Forward-Thinking1¿Pensamos que Internet es una cajita que tiene información académica útil? ¿Es sólo eso para nosotros? No, claro que no –podríamos responder- porque también es un medio para establecer contactos personales que permiten comunicarse con otros en cualquier lugar del planeta. ¿Es sólo eso? No, también nos permite entretenernos de mil maneras, etc., etc. Podríamos seguir preguntando y seguir consiguiendo más respuestas.

Pero, a partir de una discusión sobre Internet con el psicólogo Marco Ermes Luparia, hubo una respuesta que hacía notar un aspecto poco conocido sobre la Red que creo es indispensable conocer para tener una aproximación más madura y objetiva a ella. La respuesta que me dio fue: «Internet es un cerebro pensante». Esta respuesta, para mi sorpresa, porta ya la idea de una realidad que tiene una dimensión activa y relacional con respecto a Internet.

Marco es diácono permanente de la Diócesis de Roma, Psicólogo-Psicoterapeuta, y presidente de la Asociación pública de fieles Apostolato Accademico Salvatoriano. Puede ser contactado en presidenza.aas@aposatolatrosalvatoriano.it. O en el sitio web www.apostolatosalvatoriano.it.

¿Qué es Internet? ¿Por qué llamarlo «cerebro pensante»?

La definición clásica de Internet se refiere al concepto de red (net). También el cerebro humano funciona como una red en la que se debe distinguir, en su complejo funcionamiento, el hardware (estructura neuronal) del software (la memoria, el pensamiento, la inteligencia, etc.).

La estructura pensante de Internet no se aplica al solo individuo, en cuya estabilidad en términos de normalidad o anormalidad nos podríamos detener por largo tiempo, sino que se aplica a una multiplicidad de personalidades, a veces nobles y de naturaleza elevada, a veces fuertemente enfermiza y peligrosamente virulenta.

En Internet no encontramos sólo datos informativos; también hay ideologías, visiones de la vida, desprecios o aprecios, complicidad o violentos rechazos que van a tocar la esfera emotiva de quien lee u observa. Todo esto, que bien podemos llamar cultura, genera a “distancia remota” reacciones en el usuario. Un caso a “distancia remota” es la detonación de una bomba. Ahí notamos que la persona que quiere hacer explotar algo está a una determinada distancia del material explosivo como de lo que se va a destruir. Aplicando esta figura a Internet, la distancia remota produce en la persona que introduce violentos contenidos en la Red una falsa sensación de “estar limpio”, de no tener responsabilidad moral.

Por último se tiene que hacer una mención a las falsas personalidades (virtuales) que representan una gran parte de los cibernautas. En esto sentido el «cerebro pensante» consigue desvincularse de la realidad, induciendo a los navegadores también a hacerlo. Por esto, podríamos decir que el mundo afectivo y emotivo comienza a basarse más sobre relaciones entre “fantasmas” que entre personas reales.

¿Usted cree la dependencia a Internet sea un peligro real?

Estoy personalmente convencido que es un peligro real, como también estoy convencido que al mismo tiempo sea un gran recurso para el hombre de nuestro tiempo. Depende del uso que se le haga. Por otra parte, la dependencia a Internet (como al uso del PC) no necesita ser demostrada. Todo usuario, si es honesto consigo mismo, puede ser testigo de la potente atracción generada por el uso de imágenes, por la velocidad en la búsqueda, por los contenidos en los sitios visitados.

Entonces, el uso de Internet no es neutro. La información recibida aunque subjetivamente parezca “insignificante” genera de todas formas una potente atracción. ¿Hay alguna diferencia entre las distintas generaciones de personas? ¿Cuál?

La diversidad de aproximación entre las generaciones depende en primer lugar de la madurez del individuo. Internet es usado principalmente como instrumento de trabajo, pero deja abierta la posibilidad de dar una respuesta virtualmente satisfactoria a las necesidad primares de la persona, especialmente para quienes no creen poder entrar en relaciones reales con los demás.

