Introducción.

La vida del ser humano está marcada por la necesidad de comunicarse y de estar en comunión con otras personas. Nadie pude amar de verdad sin otra persona, no puede entregarse a la nada, no tendría sentido la humanidad. La persona humana ha salido de una comunidad de personas que se aman y así es impulsada a amar.

El don más grade que ha recibido el ser humano es tener la capacidad de amar y la apertura para ser amados. Pero para que exista ese amor tiene que haber por lo menos dos personas semejantes para dar lo que se le ha depositado por parte de la Trinidad en cada persona creada.

Para iniciar esta misteriosa aventura a lo trascendente se necesita algo de fundamentación trinitaria, algunas pinceladas de las distinciones de las personas de esta comunidad de la que salió el hombre. Además de resaltar la distinción es importante tener en claro que es una comunión, es una sustancia compartida por tres personas.

Luego de hacer el intento de exponer algunos elementos del interior de la Trinidad y de encender algunas luces sobre el misterio trinitario se empiezan a aclarar ciertas ideas acerca de algunos elementos de la vida del ser humano. La segunda sección es el intento por hacer síntesis entre lo divino y lo humano en las relaciones entre personas. Teniendo en cuenta que la base de las relaciones humanas está en la Trinidad, precisamente porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios, comunidad de personas.

Como cierre hay una reflexión acerca de la importancia que tiene la comunión para los seres humanos tomando en cuenta los fundamentos de la Trinidad y del hombre. Llevando a la vida las ideas principales de los fundamentos. Entrar en comunión o ser parte de una comunidad le da al ser humano una oportunidad para ser más persona, para desplegarse según los dones recibidos, en el fondo para Amar y ser amado.

Las relaciones divinas y la unidad de la trinidad.

Dios uno y trino, la Trinidad Santa, las tres personas divinas, son en relación. No existiría Dios si falta uno de los tres. La relación es el criterio de comprensión de la Trinidad, son tres personas que comparten lo esencial, el Amor. En Dios no hay división, no hay accidentes, Dios es el ser más sencillo e íntegro.

Para comprender la relación que se puede vislumbrar en lo que se conoce de la Trinidad hay que ir al origen, al inicio, pero no un inicio cronológico, humano, temporal, sino un orden e inicio lógico. Dios no se ordena en las coordenadas temporales como lo estamos las personas humanas. Ciertamente en la Kenosis o el abajamiento máximo de Dios, en la encarnación sucede el milagro y el gran misterio en el que Dios, por medio de la segunda persona de la Trinidad, el Señor Jesús, penetra en el tiempo y asume la naturaleza humana. Dios es siempre, y al aproximarnos hacia el misterio de la Trinidad y de las relaciones entre las personas divinas no están determinadas por el tiempo.

El origen de estas relaciones se da en la generación del Hijo por el Padre y la procesión del Espíritu Santo por el padre y el Hijo. Dios Padre genera al Hijo, de los cuales procede el Espíritu Santo dado como un Don.

El Padre es principio de la Trinidad. Es Padre porque tiene un Hijo y de esta relación tan fuerte en el amor surge como Don el Espíritu Santo. La distinción de las personas se da precisamente en coordenadas de la relación y de la sustancia. Uno se relaciona como Padre, el otro como Hijo y el tercero como lo que procede de esa relación dado como “Don” o regalo de Amor puro y entregado entre personas.

En la simplicidad de Dios se distinguen o se identifican las relaciones en unidad de sustancia. Son cuatro relaciones que se dan en la Trinidad: la paternidad, la filiación, la espiración y la procesión pasiva. Las cuatro entre tres personas distintas que comparten el mismo ser Dios, la misma sustancia divina.

La idea fuerza que se debe mantener siempre presente es que la Trinidad es Una, es unidad, es Una comunidad de personas, que no se separa jamás.

La unidad de la Trinidad es desde siempre. A lo largo de la historia de la creación cada persona divina ha sido protagonista. En el “hagamos” del génesis por ejemplo; escrito por el autor inspirado se manifiesta la presencia total en la acción de crear. Esto en la revelación, en lo que el ser humano conoce, porque la Trinidad existe “desde” siempre, tomando en cuenta la clave de comprensión anteriormente expuesta.

En un momento histórico en el que se puede vislumbrar la presencia de las tres personas de esta unidad es en el momento de la encarnación del Verbo. En la encarnación también se puede percibir la presencia trinitaria. El Padre envía al hijo, y es concebido por obra del Espíritu Santo. Es en este momento en el que se podría decir que hay una separación de la Trinidad, pero no es así porque por más “lejos” que esté el hijo de su Padre la unidad se mantiene por la presencia del Espíritu Santo.

