Pobreza-Honduras2Leyendo la última exhortación apostólica del Papa Francisco, “Evangelii Gaudium”, no se puede pasar por alto y dejar de meditar en las líneas programáticas que él propone para el futuro de la tarea pastoral como Iglesia en el mundo. Llama la atención a primera vista la cantidad de numerales que el Papa Francisco dedica a la reflexión en torno a la solidaridad con los más necesitados. De 288 numerales, 40 son en relación a la pobreza (176–216). En las dos cuestiones fundamentales que el Papa desarrolla y cree que son claves para este momento histórica hacia el futuro, uno es la “inclusión social”.

Para empezar su desarrollo del tema empieza por dejar clara la Misión prioritaria de la Iglesia: evangelizar. Y luego dice que lo principal que debemos anunciar —y esto lo hace a lo largo de toda la exhortación—  es el Kerygma. La Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo tiene una dimensión social inevitable, puesto que Cristo se entregó por todos; no reconcilia a algunos privilegiados, sino que murió por todos. Esto es algo que parece obvio; sin embargo para el Papa es algo que debe ser explicitado, pues a veces se olvida aquellos pobres y marginados, desfigurando así la Misión de la Iglesia. No tener esa universalidad del mensaje de la Buena Nueva es entender la Misión de modo equivocado. El mensaje central de Cristo implica, como dijimos, el compromiso con el prójimo. Estamos hablando de la repercusión caritativa que tiene la vida de Cristo. Siguiendo su ejemplo estamos todos “obligados” a vivir la caridad, que es un signo claro de nuestra madurez en la vida cristiana.

1zoom_ong_solidaridad¿Por qué la carga social tan fuerte que manifiesta S.S. Francisco? La preocupación que le brindamos a los demás es consecuencia, entre otras cosas, de la dignidad infinita que tenemos todos en razón de nuestra imagen y semejanza de Dios. Todos estamos llamados, como consecuencia de ello, a vivir como la naturaleza de Dios, una comunión. Con los ricos y pobres. En Cristo —la segunda Persona de la Trinidad— todos somos hijos de Dios. Tenemos una dignidad elevada; así como Cristo valora infinitamente la dignidad humana, nosotros también estamos estrechamente ligados a Él en ese llamado al amor fraterno.

El amor que tenemos a Dios – como buenos cristianos – debe ser reflejado en nuestro amor por el prójimo. Nadie puede decir que ama a Dios, a quien no ve, si no ama al prójimo, a quien ve. En varios pasajes el Señor nos deja claro que nos juzgará según el amor que tengamos por los demás; nuestros hermanos humanos son la prolongación de la Encarnación de Jesucristo. Jesús se hizo hombre por nosotros: ser hombres es, por lo tanto, participar de esa condición divina, de Dios que se hizo hombre.

[pullquote]Esta mirada al otro, que desde la prolongación de la Encarnación nos lleva por el  camino de caridad, no puede ser simplemente una suma de “gestos a la carta” para tranquilizar la conciencia. No se trata de sentirnos bien y tranquilos por alguna acción buena que hayamos hecho. Esa solidaridad es una exigencia moral del que quiere ser buen cristiano.  Se trata de instaurar el Reino de Dios, aquí y ahora. Recapitular todo en Cristo, elevando así todas las situaciones sociales. Efectivamente, todos encontrarán la felicidad en la Eternidad; sin embargo, ya debemos, aquí y ahora, vivir con dignidad.[/pullquote]

