marcha1Este sábado, 22 de marzo, se realizará en Lima la Gran Marcha por la Vida, cuyo objetivo es ayudar a tomar conciencia de los peligros que la transnacional y millonaria industria del aborto quiere introducir en nuestro país y que, a pesar de sus enormes esfuerzos e inversión, ha recibido el rechazo mayoritario de los peruanos.

El año pasado, la marcha reunió a más de 100.000 participantes entre ciudadanos que asistieron con sus familias completas, artistas, políticos, académicos y demás personalidades que salieron a manifestarse en favor de la vida del niño por nacer y la integridad de las mujeres que, en situaciones muchas veces extremas, se ven empujadas a sufrir otra violencia, aquella que se aplica en un aborto.

En un aborto, el ser por nacer es destruido físicamente y la mujer que aborta sufre una violencia que no solo marca su cuerpo sino también su mente y su espíritu. Los únicos que ganan, en contante y sonante, son los promotores de esta industria que ha prosperado en muchas partes del mundo. En Europa, por ejemplo, lo ha hecho de tal manera que sus poblaciones han comenzado a preocuparse por la escasez de nacimientos. En Estados Unidos se ha llegado a tal extremo que el aborto se puede practicar hasta el momento antes de nacer, en lo que se llama aborto por nacimiento parcial (búsquelo en Internet).

Como he escrito en artículos anteriores, fue en Estados Unidos donde se dio el primer paso importante para la legalización del aborto alrededor del mundo. El Caso Roe versus Wade (1973) empezó con un embarazo fruto de una supuesta violación que, después lo confesó la protagonista Norma McCorvey (quien durante el juicio usó el seudónimo Jane Roe), lo había inventado porque así se lo aconsejaron las abogadas que llevaron la causa. Así como empezó en Estados Unidos, lo que algunos reclaman hoy en el Perú es el derecho al aborto en casos de violación.

[pullquote]En el mencionado Caso Roe versus Wade, que puso el tema en la vitrina mundial, hubo otro elemento interesante que, de alguna manera, se repite en las campañas actuales. El principal financista, según declaró tiempo después él mismo, fue Hugh Hefner, el famoso fundador del imperio Playboy, donde la utilización de la mujer es indiscutible.[/pullquote]

Confieso que soy católica, pero no es la religión la que me motiva a defender la vida. Aun si no creyera en Dios, lo haría. Pero lo que me motiva de manera especial es la urgencia de alertar a las mujeres que en situaciones límite enfrentan el dilema de qué hacer con un embarazo no deseado y están a punto de sufrir el tremendo dolor de abortar. Estas mujeres son tan víctimas como sus hijos sin nacer. Y digo todo esto aun a costa de que me caigan encima los poderosos promotores del aborto, así como contrariando a quienes me recomiendan que mejor me quede callada y no me meta en problemas.

Para quienes se proclaman devotos de los avances científicos, es preciso tomar en cuenta que tanto la ciencia como la tecnología han contribuido a aclarar cómo el concebido es un ser distinto a su madre y a su padre, con un ADN único e irrepetible. Gracias a la ecografía, además, lo podemos ver desde muy temprano.

El Comercio, como defensor de la vida, auspicia esta marcha. En sus 175 años de próspera existencia ha sido este uno de los valores que ha defendido sin dudas, tanto como la libertad de expresión de cada uno, valores a los cuales me sumo con plena convicción.

© 2014 – Rossana Echeandía para el diario El Comercio (Perú). Publicado el 18 de marzo de 2014
 
 

Rossana Echeandía

View all posts

Add comment

Deja un comentario