Estamos llegando al fin de este año, y una gran parte de la población mundial se apresta a recibir un nuevo año basado en el calendario gregoriano.

Y para muchos será ocasión también de repetir, como cada año, unos ritos que garanticen –o por lo menos ayuden– a tener un nuevo año lleno de felicidad y prosperidad. Estos “ritos” cambian de acuerdo con las épocas y los lugares geográficos, pero todos tienen algo en común: se trata de acciones aparentemente simples que buscan un gran resultado.

Voy a comenzar con el ejemplo de las maletas, porque lo practiqué de pequeño, alentado por familiares y amigos. No sé si existe en todos los países, pero por lo menos en Colombia es muy común. ¿De qué se trata? Es muy sencillo: Unos instantes antes de las 12, a punto de terminar el año, se recaudan todas las maletas, maletines, mochilas, etc. que se encuentren en la casa (mientras más, mejor), y se comienza a dar vueltas a la manzana, de preferencia a toda velocidad. Supuestamente estas vueltas aseguran que el año que comienza será uno de muchos viajes para el “aspirante” a trotamundos.

Tengo que decir, con tristeza, que a pesar de haberlo practicado asiduamente desde los 6 o 7 años, nunca llegué a viajar en el año en que practiqué el rito. A eso de los 11 o 12 años, cansado de correr con maletas y de las burlas de los vecinos, perdí la fe. La fe en los agüeros, quiero decir.

Y aún hoy veo cómo algunos de mis familiares practican asiduamente este y otros cada 31 de diciembre, podríamos decir que “religiosamente”: Las 12 uvas, la plata en el bolsillo, la ropa interior amarilla, las mencionadas maletas, y otras bastante sofisticadas que implican huevos flotantes, vasos de champaña y otros requisitos mucho más costosos y dispendiosos. Lo suelo ver con cierto humor –sobre todo porque los más asiduos son los que menos resultados suelen obtener–, pero de fondo siempre queda una preocupación, la misma que queda cuando veo a la gente haciendo los horóscopos y los planos astrales para el nuevo año: ¿Qué hay de verdad detrás? ¿Cree la gente de verdad en estas cosas?

Como en todo, hay para todos los gustos. Sin duda muchos creen en ellos, pero una respuesta más común, más “racional” (?), es la siguiente: “Yo no creo en esas cosas, lo hago sólo por reírme un rato”. Yo mismo muchas veces consultaba mi horóscopo, no porque creyera, sino por esa supuesta diversión. Sin embargo, y sin caer en exageraciones, creo que lo que se esconde detrás de estas prácticas tan pintorescas no es tan inocuo como se pudiera creer.

Detrás de toda la parafernalia del año nuevo –y por extensión a todo aquello relacionado con la adivinación y los agüeros– se esconde a veces una creencia que atenta directamente contra las raíces de nuestra fe. Y si bien en todos los seres humanos existe una cierta ansiedad sobre lo que nos depara el futuro, para el cristiano es fundamental recordar que Dios está detrás de todos los acontecimientos de la propia vida, de los demás y de todo lo que sucede en el universo. Además no sobra aclarar que sólo Dios conoce el futuro, y es Él quien escoge a quién revelárselo… a profetas y a algunos santos, ciertamente, pero no creo que a Walter Mercado, Mauricio Puerta, y a todos los otros amigos de vivir de la credulidad ajena.

Ahora bien, con respecto a la adivinación (y aquí incluimos horóscopos, mapas astrales, etc.), nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica que «la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto». Es esta “malsana curiosidad” la que muchas veces mueve a las personas a consultar adivinos, magos, brujas, etc. Y eso sin considerar que en muchos casos se trata no de supersticiones vacías sino de un verdadero culto al mal, del recurso a los muertos o a los demonios a través de “médiums” u objetos como el tarot, la tabla Ouija, etc.

Visto entonces la gravedad que tienen muchos de estos comportamientos, difícilmente podemos justificar el recurrir a ellos “solamente como entretenimiento”. Y en todo caso, ¿alguien de verdad cree que los horóscopos del periódico y las revistas tienen algo de cierto? “Hoy tendrás suerte”, “recibirás la llamada de un ser querido”, “si planeas bien tu semana tendrás una oportunidad inesperada”, son «predicciones» que cualquiera puede hacer, con términos tan genéricos y vagos que es evidente que tarde o temprano se terminan cumpliendo.

[pullquote]Y por último, otro género de supersticiones que son también comunes, y que implican una acción por parte del creyente: no pasar debajo de una escalera, nunca hospedarse en un piso 13 o una habitación que tenga el número 13, no derramar sal, no quebrar un espejo, y un largo etcétera. Alguien me dice: “¿Pero para qué tentar a la suerte? No me cuesta nada desviarme un poco para no pasar debajo de la escalera”. Y yo pienso… ¿es la suerte la que guía tu vida, o es Dios? Y creo que es acertado afirmar que Él no te dejará de acompañar y guiar en tu vida si decides hoy pasar por debajo de la escalera. Es más, hasta puede ser liberador.[/pullquote]

¿Este 31 de diciembre, por qué no, en vez de comerte las doce uvas o correr con tus maletas por todo el barrio, no aprovechas para dar gracias a Dios por el año que pasa, y poner en sus manos el año que llega junto con tu familia y tus amigos?

 
© 2014 – Carlos Díaz Galvis para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

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