papa_eleccion1Un emocionado Cardenal Jean Louis Tauran anunció ayer, desde el balcón de la Basílica de San Pedro, la elección del Cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio como el nuevo Sucesor de Pedro. El veterano prelado vaticano expresaba la emoción y la alegría que embargaba a la muchedumbre que había aguardado bajo la fría lluvia la señal de la elección del nuevo Papa, y a los millones que siguieron la ceremonia desde los medios de comunicación. Cuando anochecía en Roma se pudo ver que la “fumata” era blanca, despertando la expectativa mundial. Tras el anuncio del nombre del Cardenal elegido, se acercó quien hasta aquel momento había sido Arzobispo de Buenos Aires, pero cuyo nuevo servicio, bajo el nombre de Francisco, será ahora pastorear la Iglesia en el mundo.

Tras un recogido silencio, el nuevo Papa Francisco permitió atisbar el cauce que deseaba plantear a la Iglesia: «Ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad».

Para guiar a la Iglesia los cardenales habían ido a buscar a un Papa “casi al fin del mundo”. Si algo ha evidenciado esta etapa histórica, entre la renuncia de Benedicto XVI y la elección de su sucesor, es el carácter universal de la Iglesia y el inusitado interés que ha despertado. Basta revisar las primeras planas aparecidas en estos días. Aquello significa un especial reto para la evangelización, trayendo abajo las percepciones de algunos, que consideraban al catolicismo como un vestigio del pasado.

[pullquote]Asimismo ha sido de lamentar el intento de imponer una serie de agendas para una supuesta “reforma” de la Iglesia. Sin embargo aquellas iniciativas respondían a aproximaciones políticas antes que a visiones eclesiológicas. Vittorio Messori acertó cuando denunció la tendencia «a la deformación obsesiva, podríamos decir maníaca, de quien pretende interpretar la realidad religiosa utilizando también las habituales categorías políticas, las aburridas y gastadas (y, en este caso, totalmente engañosas) distinciones entre derecha -izquierda, conservadores-progresistas, tradicionalistas-modernistas, dialogantes-integristas» ((Vittorio Messori, Esa lectura política que desfigura la Iglesia, en Corriere della Sera, 27/2/2013.)).[/pullquote]

Ciertamente desde el punto de vista de la historia y de la geografía los Cardenales recorrieron un largo camino para convocar al Papado al primer latinoamericano, un religioso argentino nacido en Buenos Aires en el año 1936, hijo de inmigrantes italianos, cuyo padre fue trabajador ferroviario. En el año 1958 Jorge Mario Bergoglio ingresó a la Compañía de Jesús, ordenándose sacerdote once años más tarde. Llamado a la enseñanza, fue profesor de teología, filosofía y literatura. Entre 1973 y 1979 fue Provincial de su congregación en Argentina. Más tarde ejerció como Rector del seminario de Villa Devoto, en la vecindad de la capital porteña. Elegido Obispo Auxiliar de Buenos Aires en 1992, sucedió al Cardenal Antonio Quarracino como Arzobispo en 1998. En el año 2002 fue elevado a Cardenal, nombrándosele miembro de varias congregaciones romanas.

Como Arzobispo, el Cardenal Bergoglio realizó un gran esfuerzo en la labor pastoral, tratando de alcanzar a una ciudad que representaba grandes retos para la evangelización, descrita por él mismo como “varias megápolis en una”. «Lo monocultural no corre (…) El gran esfuerzo no solamente es inculturarnos -que siempre hay que hacerlo-, sino comprender los lenguajes que van llegando, que son totalmente distintos», expuso en una ocasión ((Ver AICA, 9/11/2011.)). La experiencia de animar la fe en una megápolis, donde se entrecruzan diversos retos como la indiferencia de Dios y la injusta postergación de grandes sectores sociales, agobiados por la pobreza, servirá al Papa Francisco para ejercer la labor pastoral en la Iglesia universal.

Queda muy claro que otro de los grandes desafíos será el impulso de la catequesis en el contexto de la Nueva Evangelización. Hace unos años un experimentado prelado manifestaba que en los países europeos «la secularización ha provocado un derrumbe de la cultura cristiana» ((Arzobispo Jean-Louis Bruguès, O.P, La división de la Iglesia occidental integrados y alternativos, L’Osservatore Romano, 3/6/2009.)). En América Latina, el “Continente de la Esperanza”, una Iglesia vital debe disputar, palmo a palmo, el avance de las sectas evangélicas. En África y Asia, donde el crecimiento del catolicismo es significativo y la fe es vibrante, los bautizados deben confrontar las violentas persecuciones de las mayorías musulmanas radicales.

Estos retos demandan edificar una fe sólida, que ilumine el camino hacia el Señor Jesús. La Iglesia aprende de los santos que Jesucristo está presente en aquellas comunidades donde está espiritualmente vivo.

El Sínodo de la Nueva Evangelización del año 2012 evidenció «la oscuridad de la ignorancia religiosa», que hace que la gente busque sucedáneos para responder al hambre de vida interior y de Dios ((Ver Instrumentum Laboris, N. 100-101.)). Aludiendo a estos problemas el Cardenal William Wuerl indicaba que «generaciones enteras se han disociado de los sistemas de apoyo que facilitaban la transmisión de la fe (…) como si un tsunami de influencia secular hubiese destruido todo el paisaje cultural» ((Card. William Wuerl, Relatio ante Disceptarionem, 8/10/2012.)).

El prelado norteamericano, que actuaba como “relator sinodal”, añadió entonces que la Iglesia había confrontado, especialmente entre los años 1970-80, «una catequesis verdaderamente escasa o incompleta», mientras que en diversos centros de instrucción superior católica había primado una «hermenéutica de la discontinuidad» que prescindía de la historia y de la tradición de la Iglesia.

[pullquote]Precisamente la Nueva Evangelización debe favorecer la familiarización con la tradición y la esencia de lo que constituye ser cristiano: el encuentro con el Señor Jesús y la vivencia coherente de la fe.[/pullquote]

El nombre elegido por el nuevo Papa, “Francisco”, remite a un gran santo que destacó por su humildad y generosidad, pero también por su apasionado celo apostólico: Francisco de Asís, santo de la pobreza evangélica supo responder a retos difíciles con una gran fe en el amor de Jesucristo, la Buena Nueva de salvación. Testimonió «una Iglesia capaz de mostrar el rostro de la misericordia de Dios», según la intervención del entonces Cardenal Bergoglio en las reuniones generales previas al cónclave. Corresponderá a la Iglesia liderada por el Papa Francisco proponer el mensaje salvífico de una manera «nueva en su ardor, en su método y su expresión», respondiendo al llamado de «Id y predicad hasta los confines de la tierra» (Mc 16,15).

© 2013 – Alfredo Garland Barrón para el Centro de Estudios Católicos – CEC
 
 

Alfredo Garland Barrón

Alfredo luego de seguir estudios de Filosofía y Derecho, se ha dedicado al periodismo. Ha publicado numerosos artículos en revistas latinoamericanas, y también cuenta con varios libros publicados.Sus investigaciones están focalizadas a temas sobre la cultura en general, la filosofía, la vida eclesial, y diversos temas existenciales y de actualidad que buscan responder a las preguntas fundamentales de los hombres de hoy.

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