«Mi Reino no es de este mundo» (Jn 18, 36). Describir una imagen cualquiera a lujo de detalle, se limitaría a responder la pregunta: ¿qué veo? Pero un ícono sacro, que “permite acceder, a través de la vista, a los misterios de la salvación” ((San Juan Pablo II, Duodecimum Saeculum, 12)) no se limita a la vista, sino que es un “ver para elevarse”. Uno mira estos íconos y recibe esa invitación: Hijo, el Reino al que estas invitado, no es de este mundo. Mira arriba y elévate.

Creer que la Virgen María, “cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste” ((Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, 44)) implica un ejercicio de fe del cristiano.  ¿Es posible creer hoy en día semejante cosa? Porque creer que María habita en los Cielos es una cosa. Pero creer que fue asunta en cuerpo y alma, ¿es posible?

Fundamentos Históricos

El Padre Joaquín Cardoso, S.J., en su investigación “La Asunción de María Santísima” cita entre varios documentos históricos que por Tradición de la Iglesia nos hablan de la Asunción de María: 1. Una Carta de Dionisio el Egipcio a Tito del siglo III; y, 2. un Sermón de San Juan Damasceno del siglo VIII en que relata parte de la «Historia Eutiquiana» en que se cuenta la Asunción de María.

Carta de Dionisio el Egipcio a Tito: A través de la misma podemos conocer cuál era la Tradición de la Iglesia en la época. En una parte leemos que Dionisio escribe:

«(…) al tiempo en que María debía pasar de este mundo al otro (…) las turbas de los santos Apóstoles se juntaron en un abrir y cerrar de ojos, de todos los puntos en que tenían la misión de predicar el Evangelio. Súbitamente se encontraron reunidos alrededor del cuerpo todo glorioso y virginal. Allí figuraron como doce rayos luminosos del Colegio Apostólico. Y mientras los fieles permanecían alrededor, Ella se despidió de todos (…) elevó a la vez que sus plegarias, sus manos todas santas y puras hacia Dios, dirigiendo sus miradas, acompañadas de vehementes suspiros y aspiraciones a la luz, hacia Aquél que nació de su seno, Nuestro Señor, su Hijo. Ella entregó su alma toda santa, semejante a las esencias de buen olor y la encomendó en las manos del Señor. Así es como, adornada de gracias, fue elevada a la región de los Ángeles, y enviada a la vida inmutable del mundo sobrenatural.»

iconovirgen1En el texto se relata la Asunción del Alma toda Santa de María al momento de su muerte. En el ícono que vemos arriba contemplamos a la Virgen vestida de Azul (que representa la Pureza) y Rojo (representa la Realeza), a la vez que tiene tres estrellas en su túnica haciendo alusión a la Santísima Trinidad. Vemos a su Hijo Jesús, ya en su Reino que “no es de este mundo”, disponiendo a los ángeles que eleven a su Madre. Por su parte, los ángeles están a punto de elevarla, ante las distintas reacciones de los Doce Apóstoles. Si nos fijamos bien, el gesto de María pareciera que les estuviese indicando a los Apóstoles “Déjenme ir, porque el Reino de mi Hijo no es de este mundo, y allá voy donde Él para interceder por ustedes”.

Sobre la Asunción del Cuerpo de María, la Carta relata lo siguiente:

«(…) Ocurrió que faltaba uno de los santos Apóstoles al tiempo de su reunión. Este llegó más tarde y obligó a los Apóstoles que le enseñasen de una manera palpable y al descubierto el precioso tesoro (…) Ellos se vieron, por consiguiente, obligados a satisfacer el ardiente deseo de su hermano. Pero cuando abrieron el sepulcro que había contenido el cuerpo sagrado, lo encontraron vacío y sin los restos mortales. Aunque tristes y desconsolados, pudieron comprender que, después de terminados los cantos celestiales, había sido arrebatado el santo cuerpo por las potestades etéreas, después de estar preparado sobrenaturalmente para la mansión celestial (…)»

Sermón de San Juan Damasceno: El Doctor de la Iglesia, en un sermón por él predicado en la Basílica de la Asunción en Jerusalén, por el año 754, ante varios Obispos y muchos Sacerdotes y fieles, relata que en la «Historia Eutiquiana», en su Libro II, capítulo 40, se menciona la Asunción de la Virgen María a los Cielos de la siguiente manera:

(…) Aunque nada nos dicen las Sagradas Escrituras de lo que ocurrió en la muerte de la Madre de Dios, sin embargo nos consta por la antigua y verídica narración que los Apóstoles, esparcidos por el mundo por la salud de los pueblos, se reunieron milagrosamente en Jerusalén, para asistir a la muerte de la Santísima Virgen (…) los Apóstoles, después de la sepultura de la Virgen, oyeron durante tres días los coros angélicos; después nada más. Ahora bien, como Santo Tomás llegó tarde, abrieron la tumba y debieron comprobar que no estaba allí el sagrado cuerpo. Repuestos de su estupor, no acertaron los Apóstoles a inferir otra cosa, sino que Aquél que le plugo nacer de María, conservándola en su inviolable virginidad, se complació también en preservar su cuerpo virginal de la corrupción y en admitirlo en el Cielo antes de la resurrección general.

