La era post-PC. Cambian los paradigmas.

La creatividad humana nos sorprende a cada paso, como la inventiva que adquiere belleza en las cosas simples e intuitivas. En los últimos años he sido un testigo de los temas tecnológicos y los he asociado al diseño que le agrega valor a las cosas, al uso y a lo que sea un aporte esencial para el ser humano.

Hace muchos años atrás me regalaron la primera Palm. Era un dispositivo que se hizo famoso. A los jóvenes habría que explicarles que era una agenda electrónica (PDA) y que parecía ser diseñada para adultos ocupados, gerentes eficientes y ejecutivos que querían sentirse modernos. La usé sólo una semana, y no sólo porque no pertenecía al perfil. Era pesada y un poco tediosa en la interface, no entraba en el bolsillo cómodamente y lo más importante, no era un teléfono como para llevar un solo aparato, pues hay que considerar que la mayoría de hombres no portamos carteras. Lo intuí como una idea inconclusa, un “device” de patas cortas.

En aquel tiempo, me preguntaba sobre la existencia de algo más completo, para que se justificara no como producto comercial ostentoso sino como algo realmente útil, como aporte honesto al hombre. Muchos me respondían que ya existían los teléfonos inteligentes sin comprender a qué me refería (eran celulares torpes con teclado, comercializados falsamente como grandes navegadores de internet que también duraron poco en el mercado), hasta que algunos meses después vi algo que mi mente había imaginado: la presentación del primer iPhone; y vislumbré de un chispazo el futuro móvil en la vida humana que hoy en día aparece como algo dado. El mundo se abría paso a la inmediatez hecha cultura. Corría el año 2007. Todas las empresas de telefonía tuvieron que empezar de nuevo. Palm quebró (lo compró HP que también fracasó en su división móvil webOS terminando en manos de LG). Blackberry que estuvo de moda por su tecnología push-mail, se ha mantenido en agonía desde aquel día y está a punto de desaparecer. Nokia que era el gigante de la telefonía ya no aparece en la lista y tuvo que venderse a Microsoft. Motorola fue comprado por Google quien ahora tiene pretensiones de hardware. Todo ha cambiado, los actores han cambiado, y nos abrimos a la era post-PC.

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En este paradigma actual, la idea de la conectividad real en el bolsillo como video, texto, imagen y voz van muy velozmente con las redes LTE (Long Term Evolution) y los nuevos 64bits en los procesadores que todos desean tener. Los medios electrónicos móviles han redefinido el concepto de lo inmediato acelerando la globalización como nunca antes, y las mismas compañías telefónicas tienen que ponerse al día con urgencia para soportar esta evolución. Algunas empresas norteamericanas en la actualidad vienen ensayando anular en sus políticas de comunicación el “email” pues resulta menos colaborativo y menos eficiente por ser una herramienta menos inmediata.

En este increíble cambio de los hechos aparecen dos medios que bajo los criterios de inmediatez han tomado cuerpo de modo notable:

1. La Nube o “Cloud computing” como el futuro de la administración informática: almacenaje y sincronización en tiempo real de la información de modo automatizado. La Nube, abanderada de la era post-PC, permite que cualquier dispositivo electrónico sea tan solo un terminal sin tener que cargar los famosos GB de datos antiguamente tan valorados en el mundo de la computación. Se están creando granjas de energía solar (Data Centers) de tamaño inimaginable para conectar y otorgar datos a todo el mundo en tiempo real de modo sostenible.

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2. Las redes sociales, creadas bajo la teoría según la cual toda la gente del planeta está conectada a través de no más de 6 personas o pasos y en consecuencia es posible conectar el mundo entero.

Las redes sociales

La existencia de una red social descansa exitosamente en la cuota de mercado ganado de modo viral y que obedece al vaivén de la moda creada por ellos mismos, a través de la reinvención permanente de su software. Han logrado revertir la escala del crecimiento demográfico, convirtiendo a las grandes ciudades en pequeñas aldeas. Las redes sociales han puesto al mundo tan a la mano como la Aldea Global de la que hablaba el pensador canadiense Marshall McLuhan en los 60´s.

Por esta inquietud tecnológica como manifestación cultural, he conocido de cerca las bondades y detrimentos de las redes sociales, no solo de carácter moral sino de la lógica intrínseca, los modos de hacer dinero a través de ellas, los cambios de las políticas, uso y privacidad, la necesidad de nuevos “features” o características para mantenerlas vivas, y el efecto viral que significa aumentar la masa crítica de activaciones; pues engañosamente en muchos casos, internet vive de introducir propaganda que irrumpe en lo que aparentemente era un entorno diáfano, limpio y sobre todo ofrecido como gratuito.

