syria-refugees_coverLa problemática de refugiados que van hacia Europa es una situación compleja, no sólo para los refugiados –que ponen en peligro sus vidas en el intento de llegar a Europa– sino también para los países que no saben qué hacer con los miles de personas que buscan asilo.

¿Quién es un refugiado? De acuerdo con la Convención de Ginebra, un refugiado es una persona que «debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social y opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él…»

El ACNUR –Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados– se esfuerza por asegurar que estos sean protegidos en el país de asilo. Los refugiados deberían recibir al menos la ayuda básica y los mismos derechos que cualquier otro extranjero que sea residente legal ((Si se quiere más información sobre la situación y las últimas noticias pueden remitirse a la página de ACNUR (http://www.acnur.org))).

Los refugiados tienen derechos civiles básicos, incluyendo la libertad de pensamiento, de movimiento, y el derecho al respeto como persona. De igual forma, los derechos económicos y sociales se aplican a los refugiados al igual que a otros individuos: derecho a asistencia médica, derecho de los adultos a trabajar y derecho a la escolarización para los niños. Se puede entender por eso la dificultad por parte de los países europeos de recibir tan grande contingente de personas que buscan asilo. No sólo se trata de recibirlos, sino proporcionarles todo un aparato legal, económico, social, etc…

En Siria, estos últimos meses han sido devastadores. Se han intensificado los enfrentamientos en todas las provincias: han aumentado los ataques de cohetes y morteros en Damasco, las explosiones de vehículos en las principales ciudades como Latakia, Alepo, Homs, Hassakeh y Qamishli, y se han recrudecido los bombardeos en Zabadani y la zona rural de Damasco, con las consiguientes represalias, forzando a miles de personas a huir de sus hogares. En gran parte de Siria, sólo hay suministro eléctrico de 2 a 4 horas al día (en el mejor de los casos), y muchas regiones sufren escasez de agua. Más de la mitad de la población vive en la pobreza extrema.

Son muchos los obstáculos que han de superar ahora los sirios para gozar de seguridad y protección en los países vecinos que, ante la sobrecarga de refugiados, la falta de apoyo internacional y la preocupación por la seguridad, han tomado medidas para contener y detener el flujo de refugiados.

El plan 2015 de ayuda a Siria para los Refugiados está financiado al día de hoy tan sólo al 37%. En toda la región, unos 700.000 niños sirios refugiados no fueron escolarizados en 2014. Para muchos refugiados que viven en refugios en condiciones indecentes se avecina un invierno más en el exilio.

Hay 4.088.099 refugiados sirios registrados en los países vecinos de Siria, cifra que incluye 1.938.999 en Turquía, 1.113.941 en Líbano, 629.266 en Jordania, 249.463 en Irak, 132.375 en Egipto y 24.055 en otros países del norte de África.

Esta tragedia resalta la brutalidad de los traficantes de personas, que se aprovechan de la situación, y que han expandido sus operaciones del Mar Mediterráneo a las carreteras de Europa. Demuestra que no tienen ningún respeto por la vida humana y que sus fines son puramente lucrativos. Son los únicos que se están beneficiando de la falta de una respuesta europea común. Están lucrando con la desesperación de personas que buscan seguridad.

En lo que va de año, más de 300.000 refugiados y migrantes han utilizado la peligrosa ruta marítima que cruza el Mediterráneo, con casi 200.000 arribando a Grecia y 110.000 más a Italia.

La situación requiere un masivo esfuerzo común, que actualmente no es posible con el enfoque fragmentado con el que se aborda esta crisis en Europa. Aylan, un niño de tres años cuya foto ha conmovido los corazones de la opinión pública mundial, deja claro cómo tras llegar a las costas y fronteras europeas, estas personas continúan su viaje, enfrentándose al caos y sufriendo situaciones indignas, explotación y peligros en las fronteras y a lo largo del camino.

Se requiere una cooperación internacional más eficaz para acabar con los traficantes, incluidos aquellos que operan dentro de la UE. Ninguno de estos esfuerzos resultará eficaz si no se dan mayores oportunidades legales para que las personas en necesidad de protección puedan llegar a Europa y encuentren seguridad desde el primer momento de su llegada.

ACNUR aplaudió la decisión de Austria y Alemania, así como el trabajo de grupos de la sociedad civil en la bienvenida a la gran cantidad de refugiados. Europa está en un momento decisivo y debe prepararse para recibir por lo menos 200.000 nuevos refugiados.

© 2015 – Pablo Augusto Perazzo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Pablo Augusto Perazzo

Pablo nació en Sao Paulo (Brasil), en el año 1976. Vive en el Perú desde 1995. Es licenciado en filosofía y Magister en educación. Actualmente dicta clases de filosofía en el Seminario Arquidiocesano de Piura.
Regularmente escribe artículos de opinión y es colaborador del periódico “El Tiempo” de Piura y de la revista “Vive” de Ecuador. Ha publicado en agosto de 2016 el libro llamado: “Yo también quiero ser feliz”, de la editorial Columba.

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