papafrancisco5Laudato Si’, la largamente esperada y recientemente publicada encíclica del Papa Francisco, ha captado la atención del mundo entero y suscitado diversas reacciones dentro y fuera de la Iglesia. Algunos alaban al Papa por la carga moral con que contribuye a la causa medioambiental, mientras otros lo critican por haber sobrepasado su autoridad en materias reservadas a la ciencia y la política. Quizás para la mayoría de nosotros no hay problema en hablar sobre el cuidado de la creación, pero nos cuesta entender por qué el Papa dedica una encíclica entera al asunto y por qué lo hace ahora. ¿Acaso son más importante los bosques y los patrones migratorios de los animales que los 9 millones de personas que mueren de hambre cada año? ¿Sabe de los 50 millones de muertos al año a causa del aborto? ¿Le han contado sobre el récord de 59.5 millones de personas desplazadas en 2014?

Aparte de ser la primera encíclica dedicada completamente a la ecología, se presenta como peculiar por varias razones. Por ejemplo, los frecuentes mensajes dirigidos «a cada persona que habita este planeta» (Laudato si, 3), uniendo así las preocupaciones de la Iglesia a las del mundo entero. Apunta a que sea leída y entendida por todos. Es también notable la estrecha relación con la comunidad científica. Por ejemplo, en el análisis del estado de “la casa común”, el Papa sin ambigüedad toma una postura, confiando en el consenso científico: «numerosos estudios científicos señalan que la mayor parte del calentamiento global de las últimas décadas se debe a la gran concentración de gases de efecto invernadero … emitidos sobre todo a causa de la actividad humana» (23). ¿A que debemos tal iniciativa del Sumo Pontífice?

Un gran paso en la misma dirección

Primero hay que señalar que esta obra del Papa Francisco no es ningún capricho, ni tampoco una temática nueva en la Iglesia. Mientras la humanidad ha ido creciendo en su sensibilidad por el medio ambiente, también el Magisterio ha hablado cada vez más fuerte y claro. En un breve recorrido del pasado, ya en 1971 el Papa Pablo VI escribió en Octogesima Adveniens sobre una «explotación inconsiderada de la naturaleza». El Papa San Juan Pablo II continua la reflexión en Sollicitudo Rei Socialis dentro de una dimensión moral, y plantea una triple consideración que debe informar nuestras conciencias. Después en Centesimus Annus desarrolla la relación entre la ecología del medio ambiente y lo que él llama “ecología humana”. Conocemos a su sucesor el Papa Benedicto XVI como el “Papa verde”, no exclusivamente por sus diversos escritos sino por sus acciones, impulsando a que el Vaticano llegara a ser el único estado neutro de carbono en el mundo en 2007. Al elegir el tema de la Jornada Mundial de la Paz de 2010, coloca el medio ambiente en una relación inseparable con otros desafíos apremiantes: “Si quieres promover la paz, protege la creación”.

De hecho la primera encíclica social, la Rerum Novarum de 1891, fue escrita dentro de un “cambio revolucionario”, la Era Industrial. Según la Pontificia Academia de las Ciencias, la humanidad está entrando en una nueva era, la “Era del Antropoceno” que es caracterizada como un tiempo en el cual «la acción humana, a través del uso de combustibles fósiles, está teniendo un impacto decisivo en el planeta». En medio de este cambio el Papa desea «proponer una ecología que, entre sus distintas dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea» como respuesta a «la actual crisis ecológica» (15).

Un signo de los tiempos

Dentro de la experiencia de insatisfacción y ruptura, tan común hoy, el Papa identifica en el mundo actual un anhelo genuino por encontrar una armonía con el mundo natural y dice que «se advierte una creciente sensibilidad con respecto al ambiente y al cuidado de la naturaleza, y crece una sincera y dolorosa preocupación por lo que está ocurriendo con nuestro planeta» (Laudato si, 19). Dicha sensibilidad es un claro “signo de los tiempos”, utilizando la expresión del Concilio Vaticano II. El mismo concilio la explica: «El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios» (Gaudium et Spes, 11).

