El Siervo de Dios Jérôme Lejeune, profesor, médico y científico, padre de la patología citogenética y de la genética moderna, nace en el seno de una familia católica, el 13 de junio de 1926, en la ciudad de Montrouge, Francia. Recibe sus estudios iniciales en el prestigioso colegio católico Collège Stanislas de Paris.

Durante su adolescencia, tuvo que sufrir las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, entre los años 1939 y 1945, que dejó a su familia en una situación económica muy difícil. Esta situación de profundo dolor y sufrimiento le ayudó a fortalecer un corazón de fe, sensible y comprometido con las personas más necesitadas.

Una vez culminada la guerra, decide estudiar medicina como una profesión que le permitiría vivir esa entrega y ese servicio en favor de los demás. Posteriormente realiza estudios de genética en la Universidad Sorbona de París y se especializa en pediatría.

Poco a poco la vida lo va llevando a construir uno de sus mayores legados en favor de los niños que padecen de Síndrome de Down, encontrando la causa de tal enfermedad: una trisomía en el cromosoma 21 (un cromosoma extra en el par 21). Lejeune realizó una exhaustiva investigación en donde logró comprobar que el factor común en los pacientes con Síndrome de Down es que no poseen 46 cromosomas, como todos los demás seres humanos, sino 47. Se trata entonces del primer diagnóstico de una enfermedad cuyo origen es una alteración genética.

«El 26 de enero de 1959 la Academia Francesa de Ciencias aprobó y publicó el artículo “les chromosomes humains en culture de tissus”, de Lejeune, Gautier y Turpin, con tres casos de pacientes con síndrome de Down y cariotipo con 47 cromosomas. El 16 de marzo un segundo estudio de la Academia, este con 9 pacientes, confirmó las conclusiones. Un mes después, un equipo independiente, el de los ingleses Brown y Jacobs, reprodujo los resultados, confirmando el hallazgo científico. El “mongolismo” se había convertido en la primera enfermedad de causa genética demostrada, la trisomía 21, como todavía se la conoce médicamente» ((Ver (http://infocatolica.com/blog/matermagistra.php/1208300749-jerome-lejeune))

Cuando Lejeune confirmó estos hallazgos, siendo aún un médico muy joven, contando con solo 32 años de edad y una promisoria carrera profesional, más que buscar halagos para sí mismo, por este gran mérito científico, su mayor alegría era poder devolver un poco la dignidad a estos pequeños que sufrían de Síndrome de Down y a sus familias. Lastimosamente, la enfermedad se encontraba marcada con estereotipos sociales, en donde la causa de la enfermedad era atribuida a situaciones familiares no adecuadas, que se expresaban en enfermedades venéreas como sífilis, por ejemplo.

«Así pues, a la discriminación que las personas con síndrome de Down sufrían por sus características (lo habitual era llamarlos mongólicos, enfermos y retrasados mentales) había que añadir el estigma social que afectaba a la “reputación” de las propias familias» ((https://downberri.org/2010/11/27/jerome-lejeune-la-llave-de-la-trisomia-21-2/#more-4078))

[pullquote]En efecto, su hija Clara Lejeune-Gaymard, quien luego de la muerte de su padre escribe un libro sobre su testimonio de fe y ciencia, “Life is a Blessing: A Biography of Jérôme Lejeune”, en una entrevista concedida a la Agencia Católica de Información ZENIT, señala expresamente que «estos niños eran escondidos, especialmente en Francia o el resto de Europa. Él quiso devolver la humanidad y el orgullo de estos niños a sus padres diciéndoles que estaba en su código genético y que no venía de familia ni de un mal comportamiento» ((https://es.zenit.org/articles/devolviendo-la-humanidad-a-los-ninos-con-sindrome-de-down-parte-1/))[/pullquote]

Sin embargo aquí no termina el legado científico del profesor Lejeune. Por el contrario, se abren muchas más investigaciones que le permitieron lograr junto con sus colaboradores, entre otros grandes resultados, algunos hallazgos relacionados con alteraciones genéticas como causa de enfermedades; en 1964 la causa del síndrome del maullido de gato (una alteración en el cromosoma 5) y en 1966 la causa del síndrome de Edwards (una alteración en el cromosoma 18).

