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Anhelo lo perenne porque así me hizo Dios, y por otro lado estoy cansado de aquello que el viento se lleva por vano y superfluo. Y al pensar qué escribir me encuentro con unas ideas de un artículo que siempre quise poner en letras y que no había decidido concluir. Quiero hablarles y compartirles mi experiencia de Montecassino.

Cuando uno contempla Montecassino siente que le invade en el pecho un aire fresco de historia y con ello de esperanza. Son pocos los lugares en el mundo que contienen una gravedad especial. Montecassino es uno de ellos por la cantidad de personas y vivencias que a lo largo de los siglos se han depositado en sus paredes y recintos y han creado una atmósfera única. Este portento de abadía es una gigantesca tela donde se han tejido grandes historias de la humanidad. La santidad, el arte, la literatura, la ciencia, la guerra y la política han transitado por los grandes corredores de este famoso y único monasterio.

San Benito

f4a44260c71dc32a76bd3abe814a35feSanto patrono de Europa y hermano de Santa Escolástica. Nació en Nursia (Italia) en el siglo V. A corta edad fue enviado por sus padres a estudiar a una Roma decadente y corrupta. Benito huye de la inmoralidad de la urbe abandonando sus estudios para buscar una vida más interior y espiritual. Siente urgente la llamada del Señor y le responde. No se arredra.

Reconoce en su espíritu la inquietud por la soledad, la abraza y así lleva vida de ermitaño en una caverna que aún se puede visitar en Subiaco. Comienza a llamar la atención su fama de asceta y tiene sus primeros seguidores. En Subiaco llega a fundar 12 monasterios. Sin embargo, por su radicalidad y fidelidad al Evangelio los monjes se rebelan y pretenden envenenarlo.

Luego de este penoso episodio con sus amigos más cercanos se va de Subiaco y en el 529 llega a Cassino. En el monte construye la primera abadía sobre las ruinas de un derruido templo pagano. Allí en medio de la oración, el silencio y la vida en común escribe la portentosa regla que ha orientado la vida de miles y miles de monjes a lo largo de siglos y a lo ancho del mundo y que se resume en la famosa sentencia: “Ora et labora”. Una regla que es modelo de convivencia y de civilización que da a luz el espíritu de Europa. Benedicto XVI por ello afirmará que Benito y su gesta monacal son «la cuna de la espiritualidad y de la cultura europea, el lugar de nacimiento de las raíces del cristianismo europeo».

Historia de Montecassino

El famoso monte –donde se erige la hermosa abadía– al pie de Cassino queda a 130 Km. al sur este de Roma. El monasterio ha sido saqueado y destruido varias veces. En el 581, los lombardos roban el monasterio y los sarracenos lo asaltan nuevamente y lo incendian en el 884. En 1349 sufre un fuerte terremoto. En 1799 fue una vez más saqueado por las tropas de Napoleón.

Luego de la batallaEn nuestra época moderna padece los estragos de la segunda guerra mundial. Los norteamericanos sospechaban que el monasterio podría estar siendo ocupado por fuerzas alemanas. Montecassino era un punto estratégico en el camino hacia la toma de Roma. Por ello el monasterio es objeto de un terrible bombardeo en medio de la Batalla de Montecassino (1944). La artillería alemana usaba la abadía como puesto de observación. Sabiendo la Iglesia antes de tiempo de la posibilidad del ataque, trasladaron al Vaticano, para su protección, la mayoría de los manuscritos y libros de la famosísima biblioteca, como también los importantes tesoros históricos acumulados por siglos.

Montecassino se ha reconstruido varias veces a pesar de que fuerzas humanas y naturales han buscado tirar por tierra este coloso del espíritu como es la abadía con mayor influencia espiritual y cultural en el mundo a lo largo de la historia.

La época dorada de este monumento del alma y del intelecto humano aconteció entre el siglo X y el XII. En el 949 Montecassino fue reconstruida y a partir de ese momento se convierte en el centro del pensamiento en Europa. La biblioteca ha sido y es un archivo de la cultura humana. Cuando entré en ella hace unos meses simplemente fui testigo de lo que debió haber sido en su momento una biblioteca construida como si fuese un recinto sagrado. La síntesis entre fe y conocimiento es una exigencia en el espíritu de cualquier creyente y no podía ser de otra forma en la experiencia monacal. Los monjes desplegaban sus conocimientos científicos en biología, medicina, botánica, astronomía, entre otras ciencias. Siempre el monasterio ha luchado por ser un faro y centro de vida espiritual como también de estudios rigurosos.

