Muchos creyentes tenemos en algún lugar de nuestra casa o en el velador e incluso en nuestra billetera una medalla para protegernos del mal. Dicen que la de San Benito realmente nos defiende, ¿es verdad? ¿Funciona? ¿Por qué?

San Benito fue un presbítero y religioso, iniciador de la vida monástica en Occidente. Nació en Nursia Italia en el año 480 DC. Fue un reconocido exorcista, al que Dios le dio la gracia de someter a los demonios utilizando como Sacramental la Santa Cruz que hoy se conoce como la Cruz de San Benito. En el año 1742 el Papa Benedicto XIV aprobó el uso de la Cruz-Medalla de San Benito como Sacramental y la fórmula de su bendición se incorporó al Ritual Romano. El Crucifijo de la Buena Muerte y la Medalla de San Benito han sido reconocidos por la Iglesia como una ayuda para el cristiano en la hora de tentación, peligro, mal y principalmente, en la hora de la muerte. Al frente de la medalla aparece San Benito con la Cruz en una mano y el libro de las Regla en la otra mano, con la oración: “A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia”.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que como cualquier Sacramental, el poder no está en la medalla por sí misma sino en Cristo, ante quien se someten todos los demonios.

“Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre». Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos, No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo»” (Lucas 10, 17-20).

 

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