hacerse entender, y la médico de la Cruz Roja la rechaza y le dice: “¡No! Vaya a algún lugar donde la atiendan en su idioma”, y ya, y la despide; y la médico sigue atendiendo varios pacientes, varias horas, y de pronto – se sienta a descansar un rato ve por la ventana y ve lo insólito, esta religiosa está de rodillas en medio de la nieve – porque estamos en pleno invierno – rezando y llorando pidiéndole a Dios ayuda. ¿Qué pasa entonces? Esta médico sale a su encuentro, se conmueve.

Un segundo ejemplo de este amor que se hace testimonio vivo en esta película, es con la doctora, ella se compadece de estas religiosas.  Ella no es creyente, no tiene por qué haber ni siquiera entrado al Monasterio, pero las circunstancias hacen que se ablande su corazón, incluso sucede que ella misma – en el camino – en la ruta en que va a ayudar a estas religiosas como doctora para que puedan dar a luz, ella también es asaltada por soldados que tratan de abusarla, es entonces cuando ella lo vive en carne propia y empatiza con estas mujeres, sufre con ellas, su dolor, se compadece.

Y en tercer lugar, ese amor que se expresa en la caridad, en una situación que pareciera que no tiene solución frente a la ceguera también espiritual de la Madre Superiora que piensa que, lo único que importa es evitar la deshonra.  Es entonces cuando Dios, en medio de una situación terrible, logra sacar algo bueno; y las religiosas deciden acoger no solo a todos estos niños recién nacidos, sino también a aquellos niños que están vagabundo por las calles, que han quedado solos por la guerra.

En resumen, la misericordia. Juan Pablo II decía que la gran respuesta de Dios, en los tiempos oscuros de la Segunda Guerra Mundial era la misericordia.  Hoy también el Papa Francisco nos habla de una Tercera Guerra Mundial a pedazos. Hoy entonces, se requiere también hacer presente con fuerza el mensaje de la misericordia, para que seamos capaces de la reconciliación, de construir puentes, de tener – como estas religiosas en la película – el coraje del amor.  

 

Carolina Requena Durán

Carolina es periodista y se ha especializado sirviendo en diversas instituciones de Iglesia como la Conferencia Episcopal de Chile, Radio María y ACI Prensa.

Además fue corresponsal para Latinoamérica del canal EWTN donde estuvo a cargo de las coberturas en vivo de visitas papales.

Actualmente es Directora Editorial y de Contenidos del CEC (Centro de Estudios Católicos) y además es Directora y guionista de la serie de documentales www.tesorosdelpueblo.com

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