Este “lejos” es simbólico porque Dios es omnipresente, no es material y definitivamente está en Jesús. “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,30)

Otro momento clave en el que se observa la presencia trinitaria es en la Crucifixión, en el momento de mayor Amor de Dios, en la muerte y la resurrección del Hijo, se puede observar en este milagro a la Trinidad unida actuando por la misma misión. Este ejemplo es muy importante en el hecho concreto de la agonía de Cristo, segunda persona de la Trinidad, en la cruz. Experimenta un abandono muy humano, que por ser miembro de esta comunión perfecta de Amor no se separa nunca de las personas divinas, ni del Padre, ni del Espíritu Santo.

El Hijo en la cruz experimenta humanamente hablando (sin hacer una división tajante de la naturaleza divina, es imposible) el abandono del Padre, es en el momento en el que más se manifiesta la unidad de Dios, en el abajamiento y en la aparente separación, es “cuando” la trinidad está más fuertemente unida.

La persona humana “Imago trinitatis” y su relación con Dios.

Por el sencillo hecho de ser creados a imagen de Dios, por el hermoso hecho de tener las huellas de las manos de Dios en nosotros es que estamos destinados a la comunión entre personas. Por el mérito de ser “Imagen de Dios” (Imago Dei) somos seres relacionales, sociales, insertos en una familia en la que se puede concretizar la unidad de un solo cuerpo. Por esta razón es que las personas humanas necesitan una comunidad, una familia, un grupo de otras personas en las que pueda comunicar lo que tiene para dar, en la que puede edificar y ser edificado, en la que pueda vivir el Amor.

La relacionalidad de las personas o la necesidad de comunión de las personas humanas está inscrita en la “identidad o interioridad irreductible” del ser humano. Elemento que se hace vida en una comunidad. La identidad de las personas humanas tiene un fundamento trinitario porque cada persona de la santa Trinidad tiene una identidad. Primero Dios no es un ser solitario, como los humanos que no podemos ser sin otra persona. La identidad de cada persona divina está en relación; La identidad del Padre es la paternidad, porque es padre de un hijo. La del Hijo es de filiación, es hijo de una Padre. La identidad del Espíritu Santo es la relación con el Padre y el Hijo. La persona humana nunca está sola y siempre está llamada a formar con los demás una comunidad.

Las personas humanas, creyentes o no creyentes se dirigen siempre a la comunión. Es una necesidad profunda el poder entregar lo bueno que se halla en el interior a alguien semejante, al igual que recibir eso que por la libre voluntad del otro se me es dado, es ese amar y ser amado que todos buscan realizar y desean que permanezca. Compartir junto a alguien las experiencia cotidianas es parte del desarrollo personal, construir relaciones personales responde a uno de los elementos más importantes de nuestro ser Persona creada a imagen de la Trinidad.

Un dato importante además de conocer de dónde proviene el ser personal de los seres humanos, es saber esa característica determinante, la relacionalidad. Los seres humanos además de ser creados por “Las Personas” son creadas para las personas. Las personas humanas tenemos nuestro principio y fin en esa primera comunión existente.

Pasando un ámbito más práctico y con cierto grado de intriga, nos preguntamos ¿qué es primero, la relación o la persona? Una respuesta la propone Serretti en el libro Persona y comunión de personas: «El argumento es demasiado simple: para que pueda existir una relación debe existir alguien que entra en relación, por lo tanto la persona precede a cualquier relación y ella ocurre a partir de un sujeto personal que se encuentra ya plenamente en acto» (Serretti, M (2007). PERSONA Y CULTURA. El nombre de la persona. pág. 9)

La explicación es sencilla, aunque cabe resaltar que la persona como individuo y la comunión o la racionalidad siempre van a ir juntas, no hay una jerarquía de importancia. Las dos son esenciales de la persona. Y por ser individuos relacionales necesitamos construir comunión-comunidad a imagen de la trinidad que es la comunión perfecta.

La persona humana no puede “ser” sola, necesita relacionarse con otro “yo”

Para poder “realizar” eso que muchas veces no se logra categorizar con las mejores palabras y todas las personas buscan incansablemente y en muchas ocasiones sin caer en cuenta de su búsqueda, se necesita otra persona en la cual depositar y compartir la riqueza que se le ha sido dada como don gratuito. En una comunidad en constante relación se da un desarrollo y crecimiento personal. Las personas que van formando parte de la comunión se van personificando. Y a medida que se va haciendo más autentica la relación entre las personas crece la realización y a la vez paradójicamente aumente la búsqueda de algo más, de trascender.

