¿Quién soy yo? Esta es una de las preguntas fundamentales de la persona. De la hondura y consistencia de la respuesta a esta pregunta dependerá la realización personal y el cumplimiento de su misión.

Existen ciertas reducciones en torno a la comprensión de nuestra propia identidad. En el mundo empresarial existe el riesgo de poner toda la valoración personal en el cumplimiento de metas y proyectos, o en la eficacia de estos. Es tal el peso que la persona le da a sus logros y realizaciones, que si fracasa o falla en algún proyecto o trabajo, toda su valoración personal se ve afectada, como si su valor dependiese exclusivamente de su capacidad de lograr resultados.

Algunas manifestaciones que ayudan a identificar este tipo de distorsión podrían sintetizarse en las siguientes preguntas: ¿te crees indispensable en lo que realizas? ¿temes demasiado a la experiencia del fracaso? ¿Crees que el valor de tu vida depende del éxito que consigas? ¿Tu valor como persona depende de los cargos que desempeñas?

La forma como nos entendemos a nosotros mismos influye en la manera de relacionarnos con los demás y de desplegarnos en nuestro entorno. Si el líder de una organización valora simplemente la eficacia o productividad podría descalificar a las personas como “incompetentes” si no cumplen con sus parámetros y reducir la relación con sus trabajadores solamente en función de metas cumplidas, sin tomar en cuenta otros factores relevantes que podrían llevar a la persona a desempeñarse erradamente. La preocupación por la persona debe preceder la obtención de los resultados.

Es necesario tener una correcta aproximación a nuestra realidad entendiendo que nuestro valor no radica simplemente en nuestra capacidad de producir o hacer, sino en lo que realmente somos como personas. Nuestras acciones deben brotar de nuestra interioridad, de la dimensión espiritual, que le da sustento y valor a lo que hacemos. Tengamos una mirada profunda y reverente ante el misterio de nuestra propia identidad y la de los demás, y de esa forma podremos enmarcar nuestro accionar dentro de una recta jerarquía y en la orientación correcta, siendo coherentes con nuestras opciones fundamentales.

© 2016 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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