Una verdadera aproximación ecológica

A continuación, para aquellos que se preguntan sobre los hambrientos, los desplazados y la muerte de inocentes, el Papa insiste en el vínculo entre el medioambiente y dichos problemas: «Si la crisis ecológica es una eclosión o una manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad, no podemos pretender sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar todas las relaciones básicas del ser humano» (119). Al delinear un camino para avanzar, Francisco insiste en que «la misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza» (175). Esta preocupación por los pobres ha sido un tema recurrente desde el inicio de la encíclica: «un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres» (49).

Política internacional y desarrollo sostenible

El Papa incluye en Laudato si’ el «avanzar en algunas líneas amplias de diálogo y de acción que involucren tanto a cada uno de nosotros como a la política internacional» (15). Antes del lanzamiento de la nueva encíclica, en el vuelo de regreso de Filipinas, se le preguntó a Francisco sobre la fecha de publicación de la misma y respondió: «Lo importante es que haya un poco de tiempo entre la aparición de la Encíclica y el encuentro de París, para que sea una contribución». El Papa se refiere a la Cumbre del Clima en París que se llevará a cabo en diciembre, que busca hacer historia con un acuerdo universal sobre el cambio climático que incluya a todas las naciones; de lograrlo sería el primero en su tipo en más de 20 años de negociaciones en la ONU. Por ejemplo, el famoso “Protocolo de Kyoto” implementado en 2005 nunca logró incorporar a Estados Unidos, China e India.

El esfuerzo más reciente tuvo lugar en Lima, Perú en diciembre pasado en una conferencia sobre el cambio climático que sirvió como una oportunidad para las naciones para comenzar a negociar los compromisos que esperan realizar en Paris. En la misma entrevista mencionada anteriormente regresando de Filipinas, el Papa comentó que «el encuentro de Perú no ha sido un gran qué. Me ha defraudado la falta de coraje: se han quedado a medias. Esperemos que en París sean más decididos los representantes para avanzar en este tema».

El Papa también planea hablar en septiembre en la reunión anual de las Naciones Unidas en Nueva York, donde se lanzarán los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible en reemplazo de los definidos el año 2000, y que se mantendrán hasta el año 2030. Durante el mismo viaje el Papa se dirigirá al gobierno de los Estados Unidos, que tiene un rol clave en las conversaciones climáticas de la ONU, en una sesión del Congreso norteamericano.

Una conversión ecológica

El cambio comienza con la conversión personal. Es fácil identificar el cambio climático como un problema de los partidos políticos o asociar el movimiento medioambientalista con ideas como el control poblacional y una visión negativa de la humanidad. Es común encontrar una falta de interés general en las personas que incluso llegan a ridiculizar tales ideas. «La crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior. Pero también tenemos que reconocer que algunos cristianos comprometidos y orantes, bajo una excusa de realismo y pragmatismo, suelen burlarse de las preocupaciones por el medio ambiente. Otros son pasivos, no se deciden a cambiar sus hábitos y se vuelven incoherentes. Les hace falta entonces una conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea» (217). Cristo nos exhorta, si nosotros no cambiamos, nada cambiará.

Solidaridad universal

«El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar» (13). En un mundo caracterizado por las divisiones, el Papa convoca a científicos, políticos, teólogos y filósofos, cristianos y no cristianos, a todos juntos a una “solidaridad universal nueva” en la cual «se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios» (14).

En conclusión

La Laudato Si’ es una llamada de atención más que oportuna que nos invita a reconocer «la grandeza, la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta» (15). Durante los últimos 50 años el Magisterio ha ido profundizando en una verdadera aproximación ecológica, buscando acompañar y dar una respuesta plenamente humana a uno de los mayores signos de los tiempos. Es un asunto principal que concierne a todas las relaciones humanas, especialmente el compromiso con los más vulnerables del planeta. Exige «mirar la realidad con sinceridad» (61) y llevar adelante un cambio radical en nuestra aproximación personal e internacional a nuestra casa común. Finalmente, es un mensaje pastoral movido por la esperanza en la capacidad de la humanidad de hacer sacrificios, superar diferencias y actuar.

© 2015 – Jeffrey Ruskamp para el Centro de Estudios Católicos – CEC
Traducción de Matías Quer

Jeffrey Ruskamp

Jeffrey Ruskamp tiene 25 años, es integrante del Sodalicio de Vida Cristiana, en su segundo año de formación enn Lima (Perú).
Tiene un grado de "bachelor’s of science in Architectural Engineering" por la universidad de Nebraska en Omaha.

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