ofertaYendo a comprar al supermercado, me encontré con una disyuntiva muy sencilla, pero a la vez, muy reveladora del sistema en el que estamos acostumbrados a vivir. Poco antes de entrar al supermercado, vi una pequeña tienda que decía que el litro de aceite estaba a 1000 pesos. Y en el supermercado, media cuadra más lejos, había un gran cartel que decía “Litro de aceite en oferta, 950 pesos”. Claramente mi discernimiento fue rápido, pues iría a comprar a quien fuera más barato. Al compartirle este pensamiento a quien me acompañaba, me respondió el ya establecido adagio “negocios son negocios”.

Ciertamente elegir el producto que esté más barato no es algo malo, pues es propio del uso de nuestra libertad el elegir lo que queremos comprar y según los criterios que nosotros consideremos más importantes. Pero la afirmación “negocios son negocios” despertó en mí cierta rebeldía que me llevó a ver –detrás de mi sencilla elección—, un aspecto de nuestra cultura, (o más bien, anticultura) que está enraizado y que pocas veces percibimos.

En primer lugar considero un gran desacierto el afirmar que “los negocios son los negocios”, pues detrás de ello, se esconde una insana autonomía que separa en el ser humano todo lo relacionado con los negocios, la economía, el mercado, el dinero… con el resto de su vida. Pues lo que tenga que ver con este rubro que denominamos “negocios”, SÓLO podría moverse por las leyes de los mismos negocios, y nada tiene que ver con el resto del hombre. Y por lo tanto, cualquier otra incumbencia no tendría cabida acá: la generosidad, la caridad, la solidaridad, etc…

[pullquote]Me parece fundamental afirmar que la realidad es “una”, a pesar de las infinitas perspectivas y de la interminable riqueza que ella abarca. En ese mismo sentido, el ser humano es uno, y por lo tanto, el hombre que compra, es el mismo que reza, el mismo que come, es el mismo que ama. Y por lo tanto, TODO cuanto él haga, repercutirá en esa totalidad que es él mismo.[/pullquote]

no-gps-tracking-costing-moneyEn segundo lugar, entendiendo que los negocios me llevan a buscar “ganar todo cuanto me sea posible según las leyes de los mismos negocios” (y no estamos hablando de ilegalidad, pues eso es totalmente legal), es un sistema que si se comprende de manera autónoma, sólo resalta en el hombre el egocentrismo, donde el centro de la realidad soy yo y mi propio bienestar, y por lo tanto, el “otro” está relegado a un segundo plano; en otras palabras, el otro tiene que velar por sus negocios, pues eso no es problema mío. Ciertamente en ese “yo” que soy el centro, muchas veces están también los intereses de la familia, los amigos, los seres queridos, pero en el fondo ellos son importantes sólo porque son importantes para mí. Todo me lleva a buscar tener más, y si para ello el resto tendrá que tener menos, no es problema mío. Así son las reglas del juego.

[pullquote]Y un tercer aspecto que me parece importante es la falta de actitud crítica de los cristianos ante los juegos del mercado. Es como si existiera una máxima que dice: “si es legal, está bien”. Y si bien los cristianos debemos obedecer la ley civil, siempre y cuando ésta respete y salvaguarde la dignidad humana, lo prioritario en la vida del cristiano no es la ley civil, ni tampoco la economía: El ser cristiano está centrado en Cristo, quien es el Camino, la Verdad y la Vida, y por tanto, es el Evangelio el criterio que debe juzgar mi actuar. Si la ley civil permitiera robar, ¿sería correcto para mí? [/pullquote]

Claramente este no es el caso que pusimos al inicio, pues elegir dónde comprar un litro de aceite es algo totalmente benigno… Pero bueno, ¿los negocios son los negocios? No señor. Los negocios son una actividad del hombre, y por lo tanto, todo lo que tengan que ver con ellos, tendrá que ver también con el hombre en su totalidad.

Alguno pensará que si somos “cristianos” en los negocios, terminaremos quebrando nuestro negocio sí o sí. Yo no puedo afirmar eso, ni tampoco prometer lo contrario. Sólo puedo afirmar que nuestro destino es eterno… y por tener un poco más acá, puedo perder esa eternidad.

© 2014 – Diac. Sebastián Correa Ehlers para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

P. Sebastián Correa Ehlers

El P. Sebastián nació en Santiago de Chile en 1982. Desde muy joven se dedicó a la pintura y a la fotografía, habiendo realizado exposiciones de su trabajo en Perú y Chile. Ha publicado dos libros: "El Espíritu del Lugar. Naturaleza y arquitectura en Arequipa", estudio fotográfico sobre la arquitectura y cultura de algunos lugares del Perú; y "Suyajruna", que contiene el testimonio fotográfico y periodístico de 10 artistas populares del Perú, sobre sus orígenes, sus tradiciones, su arte y su religiosidad.
Realizó estudios de arquitectura en la Universidad de Chile, y de filosofía y teología en la facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima.
En la actualidad es capellán de la Universidad Gabriela Mistral, miembro del Consejo Directivo de la Fundación CRECE CHILE y director general del Centro de Estudios Católicos CEC.

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