Es entonces, en medio de este glorioso tiempo de su carrera profesional que comienza a recibir muchos elogios, nombramientos, y premios como:

1962: nombramiento como experto en genética humana para la Organización Mundial de la Salud.

1963: nombramiento como miembro de la Comisión Internacional de Protección Radiológica y experto del comité científico de los efectos de la radiación atómica de Naciones Unidas.

1963: premio Kennedy.

1964: nombramiento como Director del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia

1965: otorgamiento de título de la primera cátedra de genética fundamental en París.

1969: premio William Allan, otorgado por la Sociedad Americana de Genética Humana, el más alto galardón mundial en genética.

Para el Profesor Lejeune, siempre fue un principio que sus investigaciones buscarían contribuir a un fin preventivo, así como de intervención, para ayudar a los pacientes que sufren de estas alteraciones cromosómicas. No es sólo un médico, es un amigo, un hermano que se compadece y se compromete totalmente con sus pacientes.

Los inicios de la década de los setenta, vienen impregnados de una agenda proabortista, que procurará utilizar los hallazgos del Lejeune, favor de sus intereses anti vida y en contra de los mismos pacientes. Se pretendió, por lo tanto, detectar desde el embarazo las anomalías cromosómicas, para proceder a abortarlos y evitar que nacieran, como un supuesto signo de solidaridad con ese futuro paciente.

La agenda proabortista, buscó promover aprobación de leyes que permitieran el aborto en estos casos. Lejeune no duda ni vacila en mantenerse incólume en sus principios de fe y humanismo cristiano. Quienes hace algunos años lo exaltaron como una eminencia en el ámbito científico, comienzan a darle la espalda por su postura pro vida y en defensa de los más necesitados.

Sin temor ni temblor, el profesor Lejeune expuso sus argumentos de oposición al aborto, y como defensor y apasionado por la vida, elevó la siguiente frase que le costó perder el Premio Nobel al que aspiraba, cuando en medio de un discurso realizado en el National Institute for Health, expresó estas fuertes palabras: «Ustedes están transformando su instituto de salud en un instituto de muerte» ((http://www.arguments.es/culturadelavida/2014/03/21/jerome-lejeune-un-amante-de-la-vida/))

En efecto, el premio Nobel nunca llegó. Sin embargo, fue mucho más lo que ganó: coherencia con el juramento hipocrático, coherencia con su fe cristiana, compromiso y fidelidad con sus hermanos pacientes. Son sus propias palabras las que expresan su postura y coherencia de vida, como hombre de fe y ciencia:

«Se podría imaginar, ciertamente, una sociedad tecnocrática en la que se matara a los viejos y a los deficientes, y donde se acabara con los heridos del camino. Esta sociedad sería quizá económicamente eficaz. Pero esta sociedad sería inhumana. Estaría pervertida por un racismo tan tonto y tan abominable como los otros, el racismo de los sanos contra los enfermos» ((http://www.arguments.es/culturadelavida/2014/03/21/jerome-lejeune-un-amante-de-la-vida/)).

No es posible pasar por alto que para la Iglesia Católica la labor del Profesor Lejeune no era desapercibida en modo alguno. En efecto en 1974 fue nombrado miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias. Posteriormente fue incorporado como miembro del Pontificio Consejo para la Salud.

Muere el Domingo de Pascua, 3 de abril de 1994. El Santo Padre, profundamente conmovido con el tránsito a la Casa del Padre de este siervo fiel, a quien conoció personalmente, con unas conmovedoras palabras reconoció la valiosa labor apostólica del Profesor Lejeune en favor de la vida:

[pullquote]«Las palabras de Cristo acuden a la mente al contemplar la muerte de Jérôme Lejeune. Una muerte como esta fortalece el testimonio por la Vida al que cada uno de nosotros estamos llamados por Jesucristo. A lo largo de la vida de nuestro hermano Jérôme, este llamamiento fue un principio rector. Como biólogo altamente especializado, tenía pasión por la vida. Fue una de las grandