Nuestra-identidadCuando nos hacemos las preguntas fundamentales sobre nuestra propia existencia y, de alguna manera, reflexionamos sobre nuestra identidad, no podemos dejar de tomar conciencia de que cada uno de nosotros es persona humana.

Sí. Cada ser humano, cada hombre y mujer, cada niño y anciano es invitado por el Creador desde el mismo momento de su procreación a ser persona.

Para ahondar en este concepto quiero citar a Luis Fernando Figari, pensador católico contemporáneo y fundador de varias asociaciones eclesiales:

«El ser humano es persona, ser abierto a la comunicación, capaz de escucha y respuesta, de diálogo y comunión. El ser humano es una criatura abierta al encuentro, y habría que decir más; inmersa en el dinamismo del encuentro. Ante él, desde su libertad, puede responder en un sentido u otro, dependiendo su realización de la naturaleza de su respuesta. Este dinamismo siempre lo lleva más allá de sí, e incluso de aquellos semejantes a sí, en un hambre de infinito que respondiendo a su hondura más propia lo remite al único que es respuesta y que puede saciar ese hambre, a Aquel que es mayor significación: a Dios» ((Luis Fernando Figari, La dignidad del hombre y los derechos humanos, Fe, Lima 1991, p. 13.)).

De esta manera nos aproximamos al ser humano como ser libre, teologal, abierto al encuentro con el Tú divino, con Dios, y abierto al encuentro con los demás seres humanos. Por ello, podemos decir que el ser humano llamado a ser persona es un ser para el encuentro, la comunicación, la donación y la amistad.

El ser humano tiene una vocación al encuentro que constituye un dinamismo fundamental, propio de todo hombre y mujer. Dicha tendencia hace parte de su realización y felicidad plena. Este anhelo de encuentro –sellado en lo más hondo del corazón humano, en aquello que llamamos mismidad–, es lo que llamamos hambre de infinito, nostalgia de trascendente plenitud, que lo conduce hacia el único que puede saciar plenamente esa hambre, a Dios.

«Y es que el ser humano no se debe a sí mismo. El hombre es criatura de Dios, creado a imagen y semejanza suya por sobreabundancia de amor e invitado al diálogo, la comunicación, la amistad, la cooperación, la comunión y participación con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, comunidad divina de amor» ((Ver Camino hacia Dios, 28: El hombre ser para el encuentro. En: http://www.caminohaciadios.com/chd-por-numero/55-28-el-hombre-ser-para-el-encuentro)).

Cuánta tristeza, desazón, soledad e infelicidad vive el hombre hodierno cuando no despliega y no vive sus dinamismos fundamentales que apuntan a la plenitud de su existencia.

Qué importante resulta entrar en nosotros mismos y encontrarnos con la grandeza del Creador y con ese gran misterio que somos nosotros mismos para así lanzarnos a plenificar nuestra existencia viviendo el amor.

Humberto Del Castillo Drago

Humberto nació en la ciudad de Lima (Perú). Pertenece al Sodalicio de Vida Cristiana, y es fundador y director del Centro de Desarrollo Integral de la Persona Areté.

Actualmente reside en Medellín, Colombia. Puedes visitar su blog en psicologiayvirtud.blogspot.com

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