El aspecto que tiene la estructura de Internet reúne los requisitos de todas las generaciones (la fascinación por las imágenes, las atractivas presentaciones gráficas, la ilusión de ser autor de todo lo que se observa). Es por esto que todos -todos implica padres de familia, hijos, religiosos, toda persona humana- debe vigilarse a través de una subordinación: primero está el «qué está bien hacer», a esto se subordina el «qué puedo hacer».

En una línea, el peligro más grande de Internet es la “pérdida” de la libertad (por “pérdida” entendemos “grave disminución de la libertad”)

Ya que Internet es un agente voluntariamente atrayente, ¿qué otras precauciones debemos tener?

Las precauciones son las mismas de quien ama andar a caballo. También el caballo se puede enloquecer o autónomamente dejar de respetar las intenciones del jinete, poniéndolo en un serio peligro. Las riendas tienen que ser mantenidas firmemente en las manos de la persona. Cada acción debe estar examinada, puesta a discernimiento, respondiendo así a las preguntas simples, pero fundamentales:

¿Por qué me conecto?

¿Qué voy a visitar?

¿Cuándo –a qué hora- me conecto?

Cada una de las respuestas a estas interrogantes se encuentra frente a una bifurcación. Está entre oportunidad e ingreso a una zona de riesgo. De hecho creo que Internet no es un instrumento de sano ocio. Incluso los juegos on-line son todo lo contrario a un momento de distensión, porque aumentan el nivel de tensión y porque imprimen en la mente situaciones que dejan una huella. Dejan, pues, una sensación de irritabilidad y de dependencia, que no son relajantes.

¿Cómo se relaciona la Internet con los padres de familia, con los religiosos y clérigos, con los jóvenes?

Del mismo modo que lo hace con todos los usuarios. Y, más bien, deberían ser los padres de familia y los pastores quienes den el ejemplo de manejo de este instrumento, sin tampoco demonizarlo, pero ayudando a los jóvenes a no dejarse arrebatar por el “canto de esta sirena”. Deben velar principalmente la “pérdida” de la libertad personal: moral e intelectual.

¿Cuáles son los puntos positivos y negativos de Internet con respecto a cada grupo mencionado?

Los puntos fuertes indiscutibles para todos son la velocidad en la recolección de información y la posibilidad de relacionar entre sí a millones de personas.

También Luparia mencionó en otra ocasión que en el caso de los casados una de las primeras causas de infidelidad se halla en la Red, ya que permite conocer y se expone a ser seducido por otra persona. Este peligro es sin lugar a dudas también posible para los religiosos y clérigos, agregándolo otro peligro que es el de generar una gran dependencia por la realidad virtual en deterioro del cuidado de su rebaño real.

Por último, para todos los grupos los mensajes e ideologías violentas pueden generar, y sembrar “a largo plazo”, acciones reales y concretas de oposición frente a la realidad, junto a desarrollos de violencia.

¿Existe un peligro en Internet para el pudor? ¿Qué otro peligro relacionado a este existe?

Uno de los datos que personalmente he podido comprobar y ver confirmado es la total ausencia del pudor. Impudor en todo sentido, no sólo en el lenguaje y las imágenes, también en lo que se refiere a los sentimientos. Especialmente afectados son los jóvenes que de manera superficial e ingenua ponen on-line sus pensamientos más íntimos. Garantizados estos falsamente por la distancia remota que da un matiz de anonimato a esta acción. El peligro real es que la dimensión más profunda de la persona puede –como ocurre frecuentemente y a veces con resultados muy dramáticos– ser utilizada para fines utilitaristas cuyo objetivo es la seducción, o un objetivo inmoral, etc.

Facebook es hoy una red social que contiene millones de personas. ¿Cuáles son los aspectos positivos y negativos en su uso?

