Considero necesario aclarar que los católicos amamos a las personas homosexuales, porque son nuestros hermanos y si Dios me ha amado a mí como soy, así yo tendría que amar igual y a esto me invita la Iglesia. Y el que creamos que la familia heterosexual es la institución más adecuada para acoger niños en su seno no niega lo anterior. De hecho, pensamos ...

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Luego de que la Corte Constitucional de Colombia negara la adopción de niños en situación de adoptabilidad para parejas del mismo sexo se ha generado mucho revuelo. Les compartimos algunas reflexiones sobre este tema en cuyo núcleo está la concepción que tenemos de la familia y el futuro de muchos niños en Colombia.

1. LA CUESTIÓN DE LAS ESTADÍSTICAS no es el mejor argumento para decidir si las parejas homosexuales deberían adoptar o no. Se dice que una de las razones a favor de la adopción homoparental es que “hay muchos niños que han sido declarados en situación de adoptabilidad gracias a la irresponsabilidad de una familia heterosexual, quienes eventualmente podrían ser adoptados por parejas homosexuales, si se les permitiera hacerlo”. Pero tal cosa es falsa, porque aún hay muchas parejas heterosexuales que llevan varios años esperando adoptar, ya sea por problemas administrativos, o porque la mayoría de los menores de edad con esta situación jurídica son de difícil adopción (varios hermanos, son muy grandes, están enfermos o tienen capacidades diferentes). La discusión debe ser más sincera y transparente, en vez de usarse como excusa una situación que definitivamente no va a mejorar si se aprobase la “adopción igualitaria” ((Otro argumento a través del cual se respalda la noción de que definitivamente no existe un interés veraz por los niños, es que actualmente se tramita en Colombia una ley que pretende considerar la infertilidad como enfermedad, y en consecuencia, introducir en el Plan Obligatorio de Salud (POS) los tratamientos de fertilidad asistida. Si se considerara de forma sincera la problemática de los niños, niñas y adolescentes declarados en situación de adoptabilidad, se buscarían alternativas diferentes o tal vez, la opinión pública habría opinado tanto como en el caso de la decisión sobre la adopción por parte de parejas homosexuales.)).

2. NO SE PUEDE DESCALIFICAR UN ARGUMENTO POR LAS CALIDADES DE LA PERSONA, sino por lo que el argumento mismo dice. Si estamos hablando de hacer las cosas desde la igualdad de condiciones, también debería ser un criterio aplicable para los católicos, quienes deberían tener la posibilidad de opinar con respeto. Si se habla de inclusión e igualdad, es necesario ser inclusivos con quienes piensan diferente, lo cual es un asunto universalmente reconocido. Y es que además, este tema de la adopción por parejas del mismo sexo definitivamente es de interés para los católicos, porque por ejemplo, en algunos Estados de los EE.UU. padres de familia han sido sometidos a penas de prisión durante algunas semanas por la comisión del delito de discriminación, con fundamento en la educación sexual que les proporcionan a sus hijos, al enseñarles que lo mejor es que sean atraídos por el sexo opuesto y no por cualquier sexo, a diferencia de lo que les indican en el colegio. Esta imposibilidad de educar a los propios hijos de acuerdo con las creencias más íntimas de sus padres se llama imposición, y por eso es preocupante que simplemente se descalifiquen las opiniones laicas de las personas que profesan alguna religión, o que en caso de que se arguya públicamente un argumento u opinión religiosa sea inmediatamente descalificado. Y no se trata de que todo el mundo tenga que creer en algo que es religioso, sino de que la religión no tenga que convertirse en un asunto meramente privado y que sólo pueda ser ejercida en los pensamientos y en el cuarto, sino que como parte del respeto por la diferencia y la diversidad, sea entendida como algo definitorio de la identidad.

3. NO EXISTE NI EXISTIRÁ NUNCA EL DERECHO A ADOPTAR, porque los niñas y las niñas no son un objeto de derechos: son sujetos de derechos y lo que sí existe es el derecho a tener una familia y a no ser separado de ella. Así que la discusión verdadera debería estar centrada en si la adopción por parte de parejas del mismo sexo satisface ese derecho a tener una familia o no, y no en el pobre niño que nadie quiere adoptar, porque sobre eso hay mucho que decir. En consideración a lo anterior expongo tres reflexiones más:

En primer lugar, no se puede desviar la atención de los niños, puesto que ellos tienen que ser el centro de estos debates. Ellos de por sí son vulnerables y si descuidamos sus intereses, se verán muy perjudicados. Por ejemplo, hay dos países de Europa en donde se ha despenalizado la pedofilia porque fue aceptada como opción sexual válida y hay otros dos países, también europeos, que despenalizaron el infanticidio hasta los dos años. ¿Porque se llegó a eso? justamente porque las discusiones tienden a centrarse en si lo que yo quiero es derecho o no, y no en si se satisface el interés del niño, cuyos derechos prevalecen sobre los de los demás.

En segundo lugar, la naturaleza es sabia y habla por sí sola de forma clara. Es como el caso de los ríos, los cuales siempre vuelven a su cauce, aunque humanamente tratemos de cambiar su rumbo. El hecho de que la naturaleza haya optado porque para concebir a un hijo sea necesaria la complementariedad entre hombre y mujer, no es porque sí. Hay cosas que el ser humano debe entender no está en la capacidad de cambiar. Al igual que para concebir, para criar a un hijo también se necesita el aporte físico y psicológico femenino y masculino. El hecho de que haya muchos padres y madres irresponsables tampoco cambia esto.

[pullquote]Y, en tercer lugar, hablando en primera persona, considero necesario aclarar que los católicos amamos a las personas homosexuales, porque son nuestros hermanos y si Dios me ha amado a mí como soy, así yo tendría que amar igual, y a esto nos invita la Iglesia ((La Iglesia a través del Catecismo nos enseña que «Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición». Ver CEC n. 2358)). Y el que creamos que la familia heterosexual es la institución más adecuada para acoger niños en su seno no niega lo anterior. [/pullquote]

De hecho, pensamos que lo mejor que le puede pasar a un niño es que su papá no deje botada a su mamá sola, o que los padres se laven las manos y se desasgan de sus responsabilidades usando a los abuelos, o que las personas no haya salido aún de la adolescencia para tener a un niño, etc. Es decir, que no se trata de ir en contra de las parejas homosexuales, sino más bien, de estar a favor de las familias heterosexuales responsables. Y eso hay que entenderlo.

En conclusión, creo que es importante que se debata sobre los aspectos positivos y negativos tanto de conservar la familia tradicional, como promover otros conceptos de familia, desde las diferentes perspectivas religiosas, ideológicas, políticas, jurídicas y fácticas que existan, sin hacer uso de los niños, niñas y adolescentes como argumento, o tal vez, como excusa; y que esta discusión se produzca en términos de igualdad y no discriminación. ni por razones de sexo, ni por razones religiosas.

© 2015 – Carolina Castilla Rojas para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carolina Castilla Rojas

Carolina estudió derecho en la Universidad del Rosario en Bogotá (Colombia), y actualmente es abogada en la Procuraduría Delegada para la Defensa de los Derechos de la Infancia, la Adolescencia y la Familia.

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