Existen diversas formas de aproximarse a la autoridad en una organización. Si bien el uso del poder para ejercer la autoridad no es en sí mismo negativo, puede generar distorsiones cuando es usado en beneficio propio o para afirmarse por encima de los demás. Existen diversos rostros en los que se expresa el abuso de la autoridad, tales como el uso exagerado de la fuerza y maneras en las que se maltrata al personal sea por indiferencia o extorsión de algún tipo.

El líder que ejerce la autoridad está llamado a promover la dignidad de la persona, saliendo al encuentro de las necesidades de los demás, no desde un trono inaccesible, sino con un espíritu oblativo que esté dispuesto a los mayores sacrificios en vistas al bien común. Todo puesto de autoridad debe tener como referente último el deseo de servir y no servirse de los demás. Esta visión del auténtico liderazgo es expresada en el siguiente criterio evangélico: «El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor…» (Mt. 20,26).

Existen situaciones que ameritan actuar con firmeza, pero nunca faltando al respeto a la persona, guiado siempre por la prudencia y el sentido de justicia. No hay situación, por muy problemática que parezca, que amerite un insulto o una ofensa al trabajador, pues ello daña la relación y es perjudicial en el mediano plazo, aunque momentáneamente parezca eficaz.

[pullquote]Resulta provechoso definir en la organización códigos de conducta y principios orientadores que promuevan una cultura del respeto a la persona, teniendo a su vez mecanismos en los que los trabajadores puedan expresar sus puntos de vista e incluso evidenciar conductas inapropiadas sin temor a represalias de ningún tipo.[/pullquote]

La autoridad no se gana con un nombramiento de un cargo, sino que se logra a través del testimonio de la propia vida que respalda las orientaciones que da a los demás. Aquel que tiene la enorme responsabilidad de ejercer la autoridad tendrá que dar cuentas de la forma como ha usado sus dones y talentos para ayudar al desarrollo integral de las personas que han sido puestas a su cuidado.

© 2015 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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