¿Cuál es la importancia de poner límites en la educación de los hijos? Giuliana nos da pistas en su vlog de hoy:

Educar con límites: impopular pero necesario

[inline_related_posts]

Amamos a nuestros hijos más que a nadie en el mundo. Eso es inevitable. Y está bien. Está perfecto. Si no fuera así, tal vez deberíamos empezar a sospechar que tenemos algún problema afectivo que revisar. Sin embargo, amar no significa complacer a nuestros hijos en todo. Eso es malcriar.

Amar a un hijo es darle todo, pero todo eso que le hace bien. Es buscar su bienestar. Es formarlo en las virtudes esenciales que incluyen, necesariamente, la paciencia, la fortaleza, el autodominio, la perseverancia, la obediencia, el respeto, la responsabilidad y la sobriedad. Sin estas virtudes, una persona encontrará muchos obstáculos en el camino para cumplir sus sueños. ¿Queremos que nuestros hijos se frustren? ¿O queremos que sean felices? Si es lo segundo, entonces debemos ser conscientes que sin límites no hay posibilidad alguna de que una persona logre adquirir esos hábitos positivos que mencionamos. Por lo tanto, si nuestro deber es darle a nuestros hijos una educación para la vida buena (y no para la “buena vida”), entonces debemos empezar a decir “no” más seguido.

[pullquote]El problema con los límites está en que muchas veces los padres no tenemos clara la línea que divide ser egoísta y represor con la de la generosidad bien entendida, esa que da lo que es justo y, como ya dijimos, busca lo que es bueno para el otro. Es una línea que se vuelve difusa muchas veces. ¿Qué hacemos, entonces? ¿Decimos sí? ¿Decimos no? ¿Cuándo, cómo y por qué?[/pullquote]

Por lo complicado del asunto de este artículo, creo que me atreveré a hablar un poco desde mi experiencia de madre y de gran entusiasta en el tema de la educación familiar. Y lo primero que me viene a la cabeza es esta idea: “Nos equivocaremos muchas veces”. Pero esto no debe impedir que cada día tratemos de enrumbar el camino. Además, educar implica mucho ensayo y error (aunque mientras menos error, mejor). Más aún si sabemos que cada hijo es único y distinto por lo que la misma estrategia puede tener resultados diversos en uno que en otro si se aplica por igual. ¿Qué quiero decir con esto? Que nos debemos atrever a poner límites y, sin duda, será mejor equivocarnos por exceso que por permisivismo. La evidencia revela que uno se hace más fuerte en la carencia que en la opulencia.

Otro punto sobre el que creo importante preguntarnos es si, como padres, nos creemos capaces de delimitar el camino por el cual queremos que nuestros hijos anden. Y, aunque nos dé un poco de flojera, como educadores principales de nuestra descendencia, la “capacitación” es ineludible. Y ella implica formación y cultivo. Existen muchos libros que nos pueden dar algunas luces básicas sobre la educación con límites (al final del artículo les recomendaré algunos) así como, si queremos entrar en la categoría de los pesos pesados de la formación humana, nos podemos zambullir en clásicos de la filosofía y otros textos que invitan a la continua reflexión sobre la transcendencia del ser humano. Sea como sea, no está demás mirar la experiencia de otros que ya han recorrido el camino y nos pueden iluminar en nuestra labor educativa dándole mayores opciones de éxito.

Finalmente, no debemos olvidar que la principal herramienta en la formación de nuestros hijos somos nosotros mismos, sus padres. La mejor manera de inculcarles control, autodominio, paciencia y fortaleza es a través de nuestro ejemplo. Hace unos días, luego de una conferencia que di sobre la educación en casa, se me acercó una pareja de esposos. Los dos, con cara de angustia, me preguntaron cómo podían hacer con sus hijos, uno de dos y otro de cuatro años, que no obedecían, respondían mal, gritaban y se pegaban entre ellos. Estaban desesperados. Los miré y les hice una simple pregunta: “¿Los gritan? ¿Se gritan entre ustedes?”. El intercambio de miradas entre ellos fue más que elocuente. Quizá pensaron que era vidente por haber descubierto su gran secreto, un tanto evidente a los ojos de alguien con experiencia en problemas familiares. Con la cabeza gacha me respondieron: “Sí”. Lo siguiente fue un poco más de lo que ya les dije: “¿Cómo pretenden que niños tan chiquititos sean virtuosos si ustedes les enseñan lo contrario?; “¿Están imponiendo límites proporcionales a su edad?”. Porque ese es otro error clásico: pretender que un niño de dos años actúe con la madurez y discernimiento de uno de veintidós. Y si no es así, culpamos al niño.

[pullquote]Sirva el ejemplo para ilustrar que educar con límites es una tarea diaria y dura. Pero muy necesaria. Y que requiere, sin duda, que como padres delimitemos nuestro pensar y actuar. Lo que no podemos dudar es que un niño sin límites será un adulto insatisfecho e infeliz. No es un futuro que queremos ni que no nos deba preocupar. Hagamos lo que está en nuestras manos para formar a nuestros hijos en este aspecto que puede, y debe, ser objeto de nuestra atención si queremos su mayor bien.[/pullquote]

Algunos libros que pueden ayudar

Lyford-Pike, A. Ternura y firmeza con los hijos. Santiago: Universidad Católica de Chile, 1997.

Poli, O. No tengas miedo a decir no: los padres y la firmeza educativa. Madrid: Palabra, 2009.

Urra, J. (2007). Niños tiranos. Cuándo conviene decir “no”.

Caccia, G. Educación en serio. Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan. Lima: Editorial Planeta, 2016.

© 2016 – Giuliana Caccia Arana para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Giuliana Caccia Arana

Giuliana está casada y tiene dos hijos. Comunicadora social (Universidad de Lima) y Master en Matrimonio y Familia (Universidad de Navarra, España), es creadora de La Mamá Oca y autora del libro “Educación en serio. Reflexiones para ser los padres que nuestros hijos necesitan” (Ed. Planeta/Sello Diana). También es Directora del área de Familia del CEC.

View all posts

Add comment

Deja un comentario