En el fondo toda persona humana necesita el encuentro con otro semejante para poder generar comunión, para llegar a eso que tanto se busca y poder con el recorrer del tiempo ir optando por cultivar eso que lo conduce a ser más “persona”, a ser más feliz, más real y autentico, más como la misteriosa comunidad perfecta de amor.

Una premisa importante es que de la Trinidad salimos y a la Trinidad estamos invitados a volver. En la vida terrena las personas humanas se dirigen en una dirección, es una tendencia que está en el interior y que por más oscuro que esté su camino, está ese anhelo en él. Esta dirección es hacia la comunión eterna en el cielo, la plenitud a la cual puede llegar la persona humana. El hombre es capaz de empezar a construir esta comunión desde sus primeros pasos en la vida. Es hermoso ver que el ser humano desde que es concebido está en relación personal con otro ser humano. Se desarrolla y crece dentro de una persona humana, no puede ser más evidente la necesidad de comunión. La madre da a luz y esa persona sigue necesitando la comunión, depende de alguien adulto que lo cuide y le dé lo necesario para conservar su vida. Sigue creciendo y va madurando, se vuelve en la práctica “más independiente” de los otros, pero sigue necesitando el amor, sigue necesitando la relación. Esta persona humana, logra ser “totalmente” independiente, pero no se percata de que sigue necesitando ocupar ese lugar en su interior que está reservado para los demás.

Esto en cuanto a la comunión de personas humanas. Por otro lado las personas humanas siempre dependerán de esa “creación continua” que viene de Dios uno y trino y sostiene a las personas humanas en la existencia. Este aliciente no excluye y no depende de la elección o la correspondencia del hombre.

Uno de tantos dones que las personas reciben es el ser libres. Libres para optar por el amor o el desamor, por la comunión o la soledad. Libres para corresponder a esta Persona superior que por amor sostiene a cada hombre y mujer en el seguir siendo, sin importar la creencia o la ideología que sigan.

Para finalizar es conveniente precisar con sencillez algunos términos utilizados. Cuando se menciona persona humana refiere a la unidad de la persona y la naturaleza humana (cuerpo y alma). Cuando se menciona seres humanos el término no excluye el ser persona pero sí refiere más al tener naturaleza humana o al ser parte de la familia humana.

Conclusión.

Las relaciones humanas y la vida de una comunidad de amigos tienen una base y un fundamento muy profundo y sólido. La relación de las personas divinas es la base de las relaciones de las personas humanas. Todo ser humano desea tener una relación y/o una comunión sincera, trasparente y centrada en el Amor. Esto se da de forma real en la vida al interior de la Trinidad, entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

En la comunión entre personas, cada uno tiene un rol y cada relación personal es particular, y no hay relación “yo – tu” igual. Así iluminados por las relaciones de las personas de la Trinidad, vemos cómo el Padre tiene una relación única con el Hijo, y así con la persona del Espíritu Santo. Cada relación entre una comunidad es particular, en medio de varios vínculos.

Una comunidad se compone de varias personas que se relacionan y viven en comunión. Esta comunidad es como un árbol que tiene un solo tronco con distintas ramas que lo enriquecen. Una comunidad conformada por personas que se relacionan y se enriquecen entre sí y a la comunidad. Los cimientos de una comunidad así están en la Trinidad que es una comunidad de personas que se relacionan.

Con estos ejemplos se hace evidente que las personas humanas han sido creadas a imagen de esta comunidad divina de Amor. Del amor vivido al interior de la Trinidad surge el ser humano, creado por Amor es invitado a vivir ese mismo amor en comunión con los demás. Comunicando el amor depositado en el corazón, viviendo la caridad entregándose a los demás a imagen de Dios. Es así como las personas humanas encuentran y logran palpar el sentido de la vida, la entrega amorosa de unos por los otros, preocupándose por el bien del otro, el cual también se preocupa por ello.

Somos llamados y tenemos la capacidad de Amar y ser amados, y esto solo se logra viviendo en comunión.

Bibliografía.

Ladaria, F. (2010). El Dios vivo y verdadero; el misterio de la trinidad. Salamanca, España: Ágape. Secretariado Trinitario.

Serretti, M (2007). PERSONA Y CULTURA. El nombre de la persona.

Comisión Teológica Internacional (23 de julio de 2004.) Comunión y servicio: la persona humana creada a imagen de Dios. Capítulo I la persona humana creada a imagen de Dios.

© 2016 – José Felipe Mora Fallas para el Centro de Estudios Católicos – CEC

José Felipe Mora Fallas

José Felipe es costarricense, tiene 22 años, es laico consagrado, y actualmente vive en el Perú.

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