El siglo XX y lo que llevamos del XXI han visto un enorme crecimiento de las ciencias y sus aplicaciones prácticas: campos como la medicina, la electrónica, la aeronáutica, la biología y muchos otros han visto cómo rápidamente se va avanzando y llegando a nuevas y mejores condiciones.

Estos avances han traído aparejado muchas veces un excesivo peso a la mentalidad científica, a veces convertida en una ideología conocida como cientificismo.

El cientificismo pretende explicar toda la realidad a la luz de las ciencias naturales: solo es real aquello medible, aquello que se puede reducir a un experimento de laboratorio o a unas ecuaciones. Todo lo que no sea medible carece de validez.

Así, se deja de lado la realidad como un todo y se pasa a parcializar el conocimiento. El mismo concepto de “ciencias humanas” es visto como absurdo, ya que, el ser humano sería solo lo físico y conceptos como “mente”, “alma” o espíritu”, meras creaciones fantasiosas y ya superadas, a lo sumo manifestaciones cerebrales perfectamente explicables con métodos físicos.

Es importante entonces distinguir entre ciencia y cientificismo, ya que, la ciencia como tal es una disciplina que busca estudiar un aspecto de la realidad, y el cientificismo es una toma de posición ideológica que no se basa en la ciencia como tal, sino en una dogmatización de algunas partes de la realidad (la parte de las ciencias naturales normalmente), que como toda parcialización no logra explicar la realidad.

El cientificismo tiene sus propios “dogmas”, presupuestos a priori que no pueden ser negados, y que impiden muchas veces el acceder a la realidad como un todo.

Carlos Díaz Galvis

Carlos es el Director Editorial del Centro de Estudios Católicos CEC. En la actualidad reside en Medellín (Colombia).

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