lesmis1Además del amor, hay una realidad que tiene la peculiaridad de estremecer el corazón humano una vez se experimenta, una que quien la da no puede explicarla con palabras y quien la recibe le devuelve la fe en sí mismo: el perdón.

Esta es la experiencia de Jean Valjean, el ex presidiario que ha sufrido la condena de 19 años y es libre de nuevo para hacer de la suya una nueva vida. Valjean es quizá uno de los personajes de la literatura más veces interpretado en un musical, y quien Tom Hooper decide encarnar de nuevo en esta humana y conmovedora historia de Víctor Hugo que no se agota con el paso del tiempo y que como los viejos vinos parece mejorar con los años y tomar mejor textura y sabor.

Y es que Les misérables, quizá es una de las piezas literarias que más ha conmovido los corazones humanos y Hooper, luego de su gran éxito con El Discurso del Rey (2010) decide apostarle a una nueva versión basada en el musical de Broadway y fusionando el film con el escenario, obligando a los actores a cantar en la puesta en escena sin más trucos que los efectuados por la cámara.

Con un elenco tan destacado como el que tuvo la versión de 1998 dirigida por Bille August y magistralmente interpretada por Leam Neason y Geoffrey Rush, esta nueva versión con tres grandes como Anne Hathaway, Rusell Crowe y Hugh Jackman le apuesta a la vivacidad e intimidad de los personajes que aún sin tener gran técnica vocal nos envuelven en el drama humano de sus personajes, mientras el guion se ajusta de manera más fidedigna a la historia original de Víctor Hugo, especialmente con un fin que nos deja casi sin aliento.

Pero este intento, aunque tiene gloriosos momentos como el de Anne Hataway en el papel de Fantine cantando la ya conocida I dreamed a dream, tiene también débiles puntos como la interpretación de Crowe en el papel de Javert, exento no sólo de técnica vocal sino también de fuerza y carácter. Nuestros actores no son cantantes de ópera, y esto les ha valido las críticas de muchos cineastas; sin embargo aplaudo la valiente apuesta de Hooper por lanzarse a crear esa experiencia teatral a través de la cámara.

Sabemos que Hugh Jackman no es precisamente un Pavarotti pero le perdonamos las flexiones de voz y la corta respiración que en mi opinión hacen la historia aún más verosímil y humana.

La película tuvo un gran éxito, recibiendo el Globo de Oro a la mejor película (comedia o musical), el Globo de Oro al mejor actor (comedia o musical) para Hugh Jackman, y el Globo de Oro a la mejor actriz de reparto, para Hathaway. También recibió cuatro premios BAFTA, incluyendo Mejor actriz de reparto (Hathaway). Recibió ocho nominaciones a los premios Oscar, incluyendo Mejor película (el primer musical nominado desde la ganadora de 2002, Chicago) y Mejor actor para Jackman, ganando tres: Mejor mezcla de sonido, Mejor maquillaje y mejor actriz de reparto para Hathaway.

lesmis2La puesta en escena y la decoración artística nos trasladan a la Francia de 1815 a 1845, con la miseria y suciedad de las barricadas que hacen contraste con la majestuosa ciudad llena de colorido. En el diseño de vestuario el español Paco Delgado se le midió a una misión digna de ser reconocida: vestir a más de 4500 personajes y extras de la Francia de 1815, un reto que pareció no quedarle corto.

Los miserables, esta pieza de la literatura llevada grandilocuentemente a las tablas y vista en la historia por más de 60 millones de personas en 40 países nos recuerda que la condición humana es siempre la misma, que experiencias como el dolor, el amor y la compasión son atemporales y que así como tocaron las fibras más profundas de los lectores de los primeros ejemplares de Víctor Hugo, más de cien años después siguen conmoviendo a muchos que se identifican con este drama humano.

[pullquote]El gran éxito de esta novela, expresada claramente en el film de Hooper, es la perfecta mezcla entre el drama de una nación y el drama personal. El intento de un pueblo por levantarse de la pobreza y la tenaz perseverancia de un hombre que quiere levantarse de su propia miseria humana, la pasión que enardece el corazón de patriotismo y a la vez de amor. La condena y el perdón, el amor y el desamor, el buscar y el encontrar. Hooper carga las escenas de numerosos símbolos que nos hablan de ello: Valjean tratando de levantar la bandera, que parece tan pesada como su propia alma, los jóvenes de la revolución que cantan los colores de la bandera mientras Marius canta al viento su amor a Cosette. Ángeles, cruces, monasterios y referencias a un Dios que aunque parezca que desaparece por momentos siempre está ahí para acoger a los que más sufren.[/pullquote]

Y para expresar la profundidad de estos personajes Hooper recurre constantemente al primer plano que por momentos amenaza con marear a la audiencia pero que logra un efecto de intimidad. En el desgarrador canto de Fantine con su rostro iluminado por la tenue luz de la luna podemos encontrar nuestro corazón desgarrado por el llanto del suyo reclamando el sueño que le fue arrebatado de sus manos. Lo vemos también en el canto nocturno de un Javert que se cree justo, y de una Cossette que anhela llegar algún día a su hermoso castillo en las nubes.

lesmis3Pero no todo es drama en esta novela de profundos contrastes. Hooper se encarga de poner una cierta dosis de humor a través de la consistente aparición de los Thenardier quienes nos rescatan del abismo con su sarcástico humor. Sacha Baron y Helena Bonham, quienes parecen haber nacido para interpretar este tipo de papel, dejan que se escape una cómplice sonrisa de nuestros labios con su jocoso Master of the house.

Comparando esta puesta en escena con la versión del 1998, vemos la inclusión de un personaje tan veraz como Eponine, las cartas de amor y el matrimonio de Marius y Cosette, así como el conmovedor final en el que Valjean revela sus más profundos secretos a Cosette y Marius. La anterior versión deja a la audiencia con un final abierto y sin conclusiones, mientras Hooper se esfuerza en detalles del musical y del libro que dejan al público satisfecho.

Y cuando todo parece perdido, cuando las esperanzas parecen derrotadas como los sangrientos cuerpos que cubren las plazas de una París pálida coloreada con el rojo de la bandera que se mece con el viento, es allí cuando la voz de Jean Valjean se une a la de tantos que pidieron por un día más. Un día más para perdonar, un día más para hacer el bien, un día más para amar. Las voces de todos se unen al unísono para recordarnos que es posible aún ser redimido y que Valjean, al final de sus días no olvidó las palabras del viejo monseñor que le recobró la vida: «He comprado tu alma para rescatarla del miedo y del odio y ahora la devuelvo a Dios».

© 2013 – Ana María Palacio Lopera para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Ana María Palacio Lopera

Ana María es comunicadora social por la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia.

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