frag_lgJesús subió a Jerusalén y tuvo una entrada triunfal en la ciudad que días después lo vería morir en la cruz y resucitar glorioso. Lo hemos celebrado el pasado Domingo de Ramos. Los días siguientes a esta entrada mesiánica, el Señor «por el día enseñaba en el Templo y salía a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos» (Lc 21,37).

Uno de esos días —probablemente el Martes Santo según los estudiosos— Jesús estaba enseñando en el Templo y «alzando la mirada, vio a unos ricos que echaban sus donativos en el arca del Tesoro; vio también a una viuda pobre que echaba allí dos moneditas, y dijo: “De verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba» (Lc 21,1-4).

Estando próximos a celebrar un año más la Semana Santa, el pasaje de la viuda pobre que ofrece todo lo que tiene nos deja una enseñanza muy sencilla y profunda: no le demos al Señor de lo que nos sobra. Y no reduzcamos el mensaje a bienes materiales, monetarios.

Hoy en día —todos lo experimentamos de distintas maneras— uno de los bienes más preciados que tenemos es nuestro tiempo. Pues bien, la Semana Santa, por la práctica razón de que en muchos países es feriado no laborable, nos da un poco más de tiempo. Se convierte así en la ocasión perfecta para hacer lo que con frecuencia el ritmo laboral  no nos permite llevar a cabo: descansar, viajar, relajarnos. Y no hay nada de malo en ello.

[pullquote]Pero la Semana Santa para los creyentes no es sólo un feriado largo. Es un tiempo privilegiado en el que celebramos los misterios centrales de nuestra fe. Es una oportunidad para mirar lo esencial. Mirar con ojos de fe el amor inmenso de Dios por nosotros, su Sacrificio, su Muerte y su gloriosa Resurrección; mirar con esos ojos nuestra propia vida. Son días especiales que vale la pena aprovechar y que, ciertamente, exige de nuestra parte un compromiso de mayor conversión.[/pullquote]

Jesús lo dio todo por amor. Pongamos de nuestra parte algo muy concreto que tenemos entre manos en estos días: nuestro tiempo. No le demos las sobras al Señor. No regateemos horas o minutos. Procuremos, más bien, reservar tiempos importantes para reflexionar en las cosas realmente importantes de la vida, para celebrar y participar en familia de las actividades litúrgicas de estos días santos que, por cierto, son tan hermosas. Con seguridad no será tiempo malgastado. Digamos que es tiempo “invertido”. Y el rédito es eterno.

© 2012 – Ignacio Blanco. para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Ignacio Blanco Eguiluz

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