Jessica-SabaJessica Saba es una niña plena de salud y alegría. Brinca y corretea en el parque. La pequeña canadiense de 4 años envió un estremecedor mensaje al Rey de Bélgica para que se abstenga de firmar una discutida y terrible ley que permite la eutanasia para los niños. “En nombre de todos los niños del mundo, por favor, no firme la ley”, suplicó Jessica al monarca.

La vida de la valerosa Jessica podría haber culminado en su difícil nacimiento, precisamente por la eutanasia si es que hubiese nacido en Bélgica. Pues los médicos comprobaron que tenía una grave malformación cardíaca. Una de las válvulas de su corazón estaba bloqueada y un ventrículo poco desarrollado. La niña se situaba en el terreno de lo que la legislación belga, recién aprobada por el Parlamento, consideraba un “sufrimiento físico insoportable y su muerte a corto plazo sea inevitable”. Suficiente razón para justificar la eutanasia según aquella “cultura de muerte”. Pero sus padres y sus médicos no se rindieron. Fue operada varias veces hasta corregir el daño, permitiendo que el ventrículo se desarrollase normalmente.

[pullquote]La legislación belga ya permitía la eutanasia para los adultos. Y, como suele suceder donde se ha legalizado -como en Suiza, Holanda y Luxemburgo-, comenzó solamente contemplando los casos medicamente desesperados. Pero fue deslizándose a las personas que consideraban que carecían de calidad de vida, como los depresivos. En suma, un suicidio legal.[/pullquote]

A pesar del apoyo que ha obtenido la sombría ley entre una estrecha mayoría parlamentaria, los debates han mostrado la facilidad con que se puede agredir el santuario de la vida humana. Entre las voces que le alzaron para rebatir los argumentos esgrimidos por los legisladores estaban 39 médicos pediatras. “No existe una demanda de la población o de la comunidad médica para extender la eutanasia a los menores”, alegaron. El doctor Stefaan Van Gool alarmaba sobre el abuso de la ley, expresando la seria preocupación del gremio médico: los procedimientos de evaluación de la capacidad mental de un niño para tomar decisiones de vida o muerte no son lo suficientemente claros. También está la posibilidad de que un niño pueda ser presionado a tomar una resolución fatal por sus padres o médicos.

¿Escenario eugenésico?

Entre los principales detractores de la inhumana ley están los obispos belgas, quienes en un comunicado resaltaron un punto crucial. “Al abrir la puerta a la eutanasia de los menores se corre el peligro de querer extenderla a los discapacitados, a las personas con demencia, a los enfermos mentales, e incluso a quienes están cansados de vivir”. Esta circunstancia estaría cambiando “el significado de la vida humana”. Una ley como la belga solamente concedería “el valor de humanidad solo a los que son capaces de reconocer la dignidad de su propia vida […] Se introduce, pues, la duda sobre el valor de ciertas vidas humanas”, lamentaban los prelados.

nazi¿Una alarma exagerada? Bajo ninguna circunstancia. Aquellos que apoyan la discutida ley parecen haber olvidado que durante la ocupación nazi de Bélgica, entre 1940-45, los invasores aplicaron las brutales leyes eugenésicas de Alemania, eliminando a aquellos que consideraban discapacitados.

Desde la experiencia, los padres de Jessica dan la razón a los obispos. Paul Saba, médico psiquiatra, ha recordado al Rey Luis que la eutanasia comenzó en Bélgica para las personas que padecían daño físico, y ahora se ha ampliado a todos los que sufren, por ejemplo, daño mental. Comenzó con los adultos y ahora se va a ampliar hasta los niños.

También argumenta que la excusa de una muerte digna no es suficiente, ya que actualmente no hay necesidad de que nadie sufra inhumanamente, ya que se puede ofrecer un adecuado cuidado médico. Para todos los que están al final de la vida, un buen tratamiento paliativo detendrá el sufrimiento físico. Los que indican que hay miembros de su familia que han sufrido al final de la vida no han recibido un buen cuidado paliativo.

[pullquote]Mientras que la madre de Jessica, Marisa, advierte de que la ley de la eutanasia pediátrica podría conducir a los padres de niños enfermos o discapacitados “a abandonarse demasiado pronto a la desesperación”. Lo que los padres y los hijos necesitan es estar rodeados de amor y apoyo a la vida, no la eutanasia.[/pullquote]

Ambos, los obispos católicos, los padres de la niña canadiense y personas diversas de la sociedad belga, coinciden en que la ley abrirá una “Caja de Pandora” moral y ética. “Un niño de siete años, ¿es verdaderamente autónomo? ¿Quién es responsable de un menor?”, interrogaba la diputada cristiano-demócrata Sonja Becg.

