blogA veces se entiende erradamente la firmeza que debe tener un empresario como si esto significara imponerse ante el resto y nunca mostrar los propios errores. Uno de los primeros consejos que recibí de mi jefe en uno de mis primeros trabajos fue: “En esta empresa todos son tiburones que te quieren devorar; o te vuelves uno de ellos o te destrozan”.

El complejo de superioridad puede llevar a muchos líderes a caer en un cierto autoritarismo poniéndose por encima del otro y descalificando a las personas de su entorno. En contextos de agresividad o una competitividad mal entendida, la humildad se levanta como aire fresco que inunda de autenticidad las relaciones laborales.

El testimonio luminoso que nos da el Papa Francisco evidencia el impacto que tiene la humildad para disponer adecuadamente el cambio desde lo profundo. Siendo quizá una de las personas más influyentes y ocupadas del mundo, sus gestos de sencillez y cercanía ante cada persona, sea cual sea su origen o condición, son un ejemplo a seguir. En uno de sus discursos denunciaba algunos ídolos que bien podríamos aplicarlos al mundo empresarial: “la ambición, el carrerismo, el gusto del éxito, el poner en el centro a uno mismo, la tendencia a estar por encima de los otros, la pretensión de ser los únicos amos de nuestra vida.”

Un ejercicio que recomiendo a quienes ocupan puestos de responsabilidad es preguntar a las personas que tienen a su cargo, qué aspectos de su gestión le recomendarían cambiar o mejorar, sin miedo a escuchar críticas ni censurar a quienes tienen una visión distinta a las suyas. Al promover un diálogo franco y abierto el liderazgo se fortalece pues se fundamenta en la verdad y en el respeto por la dignidad de la persona, más allá de nuestros cargos, defectos o limitaciones.

[pullquote]Cabe recalcar que la humildad no es ignorar las virtudes ni inventarse defectos. Todo lo contrario: la humildad es andar en verdad; es decir reconocer los talentos que poseemos, pero siempre con la certeza que dichos dones nos han sido dados gratuitamente por Dios para servir a los demás.[/pullquote]

 
© 2014 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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  • […] Às vezes se entende erroneamente a firmeza que um gestor precisa ter, como se isso significasse impor-se diante dos outros e nunca mostrar os próprios erros.   Um dos primeiros conselhos que recebi do meu chefe, em um dos meus primeiros empregos, foi: "Nesta empresa, todos são como tubarões que querem devorar você: ou você se torna um deles ou eles vão acabar com a sua raça”.   O complexo de superioridade pode levar muitos líderes a cair em certo autoritarismo, colocando-se acima dos outros e desqualificando as pessoas ao seu redor. Em contextos de agressividade ou de uma competitividade mal entendida, a humildade se levanta como ar fresco que inunda de autenticidade as relações de trabalho.   O testemunho luminoso que o Papa Francisco nos dá evidencia o impacto que a humildade tem para dispor adequadamente a mudança desde o mais profundo. Sendo ele uma das pessoas mais influentes e ocupadas do mundo, seus gestos de simplicidade e proximidade diante de cada pessoa, seja qual for sua origem e condição, são um exemplo a seguir.   Em um dos seus discursos, o Papa denunciou alguns ídolos que poderiam ser aplicados ao mundo empresarial: a ambição, o carreirismo, a busca do êxito a todo custo, o egocentrismo, a tendência a se colocar acima de todos, a pretensão de ser os únicos amos da nossa vida.   Um exercício que recomendo aos que ocupam cargos de responsabilidade é perguntar às pessoas subordinadas a eles que aspectos da sua gestão elas sugerem que sejam mudadas ou melhoradas, sem medo de escutar críticas nem censurar os que possuam uma visão diferente da sua.   Ao promover um diálogo franco e aberto, a liderança se fortalece, pois se fundamenta na verdade e no respeito pela dignidade da pessoa, muito além dos nossos cargos, defeitos ou limitações.   Cabe recordar que a humildade não significa ignorar as virtudes nem inventar defeitos. Muito pelo contrário: a humildade significa andar na verdade, ou seja, reconhecer os talentos que possuímos, mas sempre com a certeza de que tais dons nos foram dados gratuitamente por Deus para servir os outros.   (Artigo publicado originalmente pelo Centro de Estudios Católicos) […]