La medicina como área de conocimiento tiene una larga historia que es importante conocer y comprender, pues en este proceso histórico se encuentran elementos fundamentales que son la razón de ser de esta ciencia. Es una disciplina que se conoce y practica desde tiempos muy antiguos, y resulta interesante encontrar que desde sus comienzos ha sido concebida como un servicio al hombre que padece alguna enfermedad; en síntesis, ha estado siempre centrada en atender a quien necesita ayuda. Sin embargo, a la luz de la Fe y de la Revelación, hay un acontecimiento que, así como ha impactado todas las realidades del hombre, también ha marcado la medicina y por lo mismo todo su desarrollo histórico.

La Encarnación del Señor Jesús, sus palabras y obras, han enriquecido la concepción y el ejercicio de la medicina que ya se venía desarrollando desde la antigüedad y se viene desarrollando hoy. Consideramos que la doctrina cristiana ha realizado importantes y abundantes aportes a la profesión médica. Sin poderlos mencionar todos aquí, quisiera mencionar sucintamente los que considero más importantes:

  1. La fundamentación del concepto de Persona Humana: El desarrollo de la antropología cristiana, que supera el dualismo tradicional, que propone el valor y la dignidad del ser humano en toda su integridad, al haber sido creado por el amor de Dios, a su imagen y semejanza.
  2. La configuración teológica en la asistencia del enfermo y la profesión médica: En este sentido la asistencia sanitaria adquiere un valor nuevo, que se encuentra en la vivencia de la caridad de Cristo. En cada persona enferma que se atiende está la imagen visible de Cristo, el rostro sufriente del Señor que espera ser atendido con el mismo amor que Jesús le tuvo a cada uno de los enfermos que sanó.
  3. Las enseñanzas del Buen samaritano: Es el modelo a seguir de cualquier profesional de la salud. Es lección de reverencia frente a la dignidad e integralidad de todo ser humano. En la tradición católica, es el símbolo de la atención a los enfermos. Se caracteriza por la asistencia material y conjuntamente el anuncio del Evangelio. Jesús explica quién es el prójimo mediante esta parábola. Dos ya habían pasado y al ver al judío herido, siguieron de largo, sin embargo, el samaritano perteneciente a un pueblo enemigo de los judíos- “al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él” (Lc 10,37). La medicina recibe una importante exhortación a partir de esta parábola; como decía el Papa Benedicto XVI: “con las palabras finales de la parábola del Buen Samaritano, «Anda y haz tú lo mismo» el Señor nos señala cuál es la actitud que todo discípulo suyo ha de tener hacia los demás, especialmente hacia los que están necesitados de atención. Se trata por tanto de extraer del amor infinito de Dios, a través de una intensa relación con él en la oración, la fuerza para vivir cada día como el Buen Samaritano, con una atención concreta hacia quien está herido en el cuerpo y el espíritu, hacia quien pide ayuda, aunque sea un desconocido y no tenga recursos” ((S.S. Benedicto XVI. Mensaje para la XXI Jornada Mundial del Enfermo, 11/02/13)).
  4. El médico en sentido cristiano: El concepto del profesional médico también se transforma, dejando de ser un personaje que está por encima de la ley moral para convertirse en un servidor, un instrumento en las manos de Dios para servir a los que sufren.
  5. Promover un diálogo entre la razón científica y las verdades de Fe: Estas lecciones fueron acogidas por quienes conformaron la Iglesia primitiva y su transmisión puede verse hasta nuestros días. Al recopilar los sucesos que han hecho parte de la vida e historia del Pueblo de Dios, se puede evidenciar cómo este ha procurado ser fiel a las palabras de Jesús. La Iglesia, a la que se ha confiado la tarea de prolongar en el espacio y en el tiempo la misión de Cristo, no puede desatender estas dos obras esenciales: evangelización y cuidado de los enfermos en el cuerpo y en el espíritu” ((S.S. Benedicto XVI, Mensaje para la XVIII Jornada Mundial del Enfermo, 11/02/10)). Lo vemos por ejemplo en los primeros cristianos, que a pesar de no haber establecido lugares para la atención de las personas –debido a las persecuciones– sí procuraban acercarse a aquellos que los buscaban necesitados en el cuerpo y el espíritu. Los curaban, los asistían, devolviéndoles la salud. Pedro Laín Entralgo, médico e historiador español, comenta que posteriormente, con la paz constantiniana y el fin de las persecuciones, se adecuaron lugares para atender a los peregrinos enfermos y pobres. Un ejemplo de ello fue la Ciudadela de la caridad construida en el siglo IV por San Basilio. El surgimiento del monacato trajo consigo un desarrollo en la asistencia a los enfermos. San Benito fue un propulsor de la atención hospitalaria en sus monasterios. Por ejemplo en su Regla, deja explícita la exhortación a servir a los enfermos y peregrinos como si fueran el mismo Cristo ((Pedro Laín Entralgo. El médico y el enfermo, Guadarrama, Madrid 1969. p. 60)).

Es así como el cristianismo revolucionó y trajo una novedad a las prácticas médicas que hundían sus raíces en la medicina de la Grecia antigua y que se habían realizado hasta entonces. Siguiendo el texto referido, Laín Entralgo, dice que “la atención al bien espiritual determina que la relación entre el médico y el enfermo sea novedosa, en primer lugar porque no se hacen distinciones para ofrecer tratamientos –es igual el libre que el esclavo–, y por otro lado se incorpora el consuelo como parte del ejercicio médico, la asistencia gratuita por caridad, las prácticas religiosas en la curación, como la oración y los sacramentos, entre otras” ((Pedro Laín Entralgo. El médico y el enfermo, Guadarrama, Madrid 1969. p. 56)). También ha sido fundamental su aporte en el desarrollo de instituciones de atención, hospicios, hospitales, orfanatos y centros de atención, realidad que es evidente hasta hoy.

[pullquote]En la actualidad, a pesar de la secularización de muchos ámbitos e instituciones de salud, se continúan impulsando por parte de la Iglesia, como se ha hecho desde los inicios del cristianismo, diversas iniciativas para asistir a aquellos que son más pobres y necesitados. En los lugares más distantes y marginados asume las tareas que no muchos realizan ni quieren realizar por su carácter poco lucrativo y porque representa “poca utilidad”, como lo es la acogida de ancianos, huérfanos, enfermos terminales, drogadictos, enfermos de cáncer, SIDA, entre otros. Uniendo estas y otras iniciativas, la Iglesia Católica es hoy en día la institución con más obras en el campo de la atención en salud en todo el mundo.[/pullquote]

Cabe resaltar, que no son pocos los hombres de fe que al haber asumido un papel protagónico en la defensa de la vida de los hombres y que han procurado asistencia y curación a los enfermos, han sido elevados a los altares. Vale la pena mencionar entre ellos a San Vicente de Paul, San Juan de Dios, San Camilo de Lellis, San Giuseppe Moscati, la Beata Teresa de Calcuta, Santa Gianna Beretta, San Juan Pablo II, entre otros. Son estos acontecimientos, entre muchos otros, los que han acompañado la vida del Pueblo de Dios en el campo de la salud y la medicina, lo cual demuestra que la Iglesia tiene autoridad moral en el tema de la salud del hombre. Así como ayer, hoy tiene mucho que decir y aportar.

© 2016 – Álvaro Díaz Díaz para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Álvaro Díaz Díaz

Álvaro es miembro del Sodalicio de Vida Cristiana, es colombiano y médico de profesión; Actualmente está realizando una especialización en Medicina Interna. Tiene interés en el área de cuidado paliativo.

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