... La ciudad de Buenos Aires vio en la primera semana de junio marchas de otro movimiento feminista titulado “Ni una menos” en protesta contra el “feminicidio”, el homicidio de mujeres. Yo me pregunto si no sería conveniente agregar a ese eslogan uno que diga: “¿Ni uno menos?”, para decir algo sobre los cerca de 50 millones de infantes que mueren cada año antes de nacer al ser abortados (...) El gran problema de fondo es que, al exigir igualdad de derechos con los hombres las manifestantes no entienden que esta igualdad de dignidad también afecta a los no nacidos, ya que los consideran apenas partes de su cuerpo, y no personas, exigiendo por eso el derecho de deshacerse de ellos. ¿Es verdad, entonces, que la intransigencia de la sociedad machista, tan aferrada a concepciones anticuadas sobre la vida humana, estaría oprimiendo injustamente la libertad y el derecho de igualdad de las mujeres? ¿De qué estamos hablando entonces? ¿De atentar contra la libertad de las mujeres para vivir su sexualidad, o de proteger la vida humana dondequiera que exista? ...

marcha_cover2El mes de mayo de este año vio en varias ciudades de Brasil, y fuera de este país, diversas marchas y manifestaciones en defensa de los derechos de la mujer. El movimiento conocido como “Marcha das Vadias” llevó a las calles de São Paulo varias mujeres vestidas con trajes provocativos y hasta semidesnudas para protestar en defensa de sus derechos y contra la violencia sexual de la que son víctimas. Uno puede preguntarse: ¿Qué está por detrás de esta manifestación que llenó las noticias con fotos –por decir algo–, indiscretas?

El movimiento surgió en el año 2011 en Toronto cuando se registraba un alto número de violaciones de mujeres en un campus universitario. La movilización empezó a causa de un comentario de un policía hecho a la prensa: “las mujeres deberían evitar vestirse como prostitutas”. En respuesta se juntaron más de 3.000 mujeres vestidas con ropas provocativas con el propósito de dirigir una crítica a la policía y captar la conciencia de otras instituciones de la sociedad. Esta manifestación tenía como objetivo que la opinión pública no culpe a las mujeres víctimas de esta violencia y proteger la “libertad” de vestirse como quieran sin sufrir prejuicios por ello.

El movimiento canadiense fue seguido por una edición brasileña dos meses después en São Paulo, que llegó hasta la capital del país. Su Carta Manifiesto escrita en Brasilia decía que la violencia hacia mujeres estaba siendo injustamente atribuida por la sociedad al “comportamiento femenino vulgar”. Se leía: «marchamos porque vivimos en una sociedad patriarcal que moviliza diversos dispositivos para reprimir la sexualidad de la mujer dividiéndonos en santas y prostitutas».

Las muchas integrantes que se sumaron a las cinco ediciones del movimiento de este año (2015) en São Paulo marcharon en trajes provocativos portando mensajes dirigidos a la sociedad, pintados en pancartas o en sus cuerpos descubiertos: «Mi cuerpo, mis reglas», «Ni santa, ni prostituta: mujer». Con esto querían expresar su indignación.

[pullquote]El hecho tal vez más lamentable de toda esta conmoción –en la que tantas mujeres exponían su intimidad públicamente para atraer la atención del público y de la prensa– fue la reivindicación que sumaron a su lista: la ampliación de la legalización del aborto en el país. ¿Qué piensa la sociedad sobre eso y qué tiene qué decir? ¿Cómo se posicionan las autoridades? ¿Cómo reacciona el católico ante tales manifestaciones que llenaron las noticias con fotos de mujeres desnudas exigiendo que el aborto sea legalizado y promovido desde el propio estado y hasta con suministros del sistema de salud?[/pullquote]

La ciudad de Buenos Aires vio en la primera semana de junio marchas de otro movimiento feminista titulado “Ni una menos” en protesta contra el “feminicidio”, el homicidio de mujeres. Yo me pregunto si no sería conveniente agregar a ese eslogan uno que diga: “¿Ni uno menos?”, para decir algo sobre los cerca de 50 millones de infantes que mueren cada año antes de nacer al ser abortados.

