En 1995 san Juan Pablo II, en su carta dirigida a las mujeres, expresaba lamentándose que «por desgracia somos herederos de una historia de enormes condicionamientos que, en todos los tiempos y en cada lugar, han hecho difícil el camino de la mujer, despreciada en su dignidad, olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitud» (Juan Pablo II, 1995). Por otro lado, esta herencia histórica contrasta fuertemente con la aproximación moderna (o post-moderna) actual respecto de la mujer. El actual siglo XXI está inmerso en un contexto cultural en el cual su protagonismo, disfrazado de progresismo, también parece estar atentando nuevamente contra su verdadera dignidad, aquella basada en una feminidad que es «inmutable y no pierde vigencia» ((Ver Mulieris Dignitatem, 30)).

El Cardenal de Lima Juan Luis Cipriani denunciaba esta realidad destacando que «estamos en medio de un mundo que dice proteger a la mujer, cuando en realidad la está atacando más que nunca» (Cipriani J 2016). Las nuevas ideologías parecen promover el olvido de la feminidad igualándola a la masculinidad. Es lo que, según el Cardenal, promueve la ideología de género. Esto es, quizás, a lo que se refería el Papa Francisco cuando dijo que temía «la solución del machismo con faldas, porque la mujer tiene una estructura diferente del varón» (Francisco 2013).

Se está, entonces, en un contexto de bisagra histórica donde pareciera que ubicar el justo medio o la recta mirada a la mujer es cada vez más complicado.

[pullquote]Ante esta situación María, la madre de Jesús, ayuda a entender la dignidad y el rol de la mujer. Esta es la idea que se trata de sustentar en este ensayo a la luz de las enseñanzas del Santo Padre polonés y el testimonio de tres mujeres que viven una intensa piedad filial mariana y trabajan insertas en el mundo.[/pullquote]

María promueve la libertad y la participación activa de la mujer

Sobre este asunto de la libertad de la mujer y su rol activo, dice el entonces Pontífice que «en algunos casos, la Virgen de Nazaret ha sido presentada como el símbolo de la personalidad femenina encerrada en un horizonte doméstico restringido y estrecho» (Juan Pablo II 1995), justamente, esa mentalidad reduccionista, es lo que las feministas critican. «Para Aristóteles –quien influyó notablemente en la cultura occidental–, la mujer era inferior e incompleta por naturaleza, tenía la misma categoría social que un esclavo, y su principal virtud era estar callada. Su finalidad era reproducirse y cuidar a su marido» (Barba M 2016) es lo que dice Montserrat Barba, periodista y “agente de igualdad de género” ((Título concedido por la Generalitat de Catalunya, sistema institucional en el que se organiza políticamente la comunidad independiente de Cataluña.)). Pero a esto responde el santo: «por el contrario, María constituye el modelo del pleno desarrollo de la vocación de la mujer, al haber ejercido, a pesar de los límites objetivos impuestos por su condición social, una influencia inmensa en el destino de la humanidad y en la transformación de la sociedad» (Juan Pablo II 1995). Pues María no solo fue la Madre de Dios ((Ver Lumen Gentium, 15)), sino que estuvo presente en la comunidad primitiva (Hch 1,14) y ha tenido gran influencia a lo largo de toda la historia de la Iglesia; esto lo atestigua el arte sacro que ha acompañado todas las épocas ((Desde los antiguos íconos que comienzan desde el siglo I, pasando por las pinturas de Simone Martini, Piero di Cosimo, Dominico Ghirlandaio, Hans Holbein, Bartolomé Estebán Murillo, Fracesco TravisaniFrancesco Vanni, Pompeo Batoni, hasta Salvador Dalí, todos artistas de distintas épocas de la historia occidental.)). Señala también que «el don singular que Dios hizo a la Madre del Señor no sólo testimonia lo que podríamos llamar el respeto de Dios por la mujer; también manifiesta la consideración profunda que hay en los designios divinos por su papel insustituible en la historia de la humanidad» (Juan Pablo II 1995).

