rublev_trinityLa Santísima Trinidad es una verdad de fe de suma importancia, tanto que llega a ser calificada como “fuente de todos los otros misterios de la fe”. Todas las obras de Dios son realizadas en la unidad de la tres divinas Personas, pero de todas sus obras María ocupa un lugar eminente.

La historia de la salvación, obra de la Santísima Trinidad

Un punto de partida de este trabajo es definir en qué consiste la historia de la salvación; para esto resulta iluminador acudir al Directorio Catequístico General, el cual señala que «La historia de la salvación es lo mismo que la historia de los medios y modos cómo Dios uno y verdadero: Padre, Hijo, Espíritu Santo, se revela a los hombres, a quienes, apartados del pecado, reconcilia y une consigo» ((Directorio Catequístico General, 47)).

Lo siguiente es el concepto de economía divina -muy cercano al de historia de la salvación-. Economía puede ser definida como «administración eficaz y razonable de los bienes» ((Diccionario de la lengua española (DRAE), 22ª edición, 2001. Viene del griego οἰκονομία: οἰκος que significa casa y νομος que significa ley.)), y así la economía divina vendría a ser la manera en que Dios Único y Omnipotente realiza acciones sobre su obra. En este sentido ha de resaltarse que «toda la economía divina es la obra común de las tres Personas divinas. Porque la Trinidad, del mismo modo que tiene una sola y misma naturaleza, así también tiene una sola y misma operación» ((Las citas del Catecismo de la Iglesia Católica han sido tomadas del capítulo primero: Creo en Dios Padre. Específicamente el párrafo 2 del artículo 1 que da una breve explicación en relación al misterio de la Santísima Trinidad.)).

El designio benevolente de Dios Amor -su obra- es la voluntad de comunicar libremente la gloria de su vida bienaventurada. Este designio amoroso «se despliega en la obra de la creación, en toda la historia de la salvación después de la caída, en las misiones del Hijo y del Espíritu, cuya prolongación es la misión de la Iglesia» y de ella como un eminente miembro resalta la Santísima Virgen María. Así la obra de Dios se plasma en la creación, pero lo hace de manera definitiva con la nueva creación en Cristo, por quien y para quien lo hizo todo. El Catecismo profundiza sobre este «designio benevolente» (Ef 1,9) señalando «que concibió antes de la creación del mundo en su Hijo amado, “predestinándonos a la adopción filial en Él” (Ef 1,4-5), es decir, “a reproducir la imagen de su Hijo” (Rm 8,29) gracias al “Espíritu de adopción filial” (Rm 8,15). Este designio es una “gracia dada antes de todos los siglos” (2Tm 1,9-10), nacido inmediatamente del amor trinitario».

Así, para hablar de la historia de la salvación es necesario hablar del misterio central de la fe: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. «El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la “jerarquía de las verdades de fe” (DCG 43)».

La Santísima Virgen y el Espíritu Santo

18305.pDespués de esta breve fundamentación, podemos adentrarnos y profundizar sobre el lugar de María en la historia de la salvación. Para esto será fundamental tener una mirada clara sobre lo que ha hecho Dios en la doncella de Nazaret en primer lugar, para luego destacar como ella es dinámica cooperadora en la obra Trinitaria. Siendo Dios comunión de Personas, es de resaltar que «cada Persona divina realiza la obra común según su propiedad personal». Así Santa María coopera en la obra de Dios, pero siendo un acto personal, lo hace según la propiedad personal de cada una de las divinas Personas.

Ahora, «son, sobre todo, las misiones divinas de la Encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo las que manifiestan las propiedades de las personas divinas». Sobre la participación de María en la obra Redentora de Jesucristo podría hacerse un trabajo entero, pero aquí solo se busca destacar escasos aspectos; análogamente sobre el lugar de María en la acción santificadora del Espíritu de Dios, en especial en relación con la palabra de los Profetas y en la acción evangelizadora de la Iglesia, baste aquí con ofrecer un poco más de detalle en la exposición de algunos aspectos de la relación de María con la Persona y la obra de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

En el esfuerzo por hablar del lugar de Santa María en la obra Trinitaria la Exhortación Apostólica Marialis Cultus es una verdadera perla. En unos breves y a la vez muy profundos numerales, el Papa Pablo VI busca dar un «adecuado relieve a uno de los contenidos esenciales de la fe: la Persona y la obra del Espíritu Santo» ((Recomiendo mucho leer este admirable documento en su totalidad; su valor es muy actual. Para el presente trabajo he tomado especialmente los numerales del 25 al 28.)).

