El traspaso de Neymar del Barcelona al Paris Saint German (PSG) ha levantado un gran revuelo a nivel mundial. La razón es muy sencilla: el monto impresionante de €222 millones de la cláusula de rescisión, lo que configura la transacción más cara de la historia del fútbol. Anualmente, el sueldo del jugador sería de €30 millones.

La Liga de Fútbol Profesional de España anunció que pretende pedir a la UEFA (Federación Europea de Fútbol) que investigue si la venta atenta contra las reglas del fair play económico, que son directrices que buscan que los equipos no gasten más de lo que reciben.

Pienso que lo que está en cuestión es hasta dónde debe llegar la comercialización en el deporte. Cabe preguntarse si hay algún límite o no. Hace mucho tiempo que los valores económicos manejados en el fútbol y en otros deportes profesionales son estratosféricos. Es común ver listas de los deportistas mejor pagados, de los que más tienen apego de marketing, de los más conocidos mundialmente, de los que más venden, etc.

La profesionalización del deporte de alto rendimiento me parece incluso necesaria para su desarrollo. También es cierto que las leyes de mercado están presentes e influencian las actividades profesionales. Pero cuando los valores involucrados suenan tan escandalosos para la gente, es imposible no sopesar las consecuencias de todo ello.

El deporte tiene en la sociedad actual un papel muy importante. El deporte entretiene, fomenta valores y ayuda a la comunión entre los pueblos. Y lo que hace grande la práctica deportiva es justamente su sentido más profundo. Cuando el deporte se vuelve excesivamente comercial, se termina desprendiendo de la realidad del mundo, que vive tantas carencias y desigualdades.

Los atletas pueden ser modelos de cosas muy positivas, pero también de negativas. Todo depende de algunas opciones que tomen. Cuando el deportista se convierte en un simple producto de mercado, de consumo, abdica de su fin más trascendente, que es el de ayudar a las personas a ser mejores.

No hay duda de que el fenómeno del consumismo ha entrado a fondo en el deporte. Y eso mucho antes del traspaso de Neymar. Las cifras involucradas son altísimas, las excentricidades de algunos son muy llamativas y la desconexión con la realidad de las personas comunes es frecuente. Todo eso puede ofuscar el verdadero sentido de la actividad deportiva. Y me parece que ahí reside el verdadero peligro del exceso de comercialización que viene dándose en el deporte.   

 

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