...Queda en evidencia que todo el trabajo que hace Fromm acerca del amor a Dios está teñido e influenciado por su misma creencia: la "creencia" de no creer en un Dios, más bien de creer que Dios es la representación de los valores supremos que el hombre quiere alcanzar. Me parece muy importante señalar esta aclaración para dar cuenta de que por más científico y metódico que pueda parecer el trabajo de Fromm, está inevitablemente afectado por su manera de pensar y sus creencias...

EL ARTEEEEEn el libro “El arte de amar” Erich Fromm realiza diversas descripciones acerca de los distintos objetos amorosos. Ante todo, debemos decir que el autor entiende el amor como una actitud, como una orientación del carácter. Es decir, amor no es una relación con una persona específica, sino una relación con el mundo como totalidad. En otras palabras, el amor no lo constituye, no lo define el objeto amoroso, sino que ante todo es una facultad de la persona amante. Según Fromm, lo que diferencia a los amores son las diversas clases de objetos a los cuales se le ama. Comienza con el amor fraternal para finalmente terminar en el amor a Dios.

Nos centraremos específicamente en analizar la descripción que hace el autor acerca del amor a Dios. Fromm señala que la necesidad de amar reside en la experiencia de separatidad. Esto significa la experiencia, en varias dimensiones (por ejemplo física en el amor erótico), de estar separado del objeto amoroso. La angustia de la separatidad me impulsa a superarla por medio de la experiencia de la unión. Y para él, el amor a Dios, desde el punto de vista psicológico, también es de índole similar.

Para las religiones teístas Dios representa el valor supremo, el bien más deseable. Es decir, Dios será lo que para la persona sea su bien supremo. Por ello es necesario realizar un análisis de la persona, específicamente de la estructura caracterológica de la persona que adora y ama a Dios. A partir de esto, Fromm hace un breve desarrollo acerca de cómo a través de la historia el hombre fue entendiendo a Dios desde sus distintos valores, que fueron cambiando.

En el comienzo el hombre emergente de la naturaleza se aferra a ella en esos lazos primarios. Se identifica con la naturaleza, con los animales, los árboles, etc. Luego, por medio del desarrollo de la habilidad del hombre, Dios pasará a ser el mismo producto de su trabajo. Etapa de los dioses hechos de arcilla, plata u oro. En una etapa ulterior ya el hombre comienza a darle forma humana a los dioses. Para Fromm esta etapa se da cuando el ser humano toma consciencia de sí mismo como la cosa más elevada y digna del mundo.

Es esta visión la que tiene la sociedad actual en sus diversas culturas. Pero, como es imposible quitar del corazón humano el amor maternal, la figura de la madre no se ha logrado quitar del todo de la concepción acerca de Dios. Es por eso que en las diversas religiones los aspectos maternales están siempre presentes.

El amor de Dios hacia mí y mi amor hacia él son inseparables. Es decir, si Dios es una madre para mí, según los aspectos que señalamos en la visión matriarcal, entonces mi amor hacia Dios va a ser como mi amor hacia una madre. Lo mismo para la visión patriarcal. Si Dios es un padre, me ama como hijo y yo le amo como padre. Este factor pues de la fase patriarcal y matriarcal es uno de los factores que determinan la naturaleza del amor a Dios.

erich-frommPara describir mejor los grados de madurez que tiene el hombre frente al amor de Dios, Fromm va poniendo ejemplos de las Sagradas Escrituras: Al comienzo se tiene una visión de Dios como déspota, celoso, que considera al hombre como su propiedad y por tanto que tiene derecho a hacer con él cuanto quiera. Es pues la etapa en que Dios arroja al hombre del paraíso, en que Dios manda el diluvio, en que Dios le pide a Abraham que mate a su hijo Isaac. La siguiente etapa es la del pacto con Noé. Dios promete no volver a destruir más a la raza humana; es Dios mismo que se compromete y no obliga al hombre. Es decir, deja de utilizar ese derecho de hacer cuanto quiera Él con el hombre y más bien es dócil a sus peticiones. Por ejemplo, a la petición de Abraham de no destruir a Sodoma.

La etapa posterior lleva a ver a Dios como símbolo de sus principios. Es decir, Dios comienza a ser verdad, justicia, amor, etc. Dios deja de ser un hombre, un padre, una persona. Y por tanto Dios no puede tener un nombre, pues éste lo representaría como algo finito, como una persona. Es el Dios pues de Moisés, que no le da un nombre ni a él ni a su pueblo, “es el que es”. Con esto se busca liberar a la persona de la idea de Dios como persona y padre.

Finalmente, esta idea se transforma en quitarle a Dios incluso atributos positivos, pues eso implicaría nuevamente que es una persona. Dios es el justo, es el sabio y el poderoso, etc. Solo puedo mencionar sus atributos negativos y cuanto más sé lo que no es Dios, más lo conozco realmente. Esta idea llevará a la conclusión de que no se debe mencionar a Dios. Y luego Dios soy yo en la medida en que soy humano.