unomenos02En mi opinión, el gran problema de fondo es que, al exigir igualdad de derechos con los hombres, nuestras manifestantes de São Paulo no entienden que esta igualdad de dignidad también afecta a los no nacidos, ya que los consideran apenas partes de su cuerpo, y no personas, exigiendo por eso el derecho de deshacerse de ellos. ¿Es verdad, entonces, que la intransigencia de la sociedad machista, tan aferrada a concepciones anticuadas sobre la vida humana, estaría oprimiendo injustamente la libertad y el derecho de igualdad de las mujeres? ¿De qué estamos hablando entonces? ¿De atentar contra la libertad de las mujeres para vivir su sexualidad, o de proteger la vida humana dondequiera que exista?

Las leyes en Brasil, por ejemplo, garantizan la «inviolabilidad del derecho a la vida» (Constitución, art. 5) y «ponen a salvo desde la concepción los derechos del infante en desarrollo en el útero» (Código Civil, art. 2). No solo eso: dicen que «el infante y el adolescente tienen derecho a la protección de la vida y salud por medio de la realización efectiva de políticas sociales públicas que permitan el nacimiento y el desarrollo saludable y armonioso en condiciones dignas de existencia» (Estatuto del Infante y Adolescente, art. 7).

El aborto es considerado crimen en Brasil con excepción de tres casos: el aborto terapéutico cuando está en riesgo la vida de la madre; en caso de violación; y, desde 2012, en los casos de fetos anencefálicos (que no tienen cerebro). La posición del Estado no llega al extremo de las mujeres paulistas, pero tampoco hace justicia a la dignidad de la vida humana. Lo que preocupa además es la presión que existe y la susceptibilidad cada vez mayor del Estado a cambiar sus paradigmas para peor.

[pullquote]Nosotros católicos tenemos una gran responsabilidad para con los incontables inocentes que mueren todos los años asesinados en el útero de sus madres. Según datos del Pew Research Center son apenas 80% de los católicos en Brasil los que reconocen el aborto como crimen. El tiempo en que vivimos nos invita con urgencia a poner la confianza en nuestra fe y formarnos según la enseñanza del Magisterio de la Iglesia. No podemos cerrar los ojos a la acción de estas “colonizaciones ideológicas”, como se expresó el Papa Francisco al hablar de la ideología de género. Estas ideologías buscan redefinir el matrimonio y las mayores victimas serán seguramente los más indefensos.[/pullquote]

No hay ningún estado de derecho u órgano internacional que posea la autoridad que tiene la Iglesia para declarar los derechos fundamentales de la persona humana. En cuanto a las ciencias filosóficas y naturales estas sirven muchísimo para profundizar en el conocimiento del ser humano. Sin embargo, la misma libertad que tanto defienden nuestras manifestantes feministas es una evidencia innegable de la dignidad del ser humano como persona y ser trascendente. La libertad que no está sola en la persona humana, escapa a los límites que son capaces de precisar las ciencias filosóficas y naturales. Estas nunca pueden prever ni siquiera la más trivial elección de una persona hecha con libertad ni revelar su misterio por completo.

El conocimiento sobre la persona y su misterio es materia de la Religión. Por eso solo compete al Magisterio de la Iglesia declarar el significado de la Revelación en Jesucristo del misterio de la persona humana hecha a imagen y semejanza de Dios. La Iglesia, sirviéndose también del conocimiento científico que en nada se opone a la fe, reconoce que la vida de un ser humano empieza en la fecundación donde ya está presente el principio de una persona única e irrepetible. Interrumpir por cualquier medio el desarrollo normal de esta célula inicial para causar su muerte constituye por lo tanto un asesinato de una persona.

Siendo así, la legislación brasileña como está y como se interpreta en la actualidad, no respeta plenamente la dignidad de la persona humana y su derecho a la vida ya que se alinea con ideologías deshumanizantes. Al permitir el aborto de anencéfalos se inclina al dictamen de teorías incorrectas incapaces de abarcar el misterio de la persona afirmando de forma insostenible su vínculo necesario con la conciencia. El no nacido con anencefalia no tiene ni puede tener conciencia, pero no deja de ser una persona por eso.

