Desde el 4 de abril de este año, hemos visto cómo a nivel mundial, las relaciones entre Estados Unidos y Rusia se han debilitado por los ataques bélicos de EUA a Siria, Afganistán y las maniobras conjuntas con Japón. Todo esto me ha hecho recordar las tensiones que había allá por los 80´, con la llamada “Guerra Fría”. Los que tienen más de 40 años con certeza se recordarán.

Para empezar a “pintar” un poco el tablero, vemos la maniobra conjunta de EUA con Japón, acercándose cada día más “a las orillas” de Corea del Norte. El portaaviones estadounidense USS Carl Vinson y la Marina japonesa han iniciado un ejercicio militar conjunto en el océano Pacífico. Según ha confirmado el Ministerio de Defensa de Japón, la maniobra es un gesto de apoyo a EE.UU. en medio de la escalada de las tensiones entre Washington y Pyongyang, debido a la amenaza que supone el programa nuclear de Corea del Norte. “Dos buques de guerra japoneses, llamados Samidare y Ashigara, participarán en varios ejercicios para poner en práctica una variedad de tácticas en colaboración con el grupo estadounidense”, reza la misiva de la Fuerza Naval nipona.

El otro punto de tensión es que por primera vez Estados Unidos, ataca directamente instalaciones del gobierno sirio desde que comenzó el conflicto civil en este país, lo cual representa un “cambio radical” en la política exterior del presidente de dicho país. El hecho concentró la atención mundial y, desde luego, provocó la inmediata reacción del gobierno ruso, aliado del régimen de Damasco. Moscú señaló que el lanzamiento de 59 misiles contra una base aérea cercana a la ciudad siria de Homs representa una “agresión contra una nación soberana”.

La razón alegada por funcionarios estadounidenses es que la base aérea de Al Shayrat, en el occidente de Siria, fue utilizada para lanzar un ataque químico en el noroeste del país aquel martes que dejó 80 civiles muertos, incluidos varios niños. “Es vital para los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos prevenir y disuadir la proliferación de las armas químicas”, señaló el presidente de EUA. Rusia suspendió un canal de comunicación establecido con Estados Unidos para evitar accidentes en el espacio aéreo de Siria. Obviamente, era de esperar que el gobierno de Al Asad negara haber usado armas químicas y rechaza toda responsabilidad en lo sucedido en Idlib.

Como si esto no fuese suficiente, pocos días antes, el Pentágono difundió el video del momento en que la bomba GBU-43, la mayor no nuclear del arsenal estadounidense, nunca utilizada hasta entonces, impactó contra un sistema de cuevas del Estado Islámico (EI) en Afganistán. Autoridades de la provincia donde ocurrió el ataque dijeron que la bomba GBU-43 destruyó un complejo de túneles construido por combatientes islámicos durante la invasión soviética y mejorado por el grupo afiliado al EI en el país que había aguantado otros bombardeos.  Los rebeldes talibanes, que combaten tanto al EI como al gobierno afgano y a las tropas estadounidenses presentes en Afganistán, condenaron hoy la “creciente brutalidad” y el “crimen” de Washington y dijeron que la eliminación del EI debe ser cosa de los afganos, no de extranjeros. Agregaron que Estados Unidos continuaría trabajando “hombro con hombro” con Afganistán para eliminar a un grupo que para ellos ha cometido, atentados contra manifestantes pacíficos, mezquitas y hospitales; ha matado con explosivos a civiles y ancianos; y ha secuestrado a mujeres y niñas. “Son animales”,  se dijo.

Buscando la prudencia y la paz, durante una rueda de prensa conjunta con su par francés, Jean-Marc Ayrault, en Pekín (capital de China), Wang – ministro de relaciones exteriores –  ha vuelto a pedir a todas las partes el suspender sus ensayos, maniobras y actividades militares como paso previo para retomar el diálogo y a impedir que “las cosas evolucionen hasta un punto irreversible e incontrolable”. Lo hizo haciendo referencia a las maniobras “contra Corea del Norte”, pero podemos aplicar ese llamado al diálogo muy bien a las demás tensiones internacionales.

Todo esto está generando un “espiral” cada vez más profundo de represalias, peleas, relaciones diplomáticas extremadamente frágiles. No me parece exagerado decir que todo esto puede aumentar y generar fuertes tensiones, e inclusos ataques bélicos entre esos varios países. El panorama no es nada alentador.

Seguramente, uno de los grandes problemas es la falta de un diálogo transparente, que permita relaciones prudentes, buscando, obviamente, resolver problemas realmente peligrosos de una manera pacífica. Sin embargo, sería ingenuo decir que los ataques de EUA no tienen ningún sentido, más allá de una política agresiva de Trump, que la vemos en muchas otras decisiones importantes.

Ante esta realidad, uno se pregunta: ¿qué problemas hay detrás de todo esto? La pregunta es muy amplia, y podría ser abordada desde distintas perspectivas. Sin embargo, quiero hablar de una cualidad humana, que para mí, es de las más importantes y trascendentales: el diálogo.

