angelsEn la actualidad escuchamos que se habla mucho de los ángeles. En la radio, en la televisión aparecen “expertos en angelología”, capaces de descifrar los misterios del mundo de los ángeles y capaces de llamarlos a todos por su nombre propio; también encontramos libros de todo tipo escritos por “gurús” del tema; y además se venden “ángeles” de oro, plata o cuarzo que se pueden adquirir según la necesidad.

Como católicos tenemos que tener cuidado. No podemos atribuirles a los ángeles poderes o capacidades que no les corresponden. Menos elevarlos a una categoría de “semidioses” o simplemente convertirlos en “amuletos” o “cábalas”. Esto es idolatría y puede conducirnos a tener una visión errada de los caminos de la Providencia divina, la acción del Espíritu Santo y la presencia de los ángeles en nuestra vida cotidiana.

Lejos de minusvalorar la presencia de los ángeles, la Iglesia siempre ha reconocido su existencia y ha buscado explicar, en la medida que el lenguaje lo permite, su relación con Dios y con cada uno de nosotros. Nos dice el Catecismo que los ángeles son seres espirituales creados por la Trinidad, y su misión es la de ser servidores y mensajeros de Dios del cual contemplan su rostro, estando siempre a sus órdenes y atentos a la voz de su Palabra. Por este motivo los ángeles participan activamente en la vida de la Iglesia especialmente en la liturgia y concretamente custodiando e intercediendo por cada persona desde el comienzo de nuestra vida hasta que Dios nos llame a su presencia. (ver Catecismo 328-336).

Es tal la importancia de los ángeles en la vida de la Iglesia que en el Calendario Litúrgico encontramos dos festividades para que, al menos dos días del año, nos acordemos de los arcángeles y de los ángeles custodios. Hoy 29 de septiembre celebramos la fiesta de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.

Los arcángeles son una categoría superior dentro de la jerarquía de los ángeles. No tenemos abundantes escritos acerca de ello, pero el testimonio de la Tradición y la Escritura nos arrojan luces suficientes para comprender su identidad y misión.

Sobre el arcángel Miguel, nos dice la tradición de la Iglesia, que dirige el “ejército de Dios” en la batalla que mantiene contra Satanás y demás demonios protegiendo a la Iglesia peregrina en su camino a la Casa del Padre. El nombre de Miguel significa “quien como Dios”. Gabriel significa “Dios es fuerte”, “Fortaleza de Dios”. Aparece, en la Sagrada Escritura, como el mensajero de Dios para cumplir misiones especiales y como portador de buenas noticias. Anunció a Zacarías el nacimiento de Juan el Bautista, y a la Virgen María la Encarnación del Hijo de Dios. Finalmente, Rafael quiere decir “medicina de Dios”, se le considera patrono de los viajeros (acompañó a Tobías en su viaje) y de los médicos.

¿Cómo relacionarnos con los arcángeles?

Ante todo con respeto y conociendo su lugar en la creación y su misión en la Iglesia. Pero este respeto no quiere decir lejanía. Para que nuestra relación con los arcángeles sea eficaz debemos hablar con ellos, hacerles llegar nuestras necesidades, pedirles su intercesión, tratarlos con confianza como amigos que quieren lo mejor para nosotros.

¿Qué nos enseñan los arcángeles?

[pullquote]En primer lugar nos hablan de la Misericordia de Dios que ha querido poner a nuestro lado poderosos aliados que nos protegen, nos defienden físicamente y nos fortalecen al combatir las fuerzas del mal. Los arcángeles, por otro lado, nos enseñan a dar gloria al Señor, a proclamar su santidad y a adorarlo de manera continua esforzándonos por ser obedientes al Plan de Dios con prontitud y diligencia. Finalmente, nos enseñan a proclamar las maravillas de Dios, la Buena Nueva. Este es el principal servicio que podemos hacer al prójimo: salir de nosotros mismos para llevar la alegría del Evangelio a todos los hombres.[/pullquote]

Quisiera terminar con una oración muy antigua, que en varios lugares se sigue rezando, de manera particular después de cada Eucaristía, para pedir la intercesión del arcángel San Miguel.

San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tu príncipe de la milicia celestial
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén.

© 2015 – Mijailo Bokan Garay para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Mijailo Bokan Garay

Mijailo nació en el Perú en 1982. Es teólogo, graduado de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Actualmente es Director de Investigación del Centro de Estudios Católicos (CEC) y Encargado de Estudios del Centro de Formación Nuestra Señora de Guadalupe.

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