Al reflexionar sobre la fotografía tomé conciencia de lo unida que está al dinamismo de permanencia. Recordaba que la permanencia es ese deseo que tenemos todos los seres humanos de ser y permanecer siendo, de conservación, de incluso más allá de la muerte permanecer, dejar huella.

Creo que el deseo de tomar fotografías está muy unido a este dinamismo de permanecer. Es como si quisiéramos que ese momento, ese paisaje tan especial, ese encuentro con los amigos, quedara grabado, permanezca para siempre en nuestro corazón y memoria. Por eso tomo fotos, porque esa experiencia, situación o momento especial, quiero que quede grabado y así atesorarlo para siempre.

Cada vez que tomo fotos tomo conciencia de esto. Por eso luego contemplamos una y otra vez esas fotos y recordamos el momento, la experiencia, las amistades. Contemplo las fotografías y veo la grandeza, la belleza de la creación, la perfección y ese deseo de querer que todo eso permanezca en mí mente, porque me ha impresionado. Como dice el Salmista: “Señor, me ha impresionado tu obra”; y por eso quiero grabarla para siempre, quiero conservarla, y también quiero comunicarla.

Como no puedo llevarme ese atardecer, como no puedo llevarme ese nevado o la sonrisa de esa persona, la fotografía me permite conservarla, contemplarla y así lograr que eso permanezca siempre cerca de mi memoria y mi corazón.

Somos seres impresionables y las imágenes impactan nuestro interior y permanecen mucho tiempo en el. La fotografía hace que podamos compartir con otros eso que permanece en nuestro interior, permite que otros también disfruten y contemplen aquello que nos ha alegrado e impresionado.

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© 2014 – P. Enrique Granados Cueto para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

P. Enrique Granados Cueto

El P. Enrique pertenece al Sodalicio de Vida Cristiana. En la actualidad reside en Guayaquil (Ecuador).

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