No somos agentes pasivos de nuestra realidad, sino que tenemos la capacidad de ir contra la corriente; como nos invita el Papa Francisco: (…) No tengan miedo de ir contracorriente, cuando nos quieren robar la esperanza, cuando nos proponen estos valores que están pervertidos (…) vayan contracorriente y tengan ese orgullo de ir precisamente contracorriente...

God-creation-manEl continuo debate sobre la ciencia y la fe ha puesto en peligro el potencial de la sabiduría existencial de cualquier ser humano, y amenaza con empobrecer su dignidad como la esencia inherente en cuanto ser racional, dotado de libertad y poder creador. También ha hecho que el hombre contemporáneo se encuentre muchas veces tristemente desesperado y desorientado, porque ya no espera una posible repuesta certera o una verdad frente a los acontecimientos que le acongojan, sino que se conforma con ideas racionalistas, relativistas, negativas, pesimistas e incluso nihilistas, las cuales le pintan un mundo de paz y perfecto que se logra por medio de la razón. Pero, ¿dónde queda la fe?

A lo largo de la historia universal se han conformado diferentes corrientes de pensamiento que intentan explicar el origen del hombre y la razón de ser de la persona en cada uno de los lugares en los que se encuentra. A continuación, presento un breve recorrido histórico para intentar responder a la pregunta sobre el origen del cosmos.

En primer lugar, el período naturalista de la historia entre los siglos VI y V a. C, estuvo caracterizado por el problema de la physis (naturaleza) y el cosmos. En aquel momento, el principio del universo equivalía a alguna fuerza de la naturaleza (agua, aire, fuego y tierra). Después en el período humanista se puede apreciar a Sócrates y los sofistas como principales protagonistas, quienes por primera vez buscan determinar la esencia del hombre, debido al planteamiento de cuestiones sociopolíticas que logran una mejor convivencia entre los ciudadanos y las leyes, mediante la constitución política. Posteriormente, aparecen las grandes síntesis de Platón y Aristóteles que coinciden con el siglo IV a. C en la explicitación y formulación de diversos problemas filosóficos y existenciales.

st-thomas-aqPosteriormente se hablará del período de las escuelas helenísticas, que comprende desde las conquistas de Alejandro Magno hasta el final de la era pagana. Durante este período se sufrió el cinismo, epicureísmo, estoicismo, escepticismo y eclecticismo como lentes a través de los cuales se pensaba la realidad habitada. Luego se abre un nuevo camino hacia el período del pensamiento antiguo-pagano, caracterizado por un gran renacimiento del platonismo que culminará con el neoplatonismo. Luego se atravesará por la llamada época medieval (siglos V al XV d. C) donde el pensamiento cristiano tiene su auge en una tradición de origen cristiano, la cual se fundamenta en la fe monoteísta, gracias a un Dios redentor y misericordioso que decidió enviar a su Hijo como prueba de su infinito amor para la salvación de la humanidad. En este tiempo vuelve a estudiarse a Aristóteles, a los Padres y Escritores Eclesiásticos, y resalta la figura de Santo Tomás de Aquino (1224-1274) como gran propulsor de la comprensión racional de la fe.

De todos estos períodos surgen varios modos de pensar respecto a la realidad, tales como el filosofar en la fe (propuesto por San Agustín); filosofar en la razón (Santo Tomás de Aquino) y filosofar fuera de la fe (Kant y Nietzsche). También surge posteriormente el renacimiento como una época de reestructuración del reconocimiento de una realidad trascendente, y el importante movimiento de la Ilustración, que con su doctrina de la iluminación ha intentado cerrar la relación con Dios –con una dimensión trascendente y redentora–, capaz de idear un plan perfecto para la condición humana terrenal.

Es aquí donde la historia toma un rumbo radicalmente opuesto al anterior, donde la dictadura moderna adquiere un discurso de carácter cientificista que reconoce únicamente aquello que es percibido desde el campo de la experiencia. También se promovió en el hombre el principio de autonomía, ocasionando una ruptura con la huella divina, porque la condición de este movimiento fue principalmente establecer una separación entre la religión y la sociedad (más conocido como secularismo), y simultáneamente desarrollando una actitud hostil para tratar temas referidos a la moral, el hombre, el espíritu y la religión de una manera integral.

De esta manera, cabe resaltar que el hombre también expresa su minoría de edad (término acuñado por Kant en el siglo de las luces) aceptando todo lo que dice la ciencia y no aceptando que entre la fe y la razón puede existir una relación armónica, una realidad que se necesita la una de la otra para saborear la verdad, como dice la encíclica Fides et Ratio compartida por S. Juan Pablo II.

[pullquote]No obstante, como dice Coreth, «no estamos determinados por nuestro mundo de una forma meramente pasiva» ((Coreth, E. Hombre y Mundo, 1995, p. 81-99. Disponible en: http://www.scribd.com/doc/74446810/El-Hombre-y-El-Mundo-Emerich-Coreth.)). No somos agentes pasivos de nuestra realidad, sino que tenemos la capacidad de «ir contra la corriente» en palabras del actual Papa Francisco cuando expresa que: «(…) No tengan miedo de ir contracorriente, cuando nos quieren robar la esperanza, cuando nos proponen estos valores que están pervertidos (…) vayan contracorriente y tengan ese orgullo de ir precisamente contracorriente».[/pullquote]

Así que la invitación es a reconocer que la historia muchas veces se ha equivocado en su afán de pretender alejarnos de Dios creador, cuando la realidad presenta que Dios ha creado y redimido a su pueblo, y que no le ha abandonado en la lucha incesante de alcanzar la verdad. Y para esto ha enviado a su único Hijo, que «no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt. 20,28). El Hijo del hombre no vino a la tierra para que le hicieran homenajes ni celebraciones especiales, no fue egoísta, nunca pensó en sí mismo, sino en ayudar a los demás de una forma desinteresada, y esa ayuda fue tanto espiritual como material. Luego dio su vida para liberarnos a todos de nuestros pecados. Es muy difícil que nosotros entreguemos o donemos la vida por los demás, pero lo que sí podemos hacer es procurar llevar a cabo el bien a nuestros hermanos con lo poco o mucho que tengamos, especialmente, empezando por nuestra familia, que simboliza la célula vital de la sociedad.

También la invitación es a regresar al tiempo en que Dios era el tema principal de la existencia humana, la creencia en el plan de Dios como tiempo perfecto y guía espiritual de los hechos llevados a cabo por los hombres y la profundidad del amor divino, porque a causa de los movimientos que han intentado alejar al hombre de Dios (de su principal fuente de reconciliación) es que ahora el hombre se siente más perdido que nunca en el mundo.

© 2015 – Maribel Regina Atehortúa Vélez para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Maribel Regina Atehortúa Vélez

Maribel es estudiante de Psicología en la Fundación Universitaria Luis Amigó (Medellín, Colombia), asociada al Centro "Areté", profundizando en la investigación antropológica desde la psicología y la filosofía.

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