El corazón del hombre nunca deja de anhelar la felicidad. La búsqueda por lograr la eterna alegría es algo innato en él. El poseer una gran inteligencia y ser admirado por ella, puede ser un camino para lograr esa felicidad. Pero los problemas acechan y las alegrías no duran si uno no las sustenta en tierra firme.

André-Marie Ampère desde niño demostró ser un genio. Sin conocer los números, hacía cálculos con piedras. Llegó a ser un gran matemático y físico. Conocido como el padre del electromagnetismo, inventó el telégrafo eléctrico y el galvanómetro.

Pero en medio de todos estos logros sufrió muchos altibajos. En 10 años perdió a su padre y a su primera esposa. Era un dolor que llevaba siempre consigo. Ampère buscaba consuelo en la Palabra y en las enseñanzas de los Padres de la Iglesia. Y es así como logró que la alegría de sus logros no se ahogaran en el dolor.

Valora los dones recibidos, sé paciente en las dificultades y deja que Dios mantenga en tu corazón el fuego de su alegría, que nos da una felicidad cimentada en tierra firme.          

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