[pullquote]En cuanto a los casos de violación estos a pesar de que son una grave violencia con serias consecuencias físicas, emocionales y psicológicas para la mujer no justifican un acto aún mayor de violencia contra una persona indefensa con consecuencias aún peores que la violación misma. Las víctimas tienen que recibir todo el apoyo de la sociedad y de la Iglesia para superar estos traumas. No pueden ser dejadas, en un momento de fragilidad, al riesgo de infringir un trauma aún más grave en sus conciencias quitando una vida inocente.[/pullquote]

unomenos03Por lo que respeta al aborto terapéutico, legalizado en 97% de los países según datos de la ONU del año 2009, hay que hacer una distinción. La Iglesia afirma que ninguna vida humana tiene más valor que otra por el principio de igualdad que tanto valoran nuestras mujeres manifestantes al compararse a los hombres. Protege por lo tanto la vida de la madre y del hijo: “Ni una menos ni uno menos”.

Lo que la Iglesia no condena, pero en ninguna circunstancia denomina “aborto terapéutico”, es lo que sucede en casos bastante extremos en que el médico puede proceder a un “terapia a la madre con resultado de muerte fetal” o “aborto indirecto”. Se busca salvar la vida de la madre, pero se tolera la muerte del hijo pues la situación no permite salvar la vida de ambos. O sea, no busca justificar los medios por el fin y sí basarse en el principio del “doble efecto” descrito por Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica (ST, q.64 a.7).

La cirugía es un procedimiento bueno en sí mismo, pues busca únicamente salvar la vida de la madre cuando hay pruebas de que la gestación pone en riesgo inminente su propia vida y la vida del hijo que depende de su madre para sobrevivir. El aborto en este caso es “indirecto” pues no es deseado como un medio para salvar una vida al costo de otra.

Esto se da, porque de todos modos la gestación sería abortada sin que haya intervención médica, apenas como una parte natural del proceso, dando como resultado la muerte de la madre y del hijo. El “doble efecto” consiste en que se tolera la muerte del hijo (el efecto malo del procedimiento), para salvar la vida de la madre (el efecto bueno), queriendo siempre que ambos se salven.

Tales situaciones extremas son cada vez más raras por el avance de los procedimientos obstétricos, pero pueden suceder en los casos de gravidez ectópica y desprendimiento prematuro de placenta que llevan hacia una hemorragia intensa y fatal (Domingo M. Basso, O.P., Nacer y Morir con Dignidad – Bioética). Los lugares donde la asistencia médica no tiene suficientes recursos están más expuestos a esta situación pues el médico no siempre dispone de los medios o de la oportunidad para salvar la vida del hijo. Es importante mencionar que Brasil es uno de entre muchos países con problemas estructurales en el sistema de salud. Esto, sin embargo, hace con que sea más urgente la formación de la conciencia de los profesionales de salud pues la buena práctica médica no debe estar pendiente de las reformas estructurales de los establecimientos y del sistema.

A nosotros católicos nos toca estar enraizados en nuestra fe, pues solo así se puede promover el ser humano, su vida y su libertad de forma racional, de acuerdo con la recta jerarquía de valores humanos que Dios nos presenta por su infinito amor y misericordia. Entre las muchas voces que hablan en nombre de estas ideologías, nuestra voz tiene que sonar como la de Cristo que dijo: «Mi doctrina no es mía sino del que me ha enviado» (Jn 7,16).

La Iglesia, que congrega a todos los cristianos, no fue enviada para hablar en nombre de sus intereses sino para hacer la voluntad de Aquél que la ha enviado. Hay que anunciar la Verdad que nos fue anunciada a nosotros para defender la vida humana y liberar los que no logran escuchar la voz de su propia conciencia. Si nuestras mujeres manifestantes desean una libertad que no les sea negada, pues nadie puede negar el anhelo que llevan en sus corazones, pero siempre cuando se trate de la verdadera libertad, la que venga a través de la vida y la verdad de Jesucristo. La libertad que nos hace más personas.

© 2015 – Leonardo Suanno Negrini para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Leonardo Suanno Negrini

Leonardo nació en la ciudad de Rio de Janeiro (Brasil). Es médico por la Universidad Federal de Rio de Janeiro; con gran interés por las ciencias exactas y biomédicas, siendo la relación entre fe y razón uno de los temas que más lo apasionan.

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