Para hablar de la piedad filial mariana destaca que el «el culto cristiano es por su naturaleza culto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo» y que «en esta perspectiva se extiende legítimamente, aunque de modo esencialmente diverso, en primer lugar y de modo singular a la Madre del Señor y después a los Santos, en quienes, la Iglesia proclama el Misterio Pascual, porque ellos han sufrido con Cristo y con El han sido glorificados». El Santo Padre aclara de esa manera la legitimidad de hablar sobre el culto a la Virgen.

Volviendo al enfoque de este apartado, el Papa Montini aclara que «la reflexión teológica y la Liturgia han subrayado, en efecto, cómo la intervención santificadora del Espíritu en la Virgen de Nazaret ha sido un momento culminante de su acción en la historia de la salvación». De esta manera queda evidenciado que María no solo es partícipe de la historia de la salvación, sino que en Ella la acción de la Santísima Trinidad ((Si bien la Encarnación se atribuye al Espíritu Santo, es claro el numeral 258 del Catecismo en afirmar que «la Trinidad, del mismo modo que tiene una sola y misma naturaleza, así también tiene una sola y misma operación»)) alcanza un culmen que manifestará su plenitud cuando Cristo vuelva inmortal y glorioso, Dios y -por el “Sí” de María- Hombre a la vez.

Esto queda expresado de manera plástica en la disposición de las partes arquitectónicas y de los elementos iconográficos en los edificios de culto del Rito Bizantino. «En la puerta central de la iconostasis está figurada la Anunciación de María en el ábside de la representación de la “Theotokos” gloriosa con el fin de que aparezca manifiesto cómo a partir del “fiat” de la humilde Esclava del Señor, la humanidad comienza su retorno a Dios y cómo en la gloria de la “Toda Hermosa” descubre la meta de su camino».

María cooperadora de la obra Trinitaria en la vida de sus hijos

Un antiguo himno de la tradición oriental canta a la Virgen Madre:

«Salve, tú guía al eterno consejo;

Salve, tú prenda de arcano misterio.

Salve, milagro primero de Cristo;

Salve, compendio de todos sus dogmas» ((Akáthistos, Apostolado del Rosario en Familia, p.9)).

María ocupa un lugar eminente en la obra de salvación; ella con justa razón puede ser alabada como el “milagro primero de Cristo” –y en un sentido de la Santísima Trinidad en su acción unitaria–. San Juan Pablo II al hablar del himno antes citado señala que «es un cántico totalmente centrado en Cristo, a quien se contempla a la luz de su Madre Virgen» ((S.S. Juan Pablo II, homilía en la celebración del himno Akáthistos en Santa María la Mayor, 8/12/2000.)).

El presente trabajo busca ser un pequeño aporte, en continuidad con las voces de la Iglesia –que de modo peculiar en su oración– proclaman las grandezas de María. Si al terminar de revisar este trabajo el lector –aunque de forma brevísima– ha «recorrido las etapas de su existencia y alabado los prodigios que el Todopoderoso realizó en ella: su concepción virginal, inicio y principio de la nueva creación, su maternidad divina, y su participación en la misión de su Hijo, especialmente en los momentos de su pasión, muerte y resurrección», si es así, el presente trabajo habrá cumplido su cometido.

© 2014 – Cankin Ma para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Cankin Ma Lam

Cankin nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en 1991. En la actualidad reside en São Paulo (Brasil). Realizó estudios de economía, y actualmente estudia la carrera de Teología en el Instituto São Boaventura.

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