Gustavo-Gutierrez-y-FranciscoDesde que Jorge Bergoglio fuera elegido como Papa Francisco, hace ya un año, se ha especulado mucho sobre su filiación política, más todavía después de las críticas al capitalismo vertidas en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, y que han recordado a muchos las reflexiones que Pablo VI vertió en la Popularum Progressio de 1967.

A esta polémica ha seguido otra casi de inmediato. Se ha conocido ahora que el 12 de septiembre Francisco recibió en audiencia privada al sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, que es considerado, junto con obispo brasileño Hélder Cámara, como el fundador de la Teología de la Liberación. Gutiérrez ha defendido desde principios de los 70, junto a otros autores como Leonardo Boff, que la Teología debe de partir de una análisis de la realidad social, y que el instrumento adecuado para realizar dicho análisis es el marxismo.

Por si esto fuera poco, a finales de febrero se presentó el volumen editado por la Librería Vaticana “Pobre para los pobres. La misión de la Iglesia” que, si bien está firmado por el cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Müller, contiene una colaboración del propio Gustavo Gutiérrez y un prefacio del puño y letra del Papa.

El libro fue presentado por Müller junto a Federico Lombardi y al cardenal Óscar Rodríguez Madariaga, y en el acto estuvo presente también Gutiérrez. No pocos medios de comunicación anunciaron que ésta era la “entrada oficial” de la Teología de la Liberación en el Vaticano, lo que no deja de ser una exageración interesada.

[pullquote]Todavía queda por destacar un detalle más que no dejará de producir cierto malestar a quienes desearían un Papa afecto al liberalismo. Francisco, desde su juventud, se interesó por los problemas económicos, políticos y sociales, y siempre desde una marcada sensibilidad por los más desfavorecidos.[/pullquote]

Ya cuando estudiaba para ser técnico químico, con apenas dieciséis años, fue amonestado en su centro de estudios por acudir reiteradas veces con una insignia del partido justicialista que, en aquel entonces, impulsaba los derechos denominados “de segunda generación” o “sociales”.

Como él mismo ha señalado, su principal maestra en el área de la política fue Esther Ballestrino de Careaga, una disidente paraguaya cuyas preferencias se dirigían hacia los partidos comunistas. Entonces Bergoglio leía publicaciones del Partido Comunista argentino como “Nuestra Palabra”, o cercanas a él, como era el caso de “Propósitos”, donde escribía el activista de izquierdas Leónidas Barletta.

Sería estúpido intentar ocultar determinados datos biográficos de nuestro actual Pontífice sólo porque pudieran resultar molestos a unos o a otros. Sin embargo, a la luz de estos detalles, nace la siguiente pregunta: ¿es Francisco un comunista o un marxista, como han proclamado en los últimos meses algunos neoconservadores norteamericanos? Su postura respecto a la Teología de la Liberación nos aclarará más este punto.

El Papa ya ha respondido a la pregunta sobre la Teología de la Liberación en varias ocasiones, como Papa y antes de ser elegido Papa. Tal vez uno de los textos más importantes para comprender su postura al respecto sea el artículo “Actitudes conflictivas y Pertenencia eclesial” que publicó la revista Stromata en su primer número de 1983.

A este escrito podríamos añadir diversas declaraciones, como las que hizo a la revista “Razones para creer” en el año 2012, en las que señaló que en la Teología de la Liberación pesaban demasiado ciertas «impregnaciones ideológicas, reductoras de la realidad» que la habían hecho rápidamente anacrónica.

puebla1979Sin embargo, la manera más concreta de recoger sus posiciones sobre esta corriente teológica es acudir a sus comentarios sobre el Documento de Puebla, con el que se cerró la III Conferencia General del Episcopado de Latinoamérica y el Caribe (1979). Bergoglio siempre se mostró de acuerdo con este texto.

Los obispos reunidos en Puebla señalaron en la conclusión de la Conferencia que el marxismo y el capitalismo debían ser rechazados por el mismo motivo, y es que ambas ideologías son «idolatrías de la riqueza» (§ 542 y 543). Uno y otro comparten el mismo fundamento, diferenciándose únicamente en que el marxismo se desvía del capitalismo para señalar que éste no ha comprendido el valor humano del trabajo y vive bajo el fetichismo de la mercancía, lo que es, por cierto, verdad.

Por ese motivo, si bien se dice –como cita Bergoglio en su conferencia de 2010 “Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad”— que la pobreza «no es una etapa casual, sino un producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas, aunque haya otras causas de la miseria», con un lenguaje que nos recuerda tanto a los teólogos de la liberación como a Pablo VI, los obispos latinoamericanos se muestran muy críticos con la Teología de la Liberación apuntando a cuatro errores fundamentales:

1. Que, en contra de lo que defiende Leonardo Boff, el uso de las categorías filosóficas marxistas para el análisis de la realidad tiene una influencia directa en las conclusiones teológicas posteriores, puesto que toda Teología se apoya en una Filosofía de fondo y se ve afectada por ella, de la misma manera que toda Filosofía se apoya siempre en presupuestos teológicos que resultan, a la postre, decisivos.

2. Que convierte a la fe cristiana en una ideología al provocar “la total politización de la existencia cristiana”. En el fondo lo que piensan muchos de estos teólogos es que Cristo no es suficiente, que sólo marca un horizonte moral ideal, y que caminar hacia ese horizonte requiere del uso de la ideología, cuando no de la violencia.

3. Que disuelve “el lenguaje de la fe en el de las ciencias sociales”, al explicar la vida humana y su destino según categorías sociológicas, principalmente marxistas.

4. Que propone una liberación política, vaciando “la dimensión trascendental de la salvación cristiana”. La liberación, según esta posición, no vendrá de Cristo, sino de la toma del poder. De hecho la propia Resurrección de Cristo se convierte en una categoría molesta, puesto que desvía hacia un fin temporalmente indeterminado las fuerzas que han de emplearse en una revolución inmediata.

[pullquote]El resultado, en palabras de Jorge Bergoglio, es la aparición de actitudes eclesiásticas que «dispersan en vez de congregar, tienen miras humanas en vez de divinas, se introducen por la fuerza en el rebaño de Cristo y con palabras perversas arrastran a los discípulos en su seguimiento».[/pullquote]

Hemos de tener presente, con todo, que un rechazo en bloque de los contenidos de la Teología de la Liberación es una actitud tan absurda y unilateral como su aceptación acrítica. Encontramos en ella, comenta Jorge Bergoglio en “El Jesuita”, una gran variedad de posturas, y en muchas se pueden descubrir expresiones verdaderas de fe y de amor, como la opción preferencial por los pobres, por los marginados. A su lado también veremos excesos inaceptables, como es la utilización de la hermenéutica marxista o la contemporización con posturas violentas.

 En conclusión, y como tantas veces ha señalado Francisco, el marxismo es una interpretación falsa de la realidad que tiene terribles consecuencias cuando afecta a los planteamientos teológicos. Para comprender, criticar y superar la injusticia que provoca el capitalismo, la cultura del descarte que anida en los sistemas políticos de Occidente, no se precisa abrazar ninguna postura ideológica: basta ser de Cristo, basta con el Evangelio.

© 2014. Artículo escrito por Marcelo López Cambronero para Aleteia. Publicado el 26 de marzo de 2014.

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