futbol

Es un lugar común decir que el Mundial de Fútbol suscita pasiones nacionales. Tanto para los que van a participar como los que se quedaron en el camino. El Nobel de literatura peruano Vargas Llosa dijo hace unas décadas que más que con los pies los goles se meten con el corazón. ¡Y es verdad!

Yo soy un apasionado del fútbol y lo he sido desde mi tierna infancia. Tengo fotos de recién nacido con una bandera del equipo del cual mi padre se preocupó que fuera hincha desde mis primeros días. Fui con él al estadio casi siempre a ver a nuestro equipo, como también a la selección de mi país. Me gustan mucho los deportes pero el fútbol se lleva la corona.

¿Por qué apasiona tanto el fútbol? ¿Por qué la cita mundialista en Brasil practicamente “paraliza” el mundo? ¿Será que buscamos algo más allá que ganar una copa? ¿Es solamente un juego o en este caso se quiere algo mucho más que eso? Basta observar los comerciales publicitarios del mundial de algunos de los países para darnos cuenta que muchos cifran en el fútbol esperanzas de gloria, eternidad, heroísmo, hazaña y sacrificio.

El ser humano de siempre es una persona de anhelos, quiere siempre lo más grande, lo perenne, lo que no se acaba, quiere la eterna gloria. El fútbol es un juego pero refleja la vida. Es un escenario en donde se plasman los deseos más bellos del pueblo. El hombre traslada a las contiendas futboleras sus búsquedas más profundas y auténticas.

¿En qué momento se convierte valioso el juego? Cuando el juego -en este caso el fútbol- enaltece y dignifica la humanidad y el deporte enseña para la vida. Nos encontramos ante el acontecimiento deportivo más importante del planeta porque el fútbol se ha convertido en un fenómeno cultural que es genuinamente humano. Muchos jugando o viendo jugar se sienten representados y motivados para seguir luchando en el camino de la vida, para seguir enfrentando dificultades, para poder llegar a la meta incluso cuando las cosas se hacen más difíciles. Todos quieren ser campeones del mundo pero pareciera que la gesta, mientras más difícil y heroica, será mejor, más celebrada y recordada.

El fútbol es arte y técnica. Es intuición y discurso. Es disciplina y espontaneidad. Es individualidad y trabajo en equipo. Se construye juntos en torno a un objetivo, a un ideal. Se sabe que hay reglas, hay un código (fair play), hay un honor que cuidar y transmitir. Sin estas cosas no hay deporte, sería anarquía pura.

[pullquote]Estamos pues ante un acontecimiento de carácter universal que en palabras de Benedicto XVI es una expresión cultural fascinante. Es diversión y juego pero también es vida. Porta una riqueza que rectamente orientada podría elevar a la humanidad a valores profundos. Vayamos más allá del entretenimiento -que de por sí es importante- y ofrezcamos a la sociedad a través de esta competencia mundialista una forma de entender la vida que nos enaltezca hacia la real eternidad.[/pullquote]

Muchas veces cuando uno va al estadio o está en un lugar público viendo un partido y tu equipo mete un gol corres a abrazarte con cualquier desconocido y lloras de alegría con él. El fútbol y en general cualquier deporte bien entendido tiene la energía para unir, para generar amistad y fortalecer relaciones. Que el Mundial sea una ocasión para que nuestro planeta sea mejor, para que las familias se unan, para que en general se estrechen los lazos de fraternidad.

Y bueno, tengo mis preferencias, que gane el mejor, pero ojalá que sea de Sudamérica, que al no estar el Perú, es mi Patria Grande.

© 2014 – José Alfredo Cabrera Guerra para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

José Alfredo Cabrera Guerra

José Alfredo nació en junio de 1967 en Lima (Perú). Es licenciado en Psicología en la Universidad Católica del Norte en Colombia como también Licenciado en Filosofía y Ciencias Religiosas de la Universidad Católica de Oriente también en Colombia.
Es Coordinador de Formación y Coaching de la Escuela de Negocios Humane en Guayaquil (Ecuador). Realiza psicoterapia en el PIAC (Psicoterapia Integral y Análisis Conductual). Es Director Regional en Ecuador del Centro de Estudios Católicos CEC.

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