Nos dice el Papa Benedicto XVI en su Encíclica Spe Salvi: «Según la fe cristiana, la redención, la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino» ((S.S. Benedicto XVI. Spe Salvi, 1)).

A partir de la anterior afirmación se puede decir que para el cristiano existe esperanza de salvación porque Jesucristo se hizo hombre, ya que sin Él, sin el misterio de su Encarnación y de su Resurrección, sería vana la esperanza de salvación. La meta de la cual habla el Papa Benedicto se refiere principalmente a la plenitud de la vida humana para la cual hemos sido creados, que se alcanza en la participación de la comunión trinitaria y de la comunión con todo el Cuerpo Místico de Cristo.

Por ello, la fe cristiana pone el acontecimiento de la Encarnación como el centro de la historia, como la culminación de la Revelación. En Jesucristo, Dios se auto-comunica al hombre y le revela todo lo necesario para su salvación, y lo invita a acogerlo como modelo para alcanzar la plenitud de vida ((Ver GS, 22)). En el capítulo cuarto de la Carta a los Gálatas (Ver Ga 4,4) se encuentra una interpretación acerca de la venida de Jesús al mundo en el seno de la Virgen María, para la redención de los hombres y para que fuéramos asumidos como hijos adoptivos de Dios, llegando a llamar a Dios Padre, Abba.

Es en Jesucristo en quien se da la plena auto-comunicación de Dios al hombre mostrándole la grandeza de su vocación e invitándolo a participar de la comunión divina. El misterio de la Encarnación debe entenderse en este sentido como aquél que nos introduce en la intimidad de Dios al hacernos partícipes de su propia naturaleza en Jesucristo. Por este misterio se opera una radical transformación en la vida de los hombres y en el curso de la historia humana que, a partir de este hecho, se encamina radicalmente hacia el encuentro definitivo con Dios.

A partir del acercamiento al misterio de la Encarnación se pueden extraer numerosas consecuencias para la vida en el mundo de hoy. Algunas de las que considero más importantes son la centralidad de Cristo en la vida humana; las consecuencias del acontecimiento histórico de la salvación en Jesucristo para la vida de los seres humanos; y la misión de la Iglesia «experta en humanidad» ((Ver Pablo VI, Populorum Progressio, 13)).

Jesucristo es el centro de la vida de toda persona humana; el principio que lo orienta y el fin hacia quién se debe dirigir toda su vida, debido a que Él se hizo hombre para enseñarnos a ser hombres y por haberse identificado a sí mismo como “camino, verdad y vida”.

[pullquote]Dado que el Hijo de Dios se hizo hombre por nuestra salvación invitándonos a la plena comunión con las personas de la Trinidad, nosotros los hombres debemos acoger con alegría este inmenso don que da sentido a nuestra vida, y esforzarnos por ser consecuentes con él. Esta coherencia de vida solo puede alcanzarse en la medida en que la fe se convierte no solo en un acto emotivo sino que, partiendo de la comprensión del misterio, se le debe acoger y meditar en el corazón, para luego llevarlo a la acción, buscando dar gloria a Dios en todo lo que se hace.[/pullquote]

Además, el Señor Jesús no es solamente el centro de la vida de cada individuo, sino de toda la historia humana. Es así que la Iglesia en todos sus miembros tiene una gran tarea que es la de anunciar la Buena Nueva traída por el Señor Jesús a todos los hombres sin distinción alguna.

La Iglesia, gracias al misterio de la Encarnación, posee una «visión global del hombre y de la humanidad» ((S.S. Pablo VI, Populorum Progressio, 13)) que le permite sentirse responsable de anunciar a todos los hombres y a todas las culturas cuál es el sentido de la vida humana a la luz del misterio del Verbo Encarnado.

A pesar de que hoy en día se vive en un contexto plasmado de relativismo, de búsqueda de ideales aparentes y de una salvación individual, los cristianos no debemos cesar en nuestro esfuerzo por anunciar que Jesucristo es real y que responde a las necesidades más acuciantes de la persona humana. Este es un cometido que debemos recordar día a día, ya que mucho de lo que vivimos en lo cotidiano tiende a apartarnos del misterio del Verbo Encarnado o a diluir la importancia de este acontecimiento para la vida cotidiana.

Creo que es de vital importancia, además de comprender racionalmente el misterio de la Encarnación, acercarse a él con los ojos de la fe –especialmente al recibir la Eucaristía, ya que es en este sacramento donde Jesús hecho hombre permanece en medio de nosotros y nos impulsa cotidianamente a configurarnos cada día más plenamente con Él.

© 2014 – P. Alberto Hadad Sánchez para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

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