madreteresa1Amar y servir a los hermanos más pobres y necesitados es una de las obras más hermosas que podemos realizar. Nos pone en contacto directo con Cristo quien desde siempre se ha identificado con los más pequeños (Mt 25,40). Además, nos permite experimentar la mayor alegría que, contrariamente a lo que podemos pensar, está más en dar que en recibir (Hch 20,35).

Este es uno de los rasgos esenciales de la vida de Madre Teresa de Calcuta (1910-1997), «icono del Buen samaritano, servidora de Cristo en los más pobres entre los pobres» ((S.S. Juan Pablo II, Ceremonia de beatificación Madre Teresa, 19/10/2003)); quien hace pocos días ha sido canonizada por el Papa Francisco, reconocida como un ejemplo de vida, como un testimonio viviente de la misericordia. Quienes la han conocido más de cerca pueden asegurar que su vida fue reflejo del amor de Dios y que su dedicación exclusiva y abnegada a los más pobres es evidencia de la fidelidad a la vocación que Dios le encomendó.

Su canonización es un regalo de Dios para este Año Jubilar de la Misericordia, que nos permite vislumbrar un ejemplo tangible de cómo vivir con misericordia en la vida cotidiana.

Encuentro con una vocación particular

Ahondar en la vida de Madre Teresa no es algo que uno pueda hacer de manera breve; ¡son tantos los detalles que enriquecen su biografía! cada uno de ellos reflejo de cómo Dios va tejiendo su existencia.

Nacida en Albania, Madre Teresa fue bautizada con el nombre de Gonxha, (pequeña flor) y de Agnes (Inés). Desde temprana edad tuvo un encuentro personal con Cristo al recibir los sacramentos de la Eucaristía y la Confirmación. Poco tiempo después, siendo aún muy niña, experimentó un profundo sufrimiento, al morir su padre, a quien tanto amaba. A los 18 años inicia su camino de entrega exclusiva al servicio de Dios; siente que Dios la invita a la vida consagrada. Ingresó a esta edad en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María o Hermanas de Loreto en Irlanda; allí tomó el nombre de Teresa en honor a Santa Teresa de Lisieux. Posteriormente fue enviada en misión a la India, lo cual le permitió conocer más de cerca la realidad de pobreza y miseria de muchos hermanos. Madre Teresa permaneció por varios años en esta congregación, consagrada a la enseñanza. Sin embargo, allí no finalizaba el itinerario de su vocación ((ver Joseph Longford. El fuego secreto de la Madre Teresa. Barcelona: Planeta, 2008. p20 – 22)).

Entre los más pobres y marginados

madreteresa9El 10 de septiembre de 1946, en un viaje para ir a su retiro anual, recibió lo que ella misma denominó la “llamada dentro de la llamada”. Esta fecha es fundamental, porque es el día en el cual Madre Teresa comprende lo que Dios quiere para ella, es el “Día de la inspiración”, en el que descubre que su vida debe tomar otro rumbo, que su vocación y misión encuentra sentido en dedicar toda su existencia para servir a los más pobres entre los pobres, a los hermanos más pequeños y marginados, viviendo en medio de ellos, siendo una más. En este encuentro personal con el Señor, el cual ella después revelará con más detalle, Cristo le reveló la sed que tiene de las almas más pobres, el deseo de ser amado por ellos; así como la sed que tienen ellos de Él. Es por ello que esta frase inspira la misión de las congregaciones que posteriormente fundó: «Tengo sed» ((ver Allí mismo, p. 47-53)) ((Ver Brian Kolodiejchik M.C. Ven, sé mi luz. Barcelona: Planeta. 2008. P. 60-66)).

Este encuentro inesperado con Dios la impulsa a salir de su actual congregación, además de iniciar una nueva comunidad, las misioneras de la Caridad. Aunque esta situación no estuvo exenta de dificultades, Madre Teresa se mostró paciente y perseverante, se confió en la Providencia de Dios; pues si Él le había mostrado el camino, no la iba abandonar en el recorrido.

[pullquote]Desde entonces la principal preocupación de Madre Teresa fueron los más pobres. Ella solía decir: «cuando nos ocupamos del enfermo y del necesitado, estamos tocando el cuerpo sufriente de Cristo»; en este mismo sentido expresaba: «no cierren las puertas a los pobres; porque los pobres, los apestados, los caídos en la vida, son como el mismo Jesús».[/pullquote]

Caminando en medio de la oscuridad

madreteresacalcutagrandeUno de los principales aspectos de la vida de Madre Teresa, que se ha hecho más popular en los últimos años al haber sido publicadas algunas de sus cartas personales, es la experiencia de desierto espiritual que la acompañó la mayor parte de su vida, especialmente desde el inicio de su vocación particular de servir a los más pobres ((Allí mismo, pp. 37-38)).