Para Fromm, este desarrollo muestra que la madurez en cuanto a la concepción de Dios está en salir de la etapa infantil de entenderlo como un padre, para comprender que Dios es el símbolo que el hombre ha puesto a la totalidad de lo que se esfuerza por alcanzar, los valores supremos. Amar a Dios significa pues, el anhelar el logro de la plena capacidad de amar, para llegar a la realización de lo que “Dios” representa en el hombre. Por ello, según Fromm, es que no podemos hablar de teología, es decir de conocimiento de Dios, pues no existe. Dios es la representación de los valores deseables en el hombre.

Todo este desarrollo de la concepción de Dios en el hombre muestra que Fromm considera como justo y verdadero el cambio de una visión teísta al sistema no-teísta en la sociedad, pues es evidente que para él ya no tiene sentido creer en Dios. En sus mismas palabras: «Puesto que he hablado del amor a Dios, quiero aclarar que, personalmente, no pienso en función de un concepto teísta, y que, en mi opinión, el concepto de Dios es sólo un concepto históricamente condicionado, en el que el hombre ha expresado su experiencia de sus poderes superiores, su anhelo de verdad y de unidad en determinado período histórico».

[pullquote]Queda en evidencia que todo el trabajo que hace el autor acerca del amor a Dios está teñido e influenciado por su misma creencia (si es que la podemos llamar así). La creencia de no creer en un Dios, más bien de creer que Dios es la representación de los valores supremos que el hombre quiere alcanzar. Me parece muy importante señalar esta aclaración para dar cuenta de que por más científico y metódico que pueda parecer el trabajo de Fromm, está inevitablemente afectado (en el buen sentido de la palabra) por su manera de pensar y sus creencias.[/pullquote]

Esto no me parece necesariamente un problema o un aspecto negativo, pero sí me parece importante tenerlo en cuenta a la hora de acercarse a la lectura para no tomar todo lo que dice como si fuese objetivo. Su trabajo está empapado de su subjetividad, y vuelvo a decir, no me parece malo, es totalmente natural.

El punto clave, y es el que quiero criticar, creo que está en la misma concepción de Dios que tiene Fromm, y quiero decir más precisamente en la manera de acercarse a la realidad de Dios que desde el comienzo deja en claro el autor. Para ver la comprensión acerca del concepto de Dios, dice Fromm, debo comenzar por realizar un análisis de la estructura caracterológica de la persona que adora a Dios. Esto me parece completamente errado, ya que se intenta definir lo que es Dios partiendo de la persona que se acerca a Él. Tan absurdo me parece como querer definir completamente a mi madre viendo y partiendo de mí, estudiándome a mí, conociéndome a mí. Y eso que solo pongo un ejemplo con dos personas que tienen el mismo valor, la misma dignidad y la misma naturaleza. Con Dios es incluso aún más absurdo.

Lo que sabe el hombre acerca de Dios es lo que Él mismo ha revelado acerca de Él. No quiero negar con esto que una persona no puede conocer a Dios sin haber conocido su revelación, pues como dice San Agustín, “Dios es más íntimo que yo mismo”, y por ello en mi corazón, en mi ser, puedo conocer a Dios, pero ciertamente no tanto como lo puedo conocer mediante la Revelación. El conocimiento que tiene el hombre de Dios es de manera más profunda fruto de la Revelación, y creo que ese es el punto de partida para buscar comprender a Dios, poder tener una concepción suya y por tanto del respectivo amor hacia Él. Hacer un desarrollo sobre el amor a Dios, hablar de esto, implica primero una recta concepción de Dios, una concepción desde la Revelación dada. Pero para ello es necesario la virtud teologal de la fe. Sin fe es muy difícil poder concebir a Dios. Y justamente es desde esa visión que Fromm escribe, sin la virtud de la fe, más aun, desde la creencia en que Dios no existe.

Me parece que esto hace totalmente inválidas sus constantes referencias a la Sagrada Escritura y a la religión católica, pues al no tener la virtud de la fe, sus conclusiones son producto de una lectura sin dicha virtud, y por tanto lo leído sin el Espíritu con que fue escrito no es comprendido realmente, sino que reducido a una visión meramente horizontal, mundana.

Un argumento que afirma esta tesis es el hecho de que el mismo Fromm ponga en contradicción a las mismas Sagradas Escrituras. Por ejemplo, cuando llega a la conclusión de que Dios es como el padre al cual le tenemos que rendir cuentas, que tenemos que obedecer, que nos exige y no nos ama incondicionalmente. Totalmente contrapuesta a la figura del padre que vemos en la parábola del hijo prodigo (Lc 15, 11-32). Es decir, al no tener la virtud de la fe no se comprende la unidad de la Sagrada Escritura, más bien, se contrapone.

[pullquote]El final inevitable de esta visión de Dios, del querer comprender a Dios a partir del hombre, es el proponer finalmente al hombre como Dios, y es a la conclusión a la que llega el mismo Fromm. Si busco entender a Dios desde la pura experiencia humana, cerrada a lo trascendente, entonces la conclusión inevitable a la cual se llega es que Dios sea la representación de los valores que el hombre está llamado a buscar, conclusión totalmente lógica y consecuente con el modo de pensar del autor.[/pullquote]

© 2015 – Álvaro Majluf para el Centro de Estudios Católicos – CEC

 

Álvaro Majluf

Álvaro es chileno y en la actualidad reside en Buenos Aires (Argentina), donde adelanta estudios de Ingeniería Industrial.

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