Militia fighters in Aleppo SyriaEn los últimos meses, el mundo es testigo de una ola terrorista desatada en Oriente Medio, impulsada por el grupo de “yihadistas”, que, buscando instaurar un nuevo “califato”, no tiene reparos en matar, violar y torturar minorías religiosas en varias ciudades árabes. Los cristianos son los más afectados por esta barbarie. Son obligados a abandonar sus hogares, dejando todas sus pertenencias, pagar impuestos, o convertirse al Islam. Caso contrario, estos mercenarios no titubean en matar de las maneras más atroces todos aquellos que no están dispuestos a acatar sus demandas. Abajo están apenas un par de los innumerables enlaces que comentan la situación espeluznante que vemos en estos días:

http://www.infobae.com/2014/08/08/1586241-masacre-cristianos-irak-los-yihadistas-decapitan-los-ninos

http://www.soychile.cl/Santiago/Internacional/2014/08/08/267149/Denuncian-una-masacre-contra-cristianos-en-Irak-a-manos-de-los-yihadistas-decapitan-a-los-ninos.aspx

Estados Unidos y otros países ya empezaron a enviar tropas y ayuda militar para frenar el avance del grupo terrorista de los “yihadistas”. Parece que la única manera de frenar este genocidio es por medio del uso de fuerza bélica ((http://www.americatv.com.pe/noticias/internacionales/estados-unidos-vuelve-irak-ataques-contra-grupo-yihadista-estado-islamico-n148405))

El Santo Padre Francisco, en el vuelo de regreso de su última visita pastoral a Corea del Sur, concedió una entrevista, en la que considera justa una defensa ante un “agresor injusto” en Irak ((http://www.aciprensa.com/noticias/el-papa-francisco-apoya-accion-internacional-para-detener-agresor-injusto-en-irak-77363/#.U_NlEfldXZ9)).

Ese panorama desolador nos muestra cristianos que son testimonios vivos de una opción explícita por Jesucristo. Cómo no dejarse cuestionar por el ejemplo de estos hijos de la Iglesia, que defendiendo su fe, llegan al punto de ofrecer sus vidas por no renunciar a la fe católica. Son mártires de nuestros días, que nos muestran que vale la pena entregar sus vidas como lo hizo el Señor por nosotros en la Cruz. Muchos de estos mártires mueren de la misma manera que nuestro Señor. Colgados en cruces, semillas de sangre para la edificación santa de nuestra Iglesia. Este ejemplo debe hacernos asumir nuestro compromiso cristiano de una manera mucho más comprometida. Debe hacernos madurar nuestra fe, y no tener miedo de proclamar la Buena Nueva con radicalidad.

El Señor no nos abandona

Como buenos cristianos, no podemos quedarnos apenas en la profunda pena que nos causa las noticias que recibimos a diario de los distintos medios de comunicación. Debemos tener una aproximación sobrenatural hacia estos hechos. Cristo, en el recorrido de su vida entre nosotros, ya nos decía cómo el seguirlo nos traería sufrimiento. Sabemos todos que no hay cristianismo sin cruz: lo que viven nuestros hermanos en Oriente Medio, es un testimonio vivo de lo que implica ese crucificarse con Cristo. Son otro Cristo. (Gal 2,20)

[pullquote]El que opta por seguir a Cristo necesariamente sufrirá persecuciones. Pues somos personas que “nadamos contra corriente”. La cultura en la que vivimos está llena de ideas, corrientes de pensamiento, “valores”, que son opuestos a la postura cristiana. En Irak, aquellos que son cristianos son asesinados. En nuestros países occidentales, somos vistos como personas que se oponen al “desarrollo” cultural. Que no permiten que se viva la “libertad”. Dicen que juzgamos de manera intolerante, con las verdades dogmáticas de la Iglesia, a aquellos que no quieren seguir a Cristo. Por ello, hacen todo lo posible para relativizar las verdades del Evangelio. Para desprestigiar a la Iglesia (Fil 3,18).[/pullquote]

El que quiera vivir como cristiano padecerá persecuciones en nombre de Cristo. Vivirá tribulaciones, si es que quiere entrar en el Reino de los Cielos. Justamente, porque sabemos cuál es nuestro horizonte de eternidad, estamos dispuestos a asumir la cruz, con gozo y alegría (Rom 5,3). Jesús llega al punto de llamar dichosos a aquellos que son perseguidos por causa de su Nombre (Mt 5,11; 1Pe 4,13-16). Para seguir a Cristo, hay que cargar la cruz. La calidad de nuestra fe es puesta a prueba por los distintos sufrimientos (Stgo 1,2-3).

Son alegres aquellos que se configuran con Cristo crucificado. Dichosos somos cuando nos persiguen por causa de Cristo. Si morimos con Él, también seremos glorificados junto con Él (2Tim 2,11). San Pablo nos dice que completamos en la carne lo que falta de tribulaciones a favor del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia (Col 1,24). Así, por medio de nosotros, se manifiesta el mismo Señor Jesús (2Cor 4,10-11). Gracias a nuestro testimonio, muchos podrán encontrarse con Cristo. De manera especial, los mártires en Oriente Medio son un testimonio vivo de que vale la pena morir por el Evangelio. Morir es una ganancia para aquellos que confían en Cristo.

En esa lucha contra el mal, obviamente, sentimos nuestra debilidad, nuestra fragilidad, y nos sentimos impotentes ante tanta maldad. Pero ánimo, puesto que es en esa debilidad que se manifiesta toda la fuerza de la gracia de Dios (2Cor 12,9). No olvidemos que los padecimientos sufridos en esta vida presente no son nada comparados a la Gloria de la Eternidad (Mt 5,12; Hch 14,22).

Finalmente, no tengamos miedo de ser testigos radicales de nuestro Señor Jesucristo. Salgamos sin miedo a proclamar la Buena Nueva del Evangelio. No es el mundo el que nos juzga; es el Señor, con su Verdad, quien debe juzgar el mundo. Mostrando la mentira y el engaño en el que viven millones de personas. Tenemos una enorme responsabilidad. La responsabilidad de secundar a María en la Misión de ganar cada vez más personas para el Señor. ¡Cuántas personas están hambrientas de felicidad, de una vida que tenga un verdadero sentido! Nosotros, hijos de la Iglesia, tenemos la inmensa bendición de ser portadores de la Verdad.

© 2014 – Pablo Augusto Perazzo para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Pablo Augusto Perazzo

Pablo nació en Sao Paulo (Brasil), en el año 1976. Vive en el Perú desde 1995. Es licenciado en filosofía y Magister en educación. Actualmente dicta clases de filosofía en el Seminario Arquidiocesano de Piura.
Regularmente escribe artículos de opinión y es colaborador del periódico “El Tiempo” de Piura y de la revista "Vive" de Ecuador. Ha publicado en agosto de 2016 el libro llamado: “Yo también quiero ser feliz”, de la editorial Columba.

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