[pullquote]Los monasterios a lo largo de siglos han sido fuentes permanentes de cultura. En los famosos scriptorium se produjeron o copiaron infinidad de manuscritos. En ellos se transcribieron obras de poesía, gramática, aritmética, geometría, historia. Se copian los clásicos –al calor de la oración– y se reparten a las periferias para que todos se nutran de la cultura humana. Por sus claustros transitaron figuras como Santa Catalina de Siena, San Felipe Neri, San Ignacio de Loyola y actualmente San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Se educaron en sus aulas muchos de los mejores hijos de Europa.[/pullquote]

En el siglo XIX la abadía sufre una época de profundas incertidumbres incluyendo la expropiación de todas las propiedades del edificio eclesial ya que en Italia fueron disueltos todos los monasterios en 1866.

Emblema de vida cristiana

Quise escribir sobre esta hermosa abadía desde que la visité. Todos hemos tenido la sensación en algún momento de estar en algún lugar tan inspirador que quisieramos vivir y morir allí. Visitar la tumba de San Benito y Santa Escolástica, conocer las primeras construcciones del monasterio a través de las excavaciones, la biblioteca, el museo, respirar el misticismo que esconde cada recoveco, caminar por sus patios y mirar el horizonte por encima de la campiña fue un aliciente para compartir algo que produjo en mí una conmoción muy profunda.

Montecassino es símbolo de las dos alas que nos permiten ascender en la contemplación de la verdad como menciona la Fides et Ratio. Allí se rezaba y se hacía cultura. Allí se forjaba la santidad en medio de los más exigentes estudios académicos. Montecassino es emblema de vida cristiana, de cómo la fe se encarna en los pueblos y se hace cultura, como la fe en Dios tiene un impacto social, un impacto más allá de lo privado y personal. Montecassino es estandarte de combate espiritual en donde la oración ocupa un lugar esencial dentro del camino hacia la Patria del cielo. En suma, Montecassino es ícono de la Iglesia que, en muchos momentos a lo largo de su historia, en medio de ataques y tormentas ha sabido salir a flote y mantener en alto su fidelidad al Evangelio y a su Señor, al Señor de la historia.

[pullquote]Benito desde un punto geográfico del mundo supo movilizar su espíritu hacia la comunión con Dios y sus hermanos y con esa fuerza, teniendo en cuenta que el tiempo de Dios es superior a cualquier espacio o fuerza humana, expandió la Iglesia a través de su Regla por el mundo entero. Por eso San Benito es padre de una gran multitud de santos y Montecassino fuente de innumerables monasterios a lo largo y ancho del planeta. Hoy que estamos avocados a la Nueva Evangelización, ante todo lo que debe animarnos es la búsqueda incesante del Señor Jesús en nuestras vidas, para así ser como San Benito, hombres y mujeres de oración y acción permanentes.[/pullquote]

El Espíritu hizo surgir y quiere que Montecassino siga siendo un faro que ilumine con su resplandor la vida de la Iglesia y de muchísimos cristianos. Benedicto XVI toma su nombre de pontificado de este gran santo y nos recuerda que “no debemos anteponer nada al amor de Cristo”

San Juan Pablo II en ocasión a su visita a Montecassino escribió lo siguiente: «Pueblos, vengan a Montecassino, vengan a meditar sobre la historia pasada y a comprender el significado verdadero de nuestro peregrinar terreno. Vengan a recuperar la paz y la serenidad, la ternura con Dios y amistad con los hombres para traer de vuelta bondad y esperanza a las frenéticas metrópolis del mundo moderno, a las angustias de tantas almas atormentadas y decepcionadas».

Yo, por lo menos, me he prometido regresar. Dios lo quiera.

© 2015 Centro de Estudios Católicos – CEC. El blog Altamar está a cargo de José Alfredo Cabrera Guerra

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La inmensidad del mar es símbolo del inconmensurable misterio del hombre y su cultura. Escribir es una manera de dialogar, proponer y provocar. Altamar es el espacio de encuentro para que cómplices de amistad caminemos juntos al encuentro de la Verdad.
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