Ella la describía como un estado de oscuridad, que consistía en un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación y abandono por parte de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él; unido a un deseo creciente de su amor ((Allí mismo, pp. 39-41.221-233)). Una manera como ella expresaba su realidad interior era la siguiente: «llamo, me aferro, quiero, y no hay quien responda. Donde intento elevar mis pensamientos al cielo, hay tal convicción de vacío que esos mismos pensamientos retornan como cuchillos afilados y dañan mi alma».

Esta experiencia interior y espiritual la acompañó por más de cincuenta años y, a pesar de ello, ningún día dejó de mantener una tensión por buscar a Dios en la oración y tampoco de servir y amar con intensidad a los más miserables. ¡Es definitivamente algo heroico! ((Allí mismo, pp. 390-393)).

El día de su beatificación, Juan Pablo II mencionaba que «en las horas más oscuras se aferraba con más tenacidad a la oración ante el santísimo Sacramento. Esa dura prueba espiritual la llevó a identificarse cada vez más con aquellos a quienes servía cada día, experimentando su pena y, a veces, incluso su rechazo. Solía repetir que la mayor pobreza era la de ser indeseados, la de no tener a nadie que te cuide» ((S.S. Juan Pablo II, Ceremonia de beatificación Madre Teresa, 19/10/2003))”.

Santa de la misericordia

«Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado. La misericordia ha sido para ella la «sal» que daba sabor a cada obra suya, y la «luz» que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y sufrimiento» ((S.S. Francisco, ceremonia de canonización Madre Teresa, 4/9/2016)). Con estas palabras el Papa Francisco durante su canonización, nos señala un camino, una luz que podemos seguir para acercarnos más al corazón de Dios.

[pullquote]Podríamos pensar en su santidad como algo sumamente extraordinario; como una realidad muy particular que pocos pueden vivir; especialmente al evidenciar la grandeza de su obra o la perseverancia que tuvo en medio de tanto dolor y sufrimiento. Sin embargo, pienso que la vida de Madre Teresa es un testimonio muy cercano a nosotros, que tiene mucho para enseñarnos y que todos podemos vivir. Ella nos enseña principalmente a vivir dóciles, humildes y dispuestos a ser instrumentos en las manos de Dios, a ser “lápices en las manos de Dios” como ella se refería a sí misma.[/pullquote]

Su vida es expresión de cómo es Dios quien guía nuestro obrar. No son nuestras meras capacidades o fuerzas. Quien conocía a Madre Teresa, la veía una mujer pequeña, durante muchos años enferma, que aparentemente no podría lograr todo lo que consiguió. La clave fue su permanente confianza en Dios, su intensa vida de oración y de apertura a la Gracia. Ella nos enseña que la verdadera compasión y la misericordia se manifiestan en la acción concreta, en un compromiso ante el dolor y el sufrimiento ajeno.

Quizá no podamos solucionar todos los problemas o aliviar todo el dolor de tantas personas que sufren; tampoco se trata que todos estemos llamados a vivir como Madre Teresa, dejando todo para vivir en medio de la pobreza; pero lo que sí está en nuestras manos es acompañar, ser fuente de consuelo y esperanza para los que más sufren y los más pobres. Muchos que experimentan la pobreza material y la miseria, pero más aún, aquellos que está en nuestro alrededor que experimentan una pobreza mayor, la de vivir en la oscuridad y en el frío porque les falta el calor del amor de Dios.

[pullquote]Este Año jubilar es un buen tiempo para renovarnos en vivir la caridad; la vida de la Madre Teresa es una ocasión para dejarnos contagiar por el fuego que mantenía encendido su corazón de amor.[/pullquote]

¡Madre Teresa, ruega por nosotros ante Dios y enséñanos a tener un corazón inflamado con la Misericordia de Dios! Amén.

© 2016 – Álvaro Díaz Díaz para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Álvaro Díaz Díaz

Álvaro es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, es colombiano y médico de profesión; Actualmente está realizando una especialización en Medicina Interna. Tiene interés en el área de cuidado paliativo.

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