Cómo podemos ver, este relato de la Asunción que encontramos en el Sermón de San Juan Damasceno es muy concorde a la Carta de Dionisio antes leída. En los dos textos encontramos que:

  1. María murió en presencia de los Apóstoles, que se habían reunido milagrosamente para despedirla.
  2. Su Cuerpo no se encontraba en el sepulcro al tercer día que lo habían sepultado. A su vez vemos que los dos relatos concuerdan que uno de los Apóstoles (Santo Tomas) había llegado tarde y había pedido abrieran el sepulcro para contemplar finalmente que el Cuerpo Virginal de Santa María no estaba.
  3. Los Doce Apóstoles comprendieron que Santa María había sido asunta a los Cielos en Cuerpo y Alma. Éstos, siendo columnas de la Iglesia, anticiparon lo que sería el proclamado Dogma siglos después.

Ahora, si bien es cierto en la Biblia no se relata la Asunción de María, tampoco encontramos que se diga lo contrario. Las Sagradas Escrituras siempre pueden revelarnos, de manera implícita, verdades de fe. Ello es el caso de la Asunción de la Santísima Virgen María.

Fundamentos Bíblicos

«Dios te Salve María, llena eres de Gracia. El Señor es contigo» (Lc 1, 28). El saludo del Ángel Gabriel a María es un saludo que no se puede pasar por alto. Tanto así, que la misma Virgen María «se turbó y se preguntaba qué podría significar este saludo» (Lc 1, 29). La Gracia es “el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a su llamada” (CIC, 1996).

Que María sea “llena de gracia” quiere decir que Ella está llena de favores divinos que le ayudaron a poder responder a la llamada que Dios le hizo: ser la Madre de Dios y de todos los hombres. Entre los favores divinos que María recibió para responder a su llamada, está el de la Inmaculada Concepción, la cual nos muestra como verdad de fe que:

(…) La beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano (…) (Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

La Inmaculada Concepción de María fue el primero de los grandes privilegios que Dios le otorgó. Esto quiere decir que, desde el primer instante de su existencia como persona María fue, es y será Inmaculada. Y es justamente este el fundamento más latente de porque María habría sido elevada en Cuerpo y Alma a los Cielos. Su Cuerpo, por su Inmaculada Concepción, no podía sufrir la corrupción luego de la Muerte. Otros pasajes bíblicos que nos remiten a la Asunción los encontramos en Apocalipsis 12,1: «una gran señal apareció en el cielo: una Mujer vestida de sol, y la luna bajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas».

En Génesis 3,15 (llamado Protoevangelio) veríamos en María a la Nueva Eva: Santa María sería, con su Asunción, partícipe de la victoria de Cristo sobre la muerte pisando el linaje de la serpiente.

¿Dormición o Muerte?

Existen dos posturas acerca de cómo fue el paso de María a los Cielos. La primera indica que María habría pasado por un estado de dormición previa a su asunción y la segunda que habría experimentado la muerte.

San Juan Pablo II, en una catequesis de junio de 1997, decía “¿Es posible que María de Nazaret haya experimentado en su carne el drama de la muerte? Reflexionando en el destino de María y en su relación con su Hijo Divino, parece legítimo responder afirmativamente: dado que Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre”.

Podríamos desarrollar teológicamente cualquiera postura, pero no es el fin de este trabajo. Podríamos incluso deducir que María sí experimento la muerte (no como consecuencia de pecado, pues es Inmaculada, sino porque su Cuerpo no era inmortal), pero que su muerte fue como una dormición.

Conclusión

virgenelgrecoEn el cuadro que vemos arriba podemos contemplar la Asunción de El Greco. En la parte superior contemplamos la elevación de María (gloriosamente vestida de azul y rojo) a los Cielos sostenida por los Ángeles. El Espíritu Santo la recibe con los Cielos abiertos. En la parte inferior podemos contemplar varios detalles: sol, luna, estrella, puerta del cielo, lirio entre espinas, espejo sin mancha, huerto cerrado, torre de marfil, pozo de aguas claras, fuente sin mácula. Todas estas imágenes remiten a la pureza y la virginidad de María.

Contemplando estas obras, podemos alabar las grandezas que Dios ha concedido a su Santa Madre: ser elevada en Cuerpo y Alma a los Cielos, donde reina con Jesucristo en ese Reino que no es de este mundo y que con la Gracia de Dios podríamos llegar a habitar algún día.

© 2016 – Esteban Trujillo Acosta para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Esteban Trujillo Acosta

Esteban nació en Santiago de Guayaquil, Ecuador en el año 1991. Es el quinto de seis hermanos. Estudio Derecho en la Universidad Espíritu Santo (UEES) y se graduó como Abogado en el año 2015. Actualmente vive en la ciudad de Lima, Perú.

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