Si nos referimos a la etimología (significado literal de la palabra en sí misma) descubrimos lo siguiente. La palabra se origina del latín, y tiene dos partes: “dia” y “logos”. “Dia” significa: “a través de…”; “logos”: palabra, conocimiento, ciencia, etc. Por lo tanto, estamos hablando de una palabra, que categoriza una actitud, propia y solamente del ser humano: buscar a través del conocimiento, o palabra, o ciencia un objetivo. En este caso, estamos hablando de la “paz”, fruto de la Verdad. Sin el diálogo es muy difícil, por no decir imposible, lograr una relación prudente entre dos partes.

Por ello, es que surge una ciencia política internacional llamada: diplomacia. Es decir, un “camino” que por medio del diálogo, trata de resolver problemas o tensiones entre dos o más países. Ahí donde carece el diálogo, poco a poco, surge la fuerza como manera de imponer la propia postura. El diálogo es el camino para que dos personas, instituciones o países, compartiendo sus opiniones y perspectivas ante la realidad, logren juntos alcanzar la Verdad sobre determinado tema.

Este último punto debe quedar muy claro: el diálogo es una búsqueda conjunta de la Verdad. No se trata, simplemente, de debatir opiniones, sin ningún objetivo. Tampoco es sana la famosa palabra “tolerancia”. Puesto que normalmente es mal entendida. Se la entiende actualmente como respetar la postura ajena, sin una preocupación por ilustrar la Verdad. La correcta tolerancia es el respeto que deben tener ambas partes mutuamente. Pero siempre en búsqueda de la Verdad. Sin embargo, actualmente hay muchas corrientes de pensamiento que no permiten lograr esa Verdad. Tan sólo menciono el “relativismo”, postura que indica que no existe una Verdad absoluta. Cada uno tiene su propia versión de la Verdad. De esa manera, se puede entender que es imposible alcanzar el objetivo principal del diálogo: lograr la Verdad.

Para no extenderme mucho más, simplemente quiero mencionar algunas actitudes fundamentales para generar un sano diálogo. Actitudes que están cada vez menos presentes en nuestra cultura. Algunas de las cuales, pareciera que sólo se las encuentra en diccionarios.

Apertura al pensamiento ajeno, lo cual permite una escucha atenta y objetiva de su opinión. Implica desapegarse de la propia postura y reconocer, si fuese necesario, que lo que el otro piensa es más acertado que mi propia idea. Significa reconocer que el otro es un bien para mí, incluso cuando se esconde detrás de actitudes que no compartimos. Esto requiere coraje.

Ponerme, coloquialmente hablando, “en los zapatos” del otro. Hacer un esfuerzo exigente por entender las preocupaciones, dificultades e ideas del otro lado. Implica una renuncia de la propia postura, lo cual no significa que acepto acríticamente su opinión, pero trato de entenderlo.

Otra actitud fundamental es no partir de prejuicios. No “etiquetar” a las personas. Esa aproximación al otro, tergiversa desde el principio, mi manera de entender lo que el otro quiere decirme. ¿Por qué? Porque lo escucho partiendo de premisas, que no son necesariamente correctas. Por lo tanto, las conclusiones a las que llego, usualmente son equivocadas. Es obvio que otras culturas tienen características “de por sí”. Pero eso no puede sesgar mi esfuerzo por comprender lo que me quiere decir.

También es importante la paz y mansedumbre, posibilitando un “terreno” apropiado para ese intercambio de opiniones. Especialmente cuando estamos refiriéndonos a cosas tan delicadas como las relaciones internacionales.

Les invito a todos, que se pregunten: ¿Cómo puedo  promover el diálogo en nuestros ambientes? ¿Cómo podemos escucharnos más unos a otros? ¿Cómo en medio de una cultura, en la que parece reinar el odio, podemos ayudar a construir una sociedad verdaderamente humana y abierta al diálogo? ¿Cómo podemos ser fieles a nuestra propia identidad? ¿Quiénes somos? Pienso que muchas veces no lo sabemos muy bien, ¿quiénes somos? Es una pregunta fundamental que cada uno tiene que responder. Pregúntate: ¿Quién soy yo? Termino estas reflexiones con una idea fundamental: somos PERSONAS. Les exhorto a investigar qué significa decir que somos personas. Les aseguro que comprender nuestra identidad fundamental – el ser personas – facilitará enormemente a entender todas las actitudes importantes para un diálogo positivo. No exagero al decir, literalmente, que es el camino ideal para salir al paso de todos estos problemas actuales.

© 2017 – Pablo Augusto Perazzo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Pablo Augusto Perazzo

Pablo nació en Sao Paulo (Brasil), en el año 1976. Vive en el Perú desde 1995. Es licenciado en filosofía y Magister en educación. Actualmente dicta clases de filosofía en el Seminario Arquidiocesano de Piura.
Regularmente escribe artículos de opinión y es colaborador del periódico “El Tiempo” de Piura y de la revista "Vive" de Ecuador. Ha publicado en agosto de 2016 el libro llamado: “Yo también quiero ser feliz”, de la editorial Columba.

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