soc_cover2Ninguna sociedad o cultura vive realidades polares. Ni todo está mal, ni todo está bien. Y hablando del binomio amor-conflicto podemos decir lo siguiente: Ninguna sociedad vive el conflicto absoluto, ni tampoco el amor total. En las realidades humanas, los matices son una constante. Así, podríamos decir que incluso en las mejores familias debe haber habido alguna vez una aspereza. Del mismo modo, podemos afirmar que es muy probable que una persona que obra mal, por ejemplo un narcotraficante, debe haber experimentado el cariño y amor hacia alguien en su vida.

Creo que esas experiencias, sobre todo la del amor, convencen a las personas de algo. Que lo que sacia al hombre, lo que le da la felicidad es el amor, la entrega, la comunión.

Yo postulo lo siguiente, y es una verdad: Si hubiera más amor en el mundo, todo sería distinto. Como decía al comienzo, no digo que no haya amor, ¡definitivamente lo hay y mucho! Pero sí que falta amor. Claro que sí. Y es una realidad que nos apremia, y podríamos decir con San Pablo: «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14)

Vayamos a realidades concretas. Si hubiera más amor, el desenvolvimiento del caso de Tía María en Arequipa hubiera sido distinto, tanto de los directivos como de los pobladores. No me pongo a favor de ninguno acá, pero ciertamente, si hubiera más amor, hubiera habido más respeto, se hubiera pensado más en el otro, hubiera sido distinto.

Si hubiera más amor, probablemente no estarían procesando a Martín Belaúnde Lossio, porque al amar, uno piensa en el otro, piensa en el pueblo y no en sí mismo. No sé cuál será la sentencia, pero de hecho nos encontramos ante una situación de corrupción. Si hubiera amor, todo sería distinto.

Si hubiera más amor, no hubieran expulsado a Neymar y a Bacca en el partido Brasil-Colombia en la Copa América. El ser humano compite, y eso creo es algo que lo vivimos. Pero hay que apostar por una sana competencia, donde se erradican las bromas inoportunas, el “sacarle pica” al otro, burlarse del otro o provocarlo en medio de una competencia insana. Si hubiera más amor, todo sería distinto.

Si hubiera más amor, creo que la realidad del transporte público en Lima sería distinta. A mí, me gusta ir en transporte público, porque experimento que entro en contacto con la realidad, y así, soy partícipe de actos de amor y desamor. Veo el amor de personas, por ejemplo cuando sube una persona mayor y ceden el asiento reservado inmediatamente. Un gesto sencillo, pero ciertamente de amor. Pero también veo la desconfianza al cobrador, o el conflicto entre choferes, que ciertamente atentan contra la comunión. De hecho, esa desconfianza hacia el cobrador tiene fundamento, pues muchas veces estas personas se quieren aprovechar de los otros. Si hubiera más amor, no lo harían, pensarían más en las personas, serían honestos, todo sería distinto.

En fin. No quiero acá postular una realidad idílica. No. Eso quizás nunca exista. Pero sí que haya más amor. Más amor, más y más amor. Y digo más, porque lo hay, pero siempre se necesitará más. Tampoco digo que nunca haya conflictos, pues muy probablemente siempre habrá. Pero si los hay, que se venza con bien el mal, el conflicto con perdón, con misericordia, con reconciliación, con amor.

Y quisiera terminar preguntándome dos cosas: ¿qué es el amor? y ¿cómo conseguirlo?

A ¿qué es el amor? creo que hay una persona que lo manifiesta a plenitud. Y esa es Jesucristo. Católicos y no católicos estarán de acuerdo conmigo que es una figura excelente en la historia de la humanidad. Su vida de entrega y sacrificio, de servicio a los demás, es un testimonio espléndido de amor. Una vida totalmente entregada a los otros, donando todo su tiempo a los demás. Una vida paciente, mansa, y a la vez comprometida. Perdonando a sus enemigos y buscando a los perdidos. Jesús era una persona bondadosa, y en su bondad, denunciaba el mal, y lo hacía por el otro, por su bien. Jesús, es modelo de amor.

[pullquote]Yo creo que si uno quiere saber qué es el amor, debe conocer a Jesús. Católico o no católico. Él expresa de manera sublime el Amor. Y así, para conseguirlo, habrá que imitarlo, habrá que seguirlo.Yo soy católico, y esto convencido no sólo de eso. No basta seguirlo o imitarlo. Yo creo que para que haya incluso más amor, hay que creerle y dejar que Él entre en nuestra vida. Y así, el transformará nuestra vida en la suya, nos transformará en Él, y así viviremos en Él, y viviremos el Amor en Él.[/pullquote]

Que nuestra sociedad camine más hacia eso, hasta «dar la vida por sus amigos» (Jn 15,13), y así, nuestra vida sea un reflejo de esas hermosas palabras que pronuncia San Pablo en una de sus cartas: «La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta». (1 Co 4-7).

© 2015 – Giancarlo Vera para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Giancarlo Vera

Giancarlo es estudiante de Pedagogía. Dedicó sus primeros años a estudiar filosofía. Actualmente es profesor de filosofía en un colegio, y tiene un particular interés por la evangelización de la cultura y la sociedad peruana.

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