En un asalto en La Molina (Lima), el último viernes, el desafortunado cliente de un banco fue robado dos veces. Primero se trató de criminales avezados que, apenas el hombre retiró 200 mil soles de la ventanilla de la oficina bancaria, sacaron sus armas y le arrebataron un dinero que seguramente tenía un destino importante.

Cuando los malhechores, que habían desafiado la plena luz del día y el tráfico intenso que podía dificultar su huida, fugaban con su botín bajo el brazo, un valeroso policía reaccionó con astucia y oportunidad hasta lograr capturar a uno de los pillos, precisamente el que llevaba el dinero robado. El sujeto soltó el dinero y este voló por los aires. ¿Y qué creen que pasó? ¿La víctima asaltada recuperó su dinero? Lamentablemente, no.

Numerosos transeúntes, choferes y pasajeros de combis y microbuses que circulaban por la zona vieron cómo los billetes, empujados por el viento, revoloteaban un poco por el aire hasta caer en la pista o la vereda. En ese momento sufrieron una transformación de esas que vuelven verdes y monstruosos a ciertos personajes.

[pullquote]A estos no fue ira lo que los dominó, sino una angurria que los hizo saltar detrás del dinero ajeno para agarrar cuanto pudieran y metérselo al bolsillo. Ladrones que la oportunidad sacó a flote para vergüenza de ellos mismos y de la sociedad que sufre semejante bajeza.[/pullquote]

Haría bien la policía en mostrar los videos que captaron la infeliz escena de codicia desatada para identificar a los ladronzuelos que, además de la vergüenza de ser presentados en público, deben sufrir las consecuencias de un robo agravado por semejante circunstancia.

La semana pasada también supimos que nuestro país ocupa el último lugar en la prueba PISA, el programa para la evaluación internacional de alumnos que mide los conocimientos de los escolares de 15 años de edad en matemática y comprensión lectora. ¿Si hubiera un ‘PISA’ de valores, en qué puesto cree que quedaría el Perú?

Da pena decirlo, pero es altamente probable que tampoco saldríamos muy bien parados en relación con el resto del mundo.

El caso de los ladronzuelos revela que hay algo muy profundo en nuestra sociedad que se está corrompiendo. Seguramente eso tendrá que ver con que seamos últimos en temas educativos, pero mucho más con ciertos ‘modelos’ que día a día desfilan por nuestras pasarelas políticas, del deporte, del espectáculo, cuyo comportamiento escandaliza y avergüenza. A los Urtechos del Parlamento le hacen competencia las Tilsas y los ‘Locos’ Vargas que concentran la atención de buena parte de peruanos, especialmente aquellos de los niveles socioeconómicos A, B, que se supone son los que deben haber recibido una mejor educación.

[pullquote]A los ladronzuelos que el viernes se alzaron dinero ajeno debe remorderles la conciencia, ser identificados e ir presos por lo que hicieron, pero esta sociedad tan huérfana de valores también necesita mirarse en un espejo y corregir los asaltos que comete a diario. El asalto de meterse con la mujer de otro o con el hombre de otra. El asalto de pintarrajear las paredes porque el equipo de fútbol perdió. El asalto de invadir los cruces de la pista impidiendo que el otro pase. Cada uno sabe los asaltos que perpetra en su día a día.[/pullquote]

Algo tendrá que ver también el que nos estemos convirtiendo en una sociedad cada vez más consumista, desesperada no solo por tener más y más cosas, y más y más poder, sino también por conseguir emociones que nunca terminan de saciar el anhelo real de ser feliz.

© 2013 – Rossana Echeandía para el diario El Comercio (Perú). Publicado el 10 de diciembre de 2013
 
 

Rossana Echeandía

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