OverpopulationFullPlate200Esta ecología es una reacción pendular al otro extremo del excepcionalismo humano. No solo no le reconoce ningún valor al hombre sobre las demás especies, sino que lo considera una peste a ser eliminada, o al menos contenida drásticamente. Tomando de enfoques malthusianos o alarmistas como los del Club de Roma, afirma que la población humana ha excedido la capacidad de sustento del planeta, y que por las tendencias explotadores del hombre, amenaza infinidad de especies y el mismo equilibrio de los ecosistemas. Pero, las predicciones catastrofistas indicando fecha de la debacle, hasta hoy nunca se han cumplido, con el consecuente descrédito de las mismas.

Esto es paradójico. Si el hombre fuera una especie más, lo “natural” e inevitable seria que siga su curso y sobreviva a las demás especies probando ser el más apto, o se auto-extermine al destruir su propio hábitat. Ni es posible ni cabe, examen de conciencia o propósito de enmienda, como tampoco se lo pedimos a las plagas de insectos que a veces devastan otras especies. Seria “antinatural” un suicidio de la especie humana.

Si apelamos a la conciencia y moral del ser humano para que cambie su conducta, procree menos, y sea más austero y responsable en su uso de lo creado, es porque asumimos que es capaz de ello: de arrepentirse y cambiar. No esperamos nada semejante de ninguna otra especie y esto ya nos hace reconocer la diferencia esencial del hombre: capaz de ser consciente, evaluar posibles conductas y escoger la que considera buena o mejor.

La ecología antihumana aspira válidamente a un mundo de armonía, paz y equilibrio estable. Metáforas como “madre tierra”, “Gaia” y “spaceship earth” subrayan la unidad e interdependencia de todo lo creado, pero no reemplazan la pieza clave que es la decisión responsable del ser humano. Esta es su miseria y grandeza; la razón de su valor y dignidad. Invitarlo a auto eliminarse es ya no creer en su capacidad de nobleza, sino solo en su perversidad. Quienes lo hacen podrían ser consecuentes y empezar con ellos mismos. A menos que se consideren, a diferencia del resto, como una humanidad “purificada”, como exentos de ser esa “peste” en una especia de fariseísmo ecológico. Da que pensar que alguien se erija en juez de quienes son los “malos” a ser eliminados.

Es más difícil, pero más realista, asumir la responsabilidad que nos toca en cambiar nosotros mismos y nuestra cultura para vivir en armonía con el medio ambiente.

© 2013 – José Ambrozic Velezmoro para el diario El Comercio (Perú). Publicado el 25 de junio de 2013
 
 

José Ambrozic Velezmoro

View all posts

Add comment

Deja un comentario