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Siendo honestos, actores importantes como Facebook y, Google -en sus diversos rostros aunque no sea propiamente una red social-, nos miran todo el tiempo: Les interesa saber quién eres, qué te gusta, cuáles son tus hábitos, tus tiempos, tu vida. Surge con temor el sentimiento de no poder escapar. Te rastrean, aunque han existido muchos intentos de prevenirlo. Les interesa además que pienses bien de ellos. No nos engañemos, para lucrar y vivir en el tiempo, necesitan venderte cosas sin que tú lo sepas o sin que tú lo sientas y tienen el poder oculto de hacerlo a través de sus algoritmos o programación compleja para determinar qué buscas y dónde te encuentras. A diferencia de la TV o la radio, con los dispositivos móviles interactuamos personalmente, nos manifestamos, nos expresamos y los llenamos de nuestra vida privada dando información útil que no podrás borrar. Han logrado con habilidad, tener enganchado al mundo entero como víctima de las bondades que ofrecen. Sabemos de estas redes sociales desde sus inicios, desde el nacimiento de Internet por el año 1994 y cómo han ido sobreviviendo, muriendo y volviendo aparecer según las mañas de activar y retener a los usuarios de mil modos sugerentes, moviendo los resortes de la valoración y el afecto en la sicología humana a través de procesar la información que muestras y que a su vez llegan a tus ojos como “likes” y “seguidores”. Todos andamos conectados a la realidad irrealmente, solemos hacer “phubbing”, conectados mientras estamos con otros ignorándolos, o haciendo “follow me”, que es seguir a quien sea sin saber realmente a quien sigues.

Facebook procesa 114 mil millones de minutos al mes sólo en Estados Unidos. Con todo, las bondades de las redes sociales son evidentes y en mucho son el pretexto de su existencia. Los jóvenes (entiéndase la generación de los post millenials, nacidos después de los 90´s) que conviven con esto, en primer mundo se van cansando, mutan, van usando un poco menos Facebook y saben bien que no son espacios para exponerse demasiado, mientras que la gente mayor se aproxima más ingenuamente o forzadamente, pues a diferencia de los jóvenes, usamos la tecnología pero no convivimos propiamente con ella, tenemos en la mente otros paradigmas, y nos reafirmamos en ser contemporáneos, nos exponemos muchas veces de modo cursi, y en algunos casos contándolo todo como en una confesión personal.

He preferido observar estas redes a través de sus usuarios y la experiencia ha sido muy interesante mirando el rumbo que toman y que tiene mucho de fatuo y de mentira. Ha pasado el tiempo, y muchos me preguntan extrañados porqué nunca he estado en Facebook con una cuenta personal, me dan consejos y sugerencias de lo trascendentes y útiles que son las redes sociales en las cosas que hago. Las buenas intenciones de las personas parecieran decirme que me abra a la modernidad, que no sea tan anticuado, que no le tenga miedo y me increpan para que sea más actual. Los más radicales me dicen que no existo.

Cierto, no estoy en Facebook, quizá porque tengo una idea altruista y personal de la amistad o quizá simplemente porque conociéndolo bien, me inclino por las cosas de utilidad honesta como decía al inicio. Sin embargo, me interesé en otro tipo de red social vertical: Instagram. Vertical es una red social con temática. Me gusta la fotografía y es verdad que muchos jóvenes no lo usan como yo, sino desde un modo más egocéntrico para publicarse, que igual es válido pues lo interesante de esto es la composición, la manifestación de cuadro fotográfico, y es sorprendente lo que ha llegado a ser bajo el ofrecimiento de filtros y efectos tan sencillos de usar en la interface. El pintor peruano Ramiro Llona ha decidido exponer en una galería limeña sus fotografías de Instagram que toma con su celular, pues encuentra ahí lo que hallaba en su pintura. Se comienza a descubrir millones de fotógrafos talentosos del mundo entero y de toda edad que ni ellos reconocían de sí mismos.

Instagram no tendría sentido viral sino fuera por la potencia de estos dispositivos móviles. Este tipo de red social es sostenido por el avance de la nanotecnología y la carrera brutal de la calidad fotográfica -que además puede producir video al ser digital-, ya no medida en megapíxeles sino en características y software. Hoy el smartphone, mañana (hoy) el wearable computing, necesitan tener la capacidad de mostrar un mundo bello de cosas. La cámara de fotos para la mayoría de los mortales ha muerto y el software-red social la ha terminado de matar.