TvyamNb-BivtNwcoxtkc5xGBuGkIMh_nj4UJHQKuor8DEhwbDdTh5kNes9TIQQTUUbS2Kx5fnP0scgCristo se hizo pobre. El anuncio del ángel fue a una mujer pobre y sencilla, de un pueblo chico y sin importancia; nació en un establo; sobrevivió con el sudor de su frente; convocó a personas humildes; los que lo seguían eran en su mayoría los pobres y marginados de la sociedad; murió junto a dos ladrones. ¿Cómo no tener en vista al pobre, si Cristo eligió hacerse pobre? Así como tenemos que escuchar la voz de Cristo, necesitamos estar atentos al clamor de los pobres. Si no es así, estamos desviándonos del Plan de Dios. Es una actitud que todos, sin excepción, estamos llamados a vivir. Es el Plan de Dios para todos. No involucrarse con el pobre, daña mi relación con Dios; pero no se manifiesta sólo en actos grandiosos, que llamen la atención de los demás. Actos, digámoslo así, extraordinarios: Se manifiesta en gestos muy sencillos y cotidianos. No puede ser algo simplemente esporádico.

No podemos vivir esto –como vimos anteriormente— si no escuchamos el clamor del pobre. Se trata de que se nos estremezcan las entrañas ante el dolor ajeno. Hay que aprender; no es sólo un sentimiento, una pena. Es algo mucho más profundo. Espiritual. Es compadecerse. Como Cristo en la Cruz. Involucrarse con el sufrimiento del que nos necesita. Por ello no se trata simplemente de darles sustento. Implica darles prosperidad. Darles todos los bienes que merece como cualquier persona (educación, salud, trabajo con salario justo…)

¿Cuál es la actitud que debemos tener con el pobre? Amor fraterno. Debemos amar a los más necesitados. Servicio humilde y generoso. Misericordia entrañable. Esas actitudes son criterio de autenticidad para nuestro trabajo pastoral. Todos debemos tener una preocupación por los pobres. ¿Cuáles son actitudes contrarias a esa preocupación? El individualismo; la indiferencia; egoísmo; descarte y desecho de los últimos, que no “sirven” para la sociedad – olvidándonos de su dignidad. No se trata sólo de una asistencia, como una forma de “altruismo” o asistencialismo. No es algo para tranquilizar nuestra vanidad. Un activismo sin fundamento. Cada uno debe cuestionarse y reflexionar como está esa actitud personal con el necesitado, el que más sufre. Por otro lado, ¿cuáles deben ser las actitudes correctas? La atención personal, preocupándose personalmente por el otro; el servicio; una opción clara y explícita por el amor al otro, fruto de una preocupación evangélica. Se trata de una preocupación espiritual (esto es lo más importante. Si esto no está presente, entonces no está bien lo que hacemos) La falta de atención espiritual de la que carecen los más necesitados es uno de los mayores problemas: muchas veces ayudamos, nos preocupamos, pero nos olvidamos que lo que más necesitan los pobres es nuestra ayuda espiritual.

[pullquote]Los pobres tienen un lugar principal en el corazón de Dios. Él se hizo pobre. El Papa habla de una Iglesia pobre para los pobres. Debemos encontrar a Jesús en los pobres. El pobre es otro Cristo, pues Cristo se hizo carne como nosotros.[/pullquote]

Asumamos, junto el Santo Padre, la actitud de una santa preocupación por los más necesitados. Cuestiónese cada uno como está su amor por los más necesitados. Si no estamos viviendo de alguna manera ese amor por el pobre, entonces debemos preocuparnos. Como dice el Papa, la falta de esa preocupación por el necesitado daña la vivencia del Plan de Dios. Esa preocupación es criterio de autenticidad para nuestro afán de vivir el Plan de Dios.

© 2014 – Pablo Perazzo para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Pablo Augusto Perazzo

Pablo nació en Sao Paulo (Brasil), en el año 1976. Vive en el Perú desde 1995. Es licenciado en filosofía y Magister en educación. Actualmente dicta clases de filosofía en el Seminario Arquidiocesano de Piura.
Regularmente escribe artículos de opinión y es colaborador del periódico “El Tiempo” de Piura y de la revista “Vive” de Ecuador. Ha publicado en agosto de 2016 el libro llamado: “Yo también quiero ser feliz”, de la editorial Columba.

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