Facebook es un instrumento de conocimiento virtual interpersonal que restringe la utilización de Internet principalmente a relaciones entre personas y entre grupos. En este ámbito, reducido, subsisten los peligros a no tener que desarrollar una real apertura personal, en la que cada uno asume la responsabilidad en cada acción interrelacional.

En el caso particular de Facebook, la inmadurez y el narcisismo son los principales puntos negativos, pero que deben ser considerados causados por el uso que cada individuo hace, y no son puntos negativos inherentes al sistema.

El Santo Padre nos invita a usar Internet como medio importante en la evangelización. Según usted, ¿qué criterios debemos considerar en este medio?

Como primera consideración el saber discernir y sopesar los claros riesgos y peligros internos que ya hemos notado, a pesar de la parte eficaz y positiva que tiene Internet. Su uso en el apostolado es aconsejable y benéfico, pero hay que también tomar maduramente en consideración el «por qué» y el «en qué» se lo utiliza.

También -me permito- invito a no absolutizar Internet como la única forma de evangelización. Su utilización, incluso para el caso de la persona que tiene una natural inclinación o facilidad informática, se inserta en otras formas de evangelización. No permitir que Internet se haga un monopolio en nuestra propia mente. Confiemos más en la versatilidad y creatividad inherentes a la persona humana.

Conclusión personal del autor:

Las respuestas recibidas evidencian una aproximación que acentúa la parte negativa de Internet, de sus riesgos y peligros, pues la intención de fondo del psicólogo Luparia es despertar la conciencia en los usuarios. Que sepan con qué realidad se están relacionando, y cómo podría afectarlos. En una palabra, que el navegador sea más auténticamente libre y maduro. Hay que tener también en cuenta que estas respuestas provienen de un psicólogo con experiencia en el apostolado a religiosos, religiosas y clérigos, que consiste en acompañar y rescatar las vocaciones en dificultad.

No creo que esta sea la última palabra sobre Internet. Ni esa era la intención. Pero me parece necesario tener en cuenta la aproximación a Internet como “sujeto”, como «cerebro pensante», es decir como una realidad que tiene una dimensión relacional, activa y que siempre porta una intencionalidad que nos afecta positiva o negativamente. Internet no es una realidad neutra y pasiva.

Agrego a esta reflexión unas palabras de Benedicto XVI sobre la utilización de Internet en relación a la evangelización que me parecen pertinentes. El Santo Padre anima «a los responsables de los procesos comunicativos a promover una cultura de respeto por la dignidad y el valor de la persona humana. Ésta es una de las formas en que la Iglesia está llamada a ejercer una «diaconía de la cultura» en el «continente digital» ((Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XLIV Jornada Mundial de las comunicaciones sociales, 16/5/2010.)). Sin embargo, «la creciente multimedialidad y la gran variedad de funciones que hay en la comunicación, pueden comportar el riesgo de un uso dictado sobre todo por la mera exigencia de hacerse presentes, considerando internet solamente, y de manera errónea, como un espacio que debe ocuparse» ((Allí mismo)).

El criterio de fondo es siempre el bien integral de la persona humana, teniendo la primacía su dimensión espiritual y el Fin al que tiende. «Hay que considerar con interés los diversos sitios, aplicaciones y redes sociales que pueden ayudar al hombre de hoy a vivir momentos de reflexión y de auténtica interrogación, pero también a encontrar espacios de silencio, ocasiones de oración, meditación y de compartir la Palabra de Dios» ((Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XLVI Jornada Mundial de las comunicaciones sociales, 20/5/2012.)).

© 2013 – Rudolf Haid para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Rudolf Haid

Rudolf es Ingeniero Industrial por la Escuela Politécnica del Litoral (Guayaquil, Ecuador). Es Bachiller en Filosofía por la Pontificia Universidad Gregoriana (Roma) y Bachiller en Teología por la misma institución.
Cursa actualmente una Licenciatura en Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), en Buenos Aires. Es profesor de Filosofía, Teología y Ética en la Universidad del Salvador y trabaja en el equipo de La Abadía Espacio Cultural, en Buenos Aires.

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