Esta realidad también se puede evidenciar en la experiencia existencial de las mujeres que viven una espiritualidad mariana. María Josefina Cañas, psicóloga, miembro de la Asociación de María Inmaculada (AMI) dice que en cuanto a su feminidad se imagina a María «como una mujer muy bondadosa, dulce y muy fuerte. En muchas circunstancias en las que nos toca a las mujeres ser fuerte o llevar la esperanza a nuestros hogares, me la imagino a ella así, como cuando estaba parada en la cruz. Obviamente dolida, emocionada y sensible, pero no salía corriendo» (Cañas M 2016). Ésta comprensión de la Madre de Jesús, se opone claramente a una visión débil, o casera de la mujer y es justamente a lo que se refiere Juan Pablo II al decir que «en María Dios suscitó una personalidad femenina que supera en gran medida la condición ordinaria de la mujer» (Juan Pablo II 1995).

San Lucas relata que luego de que el ángel Gabriel le anunciara a la Madre del Emmanuel la concepción virginal, María “se levantó y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá” (Lc 1,39) estos son más o menos unos cinco o seis días caminando con un niño en su vientre ((La ciudad de Judá era lo que hoy tiene en nombre de Ain Karim, ubicada a 6 kilómetros de Jerusalén.)).

[pullquote]Por otro lado, el Papa explica cómo la Joven de Nazaret es un ejemplo claro de máxima libertad. En efecto, el ángel enviado por el mismísimo Dios, esperó la respuesta libre de la santa Mujer ante la misión de ser madre. “El ángel -comenta el entonces obispo de Roma- comunica a la Virgen de Nazaret su plan de salvación, para que pueda cooperar con Él de modo consciente y libre, dando su propio consentimiento generoso” (Juan Pablo II 1995). De este modo, podemos evidenciar que la doctrina mariana promovida por la Iglesia, lejos de incentivar una idea vana o desigual de la mujer, coloca al género femenino en un grado de dignidad y participación elevadísimos.[/pullquote]

María promueve la feminidad bien entendida

María José Alegría, estudiante de publicidad de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), señala en una entrevista que la relación de María «con Jesús, es una relación de mujer a hombre que se puede extrapolar a cualquier relación…no me imagino que María haya sido despreocupada de cómo se veía o que haya sido tonta…para mí, ser mujer también significa cómo me veo y cómo me expreso» (Alegría M 2016). Reafirmar la vocación femenina de la mujer, no significa “desigualdad social”, pero sí significa diferencia. María enseña que la feminidad es un regalo para la humanidad toda. Explicaba el Santo de Polonia que «algunas corrientes del movimiento feminista, con el propósito de favorecer la emancipación de la mujer, han tratado de asimilarla en todo al hombre», y luego añade «aunque Dios quiere que la mujer sea igual al hombre por su dignidad y valor, al mismo tiempo afirma con claridad su diversidad y carácter específico» (Juan Pablo II 1995). Porque buscar que sean idénticos sería tirar a la basura aquello específico que tiene que la hace un verdadero don. La Revelación atestigua que al ver al “hombre” solo, Dios creó a Eva (Gn 2, 18-23), esto revela tanto la diferencia, como el don en sí mismo que porta ser mujer.