A estas voces se añadió la del Papa Francisco, quien, precisamente cuando las autoridades belgas están a punto de imponer la discutida eutanasia infantil, envió un mensaje a la “Pontificia Academia para la Vida” sobre el tema de “Envejecimiento y discapacidad”. En el contexto de la mentalidad del descarte, se corre el riesgo de equiparar precisamente envejecimiento con discapacidad.

angeluspapa_alegria“Es un tema de gran actualidad, que es muy importante para la Iglesia”, decía el Papa, quien detectaba “una lógica económica que excluye y a veces mata, y de la que muchas personas hoy en día son víctimas, comenzando por nuestros ancianos”. Francisco retomó un concepto que ya había expresado hace algún tiempo, refiriéndose a la “cultura del deshecho” en nuestras sociedades. El Santo Padre señalaba que los excluidos ya no son explotados, sino que pasan a ser “sobras”. Ante esta discriminación, Francisco planteó la cuestión antropológica sobre el valor del hombre y las bases en que se asienta. “La salud -subrayó- es sin duda un valor importante, pero no determina el valor de la persona. La salud no es una garantía de felicidad: ésta, de hecho, puede abundar incluso en presencia de problemas de salud. Por lo tanto -añadió-, la falta de salud y la discapacidad no son una buena razón para excluir, o peor aún, para quitar de en medio a una persona”.

Pero la pregunta esencial está vigente: ¿Cómo se ha podido alcanzar tal aberración ante el valor de la vida? La relativización del significado de la vida tiene sus raíces remotas en la hipótesis darwinista de la subsistencia del más fuerte. Asumiendo las hipótesis del “progreso del más apto” se justifican una serie de males como la miseria, el genocidio de las razas supuestamente inferiores y el sufrimiento de pueblos enteros que se hallan en desventaja cultural y tecnológica para subsistir.

La misma selección natural está estrechamente ligada a la eugenesia, la selección artificial de aquellos genes considerados más aptos para la humanidad. En el año 1883 el antropólogo inglés Francis Galton acuñó el término “eugenesia” para definir el estudio de los factores hereditarios encaminados a acrecentar o modificar las cualidades raciales de las generaciones futuras. La teoría eugenésica postulaba que algunas personas eran biológicamente superiores a otras, por lo que era una obligación “depurar” la raza humana de sus defectos, fortaleciendo a los “superiores” y descartando a los “inferiores”.

En aquella misma dirección, el germano Wilhelm Schallmayer (1857-1919) sostenía que la ética también era producto de la evolución, por lo tanto era modificable según los criterios del progreso. En su parecer era ético admitir la inferioridad y el escaso valor de algunos individuos. La eutanasia se justificaba en el caso de una criatura defectuosa. Para Schallmayer se trataba de ejercer una “enérgica higiene racial”.

En la primera mitad del siglo XX naciones culturalmente desarrolladas como Alemania y Estados Unidos aplicaron ensayos eugenésicos, considerando que servirían para “engrandecer” al género humano. Los crímenes cometidos por el régimen nazista de Hitler son ampliamente conocidos; menos lo son los ocurridos en la nación norteamericana. Varios estados norteamericanos aprobaron leyes inspiradas en el designio eugenésico. Esta legislación estaba encaminada a esterilizar forzosamente a aquellas personas que se consideraban poseedoras de “genes defectuosos”.

Aún en el año 1965, y a pesar de las trágicas experiencias como las de los Nazis, el Premio Nobel de Física William Shockley sustentó una serie de principios eugenésicos que desertaban completamente los principios bioéticos. Según Shockley era perfectamente válido que la ciencia se embarque en la tarea de elevar colectivamente la calidad de la inteligencia humana, empleando para tal fin la esterilización de los menos capacitados, la clonación y la inseminación artificial (Ver Dianne Irving, The Bioethics Mess, en Crisis, may 2001).

[pullquote]Un profesor de ética de la Universidad de Princeton llamado Peter Singer sostiene que bajo ciertas circunstancias la eliminación de un nonato, o de un párvulo perfectamente sano puede considerarse ético. Un niño ya nacido, pero que por su tierna edad carece de uso de razón, autonomía y auto-conciencia (desde los 0 años hasta los 4 ó 5), aún no posee personalidad o dignidad humana. Por lo tanto su extinción no acarrearía las mismas consecuencias morales que la muerte de una persona madura y auto-consciente.[/pullquote]

 En el caso de Bélgica estas especulaciones académicas han adquirido una espeluznante realidad. Surge la interrogante: ¿Qué conduce al ser humano a brutalizarse hasta el extremo de renunciar al bien, que es la cultura de la vida? Aquello que se muestra con toda su trágica nitidez es que si una sociedad o colectivo científico está dispuesto a desconocer la naturaleza humana y su dignidad, ha perdido efectivamente la brújula moral.

© 2014 – Alfredo Garland B. para el Centro de Estudios Católicos – CEC

 

 

Alfredo Garland Barrón

Alfredo luego de seguir estudios de Filosofía y Derecho, se ha dedicado al periodismo. Ha publicado numerosos artículos en revistas latinoamericanas, y también cuenta con varios libros publicados.Sus investigaciones están focalizadas a temas sobre la cultura en general, la filosofía, la vida eclesial, y diversos temas existenciales y de actualidad que buscan responder a las preguntas fundamentales de los hombres de hoy.

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