¿Qué cosas interesantes pasan con Instagram? La aldea global aparece físicamente de modo nunca antes expresado. Comienzo a conocer gente de todo el mundo mostrando su cultura a través de la hermosura de sus paisajes, de la composición, de la luz, el color, el clima y del sentimiento. La naturaleza, la arquitectura, y los modos culturales se expresan en un discurso artístico que todo ser humano porta en sí mismo y sabe reconocer. Todo un mundo de expresión a través de la imagen y la inmediatez, gente del mundo entero produciendo arte sin querer queriendo. Personas contando sus vidas a través del espacio, locación, entorno, lugar donde están o han estado. Lo increíble es que se ha convertido en un medio-red social que al mostrar la geolocalización, nos permite conocer el mundo y a personas que viven y ven el mundo distinto a como tú lo ves. Una pedagogía sencilla de aprendizaje sobre el mundo como verdadera aldea asequible y enorme a la vez en su diversidad y riqueza.

Una avalancha de genios globales

Tengo un sobrino que a mis ojos es genio. Multiplica en su mente varios dígitos desde los 6 años y es memorioso. Pero su genialidad estriba en que es un alma fina, sensible, es creativo, constructor, mira en 3D y conecta con facilidad los “dots” que la realidad le presenta porque es tremendamente lógico. Comienza a descubrir el mundo con las herramientas que tiene a la mano. Ni nosotros, ni él mismo puede a sus 9 años saber qué hará con su talento; quizá el mundo lo lleve a ser un joven común, pero la tecnología y las tremendas posibilidades que han aparecido en los últimos tiempos no lo dejarán indiferente.

Son interesantes las interpretaciones de McLuhan sobre La Aldea Global pero con unos medios que no imaginó del todo. Hace unos días se decretó mundialmente “la hora del código”. El objetivo es que en toda escuela se debería aprender ciencias de la computación, hacer código que ya es conocido como el lenguaje más poderoso hacia el futuro. ¿Qué es eso? Lo que antes eran “programas” hoy se ha universalizado en castellano como aplicaciones, “apps”, y desde que la computadora se ha hecho móvil (en el bolsillo) las apps se han convertido en una fuente inimaginable de herramientas, de posibilidades y de transformación del mundo, incluso alternativas a la web. Posibilidades útiles, fáciles y también como no, de hacer dinero. Sólo en el Appstore de Apple, en menos de 5 años se han descargado 50 mil millones de apps hechas por miles de personas de todo el globo que han cambiado sus vidas y a través de sus apps, han hecho más fácil la vida de los demás. La ámbitos tanto de la salud como de la educación están por escribir nuevas páginas en el modo de aproximarse a ellas. Niños de 14 o 15 años afloran como grandes genios creativos inventando apps que luego ponen a la venta globalmente. Se han generado enormes ecosistemas y tiendas virtuales a nivel mundial en libros, video, apps, y música. Hace un par de meses la artista Beyoncé subió sin previo aviso un álbum de música con videos al precio de 16 dólares en iTunes. Se vendieron casi un millón de copias en tan solo 3 días. Ha sido la compra más grande de la historia de la música digital, evidenciando la muerte del formato físico CD que sigue en la inercia de su desaparición.

Este 2014 se reinventará el TV como un “hub” de la vida digital en casa, aunque muchos piensen que ya existe el “smart TV” como pasó con el teléfono en el 2007. MacLuhan volverá a acertar, pero no nos engañemos, que la vida real y auténtica es la verdaderamente valiosa e importante, es la que nos otorga las experiencias de amar y de ser felices y deberá encontrar los modos de interactuar con la inexorable vida digital adecuadamente para enriquecerla, pero si algo valioso nos trae esta revolución con ruido incorporado, es la posibilidad de que la pequeña aldea llamada planeta Tierra, pueda construirse como un mundo mejor sin olvidar que nosotros somos sus protagonistas. Por eso no se trata de estar a la moda, se trata de comprender holísticamente este mundo en movimiento que ofrece enormes posibilidades, se trata de comprender la dirección en la que se encaminan nuestros hijos como autores que escriben el futuro, su futuro y que salen a conquistarlo, pues lo que depende de nosotros es entregar una posta a la siguiente generación libres de “phubbing”: entreguemos la posta con nuestras manos, que es la que vale la pena entregar.

© 2014 – Álvaro Ballón Mendiola para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Álvaro Ballón Mendiola

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