Anne Marie Oliger, profesora y supernumeraria del Opus Dei, afirma que «lo que siento hoy día es que la feminidad entendida desde un punto de vista cristiano está muy bombardeada: El rol de la mujer desde un punto femenino dentro de la casa, preocuparme de los hijos, del marido, preocuparme en verdad como Madre….María estuvo preocupada de Jesús, de San José y uno se imagina que las preocupaciones de sus cosas tuvo mucho que ver con los detalles del hogar, ella me devuelve al centro de lo que debiese hacer una mujer dentro de la familia», y luego añade: «es una imagen demasiado amorosa y la siento como una mamá mía…tener una mamá que tú digas es mi mamá, es mi mamá del cielo, es un acompañamiento importante en mi vida. …a ella le pido muchas cosas». Se puede apreciar con claridad, cómo el ejemplo penetrante de la Madre del Salvador influye en la visión de la feminidad que el testimonio de ambas mujeres expresa. Dentro de esta imagen, la maternidad cumple un rol fundamental. «La figura de María –explica el entonces Papa– recuerda a las mujeres de hoy el valor de la maternidad. En algunos casos, la necesidad del trabajo femenino para proveer a las exigencias cada vez mayores de la familia, y un concepto equivocado de la libertad, que ve en el cuidado de los hijos un obstáculo de autonomía y a las posibilidades de afirmación de la mujer…en María podemos comprender el verdadero significado de la maternidad, que alcanza su dimensión más alta en el plan divino de salvación. Gracias a ella, el hecho de ser madre constituye una respuesta de fe a la vocación propia de la mujer» (Juan Pablo II 1995).

Por último, san Juan Pablo II explica cómo María hace recordar que «el desarrollo de la personalidad femenina requiere el compromiso a favor de la caridad. La mujer, más sensible ante los valores del corazón, muestra una alta capacidad de entrega personal» (Juan Pablo II 1995). Al igual que el hombre, tiene inscrita una vocación a vivir el amor, y esto es fundamental para responder a su vocación femenina. «A cuantos en nuestra época proponen modelos egoístas para la afirmación de la personalidad femenina, la figura luminosa y santa de la Madre del Señor les muestra que sólo a través de la entrega y del olvido de sí por los demás se puede lograr la realización auténtica del proyecto divino sobre la propia vida» (Juan Pablo II 1995).

En conclusión, El Papa Juan Pablo II y el testimonio de estas tres mujeres, nos recuerdan la importancia que cumple el rol de la mujer en la sociedad. Sobre todo en medio de un mundo donde hay tantas miradas reduccionistas y donde abunda tanto la falta de identidad. Comprender lo que la Revelación nos dice acerca de las mujeres a través de la Virgen María, permite que podamos resolver en gran medida estos problemas de identidad. Sin embargo, es necesario que sea la misma mujer quien encarne esta vocación y pueda así testimoniar el amor de Dios y la Verdad del mensaje cristiano.

[pullquote]Por eso se hace más importante pedir la intercesión de María e imitar su testimonio, para que la mujer brille más y más en su rol social y apostólico.[/pullquote]

Vale la pena terminar con las palabras que el Santo Wojtyła escribe a las mujeres: «Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas» (Juan Pablo II 1995).

Bibliografía

Alegría M.J, entrevista vía skype 6 de septiembre 2016.

Barba M, http://feminismo.about.com/od/conceptos/fl/iquestQueacute-es-el-patriarcado.htm.

Belán K, The Virgin in Art, Edición Barnes and Noble Books, 2005.

Cañas M.J, entrevista vía mail, 6 de septiembre 2016.

Cipriani J.L., https://www.aciprensa.com/noticias/virgen-del-carmen-estan-atacando-mas-que-nunca-a-la-mujer-denuncia-cardenal-78246/

Francisco, entrevista de Antonio Spadaro, 19 de agosto 2013, ciudad del Vaticano.

Juan Pablo II, Catequesis 29 de noviembre de 1995, Ciudad del Vaticano.

Juan Pablo II, Catequesis 6 de diciembre de 1995, Ciudad del Vaticano.

Juan Pablo II, Carta a las Mujeres 29 de junio 1995, Ciudad del Vaticano.

Juan Pablo II, Mulieris Dignitatem 30, 15 de agosto 1988, ciudad del Vaticano.

Marin R.A, La Virgen María, Segunda Edición Biblioteca de Autores Cristianos, 1996, pág 11.

Oliger A.M, entrevista vía skype 6 de septiembre 2016.

Pablo VI, Lumen Gentium 15, 16 de noviembre 1964.

© 2016 – Julio Cañas Oliger para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Julio Cañas Oliger

Julio es chileno y cantautor. Es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana. Actualmente reside en el Centro de Formación Nuestra Señora de Guadalupe (Perú).

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