El arzobispo Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados, intervino el pasado sábado, 12 de marzo, en el Encuentro de Formación Misionera organizado por el Centro para la Cooperación Misionera entre las Iglesias de la diócesis de Roma, y cuyo tema era “Nuestra Iglesia es una Iglesia de mártires”. Reproducimos a continuación amplios extractos del discurso del prelado, dedicado a la prevención del radicalismo y el fundamentalismo mediante el diálogo y el conocimiento mutuo de las diversas religiones y la cooperación de los Estados para poner fin a las persecuciones en nombre de la religión.

“Desde hace algunos años asistimos con gran inquietud a un crescendo exponencial de los casos de intolerancia, discriminación, extremismo, fundamentalismo y peligros para las libertades individuales, sobre todo por lo que concierne a la libertad religiosa y de expresión… En particular, creo que puedo decir que extremismos y fundamentalismos religiosos de diversa procedencia están a menudo en la base de la hostilidad contra los cristianos y contra los fieles de otras minorías religiosas, comenzando por el aumento de grupos armados de matriz fundamentalista, que se convierten en organizaciones terroristas y comprometen seriamente la seguridad internacional. A esto hay que añadir la promulgación en algunos países de leyes contra la blasfemia que se han convertido en fácil pretexto para los que quieren perseguir a los que profesan un credo religioso diferente del mayoritario. Tampoco hay que olvidar que en los países gobernados por regímenes autoritarios o totalitarios se dan graves restricciones de la libertad religiosa. Además, en algún otro país los detenidos por motivos religiosos reciben peores tratamientos que los demás. Tampoco se puede ignorar el flagelo del tráfico ilícito de armas, así como la producción y venta de armas por parte de sujetos de derecho internacional, que hacen posible la prolongación de los conflictos. Por último, la desestabilización continua de Oriente Medio ha exacerbado la violencia contra las minorías religiosas, incluidos los cristianos, obligándolos a huir de sus hogares para escapar de los horrores de la guerra y la persecución”.

“Por lo tanto, se hace más urgente y necesaria la cooperación internacional para detener estas atrocidades, pero también para reafirmar plenamente el derecho a la libertad religiosa y condenar cualquier tipo de discriminación y de intolerancia por motivos religiosos en todos los rincones de la tierra, incluido Occidente, donde no son raras las formas de discriminación, que a menudo se ocultan tras la apariencia de los llamados “valores democráticos”….La hostilidad contra las minorías religiosas debería interpelar la conciencia de la comunidad internacional y sacudir del letargo a todos los que han sido designados para velar por el respeto de los derechos fundamentales, incluida la libertad religiosa y el derecho a la vida”.

“La postura de la Santa Sede es esta: buscar siempre el bien de la persona y de los pueblos, defender la paz y garantizar el respeto de la dignidad de toda persona humana y sus derechos fundamentales, todo ello en pro de la dignidad y la protección de los seres humanos y no por una simple razón de Estado, ni para defender el propio interés. Para lograr este fin, la Santa Sede hace todo lo posible para promover el diálogo con todos los interlocutores disponibles, invitando a los Estados y a otros entes a cooperar e intentar resolver los conflictos mediante soluciones políticas y diplomáticas, siempre con pleno respeto del derecho internacional. A esto hay que añadir la aplicación del principio de la “responsabilidad de proteger”, que ha sido siempre uno de los puntos cardinales de la actividad internacional de la Santa Sede y siempre ha formado parte de su mensaje a la comunidad de las naciones”.

“En numerosas ocasiones, Francisco ha denunciado el “silencio cómplice y vergonzoso de todos” ante las “persecuciones atroces, inhumanas e inexplicables, todavía presentes en nuestros días en muchas partes del mundo”…El Santo Padre ha expresado el deseo de que “la opinión pública mundial sea cada vez más atenta, sensible y partícipe ante las persecuciones llevadas a cabo contra los cristianos y las minorías religiosas “, y ha pedido que ” la comunidad internacional no asista muda e inerte a este crimen inaceptable, que constituye una preocupante deriva de los derechos humanos más esenciales e impide la riqueza de la convivencia entre pueblos, culturas y religiones “.

“En este sentido, la Santa Sede siempre ha apoyado la importancia del respeto a la libertad religiosa, que debe ser promovida y no limitada. De hecho, en base a esta libertad, entendida como derecho fundamental, se puede ampliar el diálogo, por ejemplo, involucrando a los diversos estamentos religiosos y sociales: así se favorecen las condiciones necesarias para construir sociedades más inclusivas y estables. También hay que recordar que la religión es parte de la identidad de un país, por lo tanto, el Estado debe preocuparse de mantener y respetar esta identidad, evitando que pueda ser explotada con fines políticos (con el peligro, por ejemplo, de que se originen fenómenos o movimientos nacionalistas radicales basados en la identificación confesional)…El radicalismo y el fundamentalismo se pueden extirpar interviniendo en las raíces que los han engendrado (religiosas, políticas, económicas, culturales, militares), entre las cuales no se debe subestimar la inquietud social…. Por otra parte, en el ámbito de la dimensión religiosa, es importante combatir la ignorancia, confrontando las diferentes interpretaciones con la fe auténtica que se profesa, para evitar derivas extremistas que “todavía antes de descartar a los seres humanos, perpetrando horrendas matanzas, rechazan a Dios mismo, relegándolo a un mero pretexto ideológico”… En fin, no hay que olvidar que el malestar social, la injusticia, la desigualdad social y en particular la pobreza constituyen el caldo de cultivo ideal para que surjan y se radiquen visiones y praxis fundamentalistas”.

“En conclusión, me parece absolutamente apropiado señalar que, además de las actividades diplomáticas mencionadas en las instituciones internacionales y regionales, la Santa Sede está fuertemente comprometida con la promoción, en diversos niveles, del diálogo interreligioso a través del Consejo Pontificio del mismo nombre cuya tarea principal consiste en promover la comprensión mutua, el respeto y la colaboración entre católicos y seguidores de otras tradiciones religiosas, fomentar el estudio de las religiones y promover la formación de las personas dedicadas al diálogo”.

Blog Escuchando a Pedro

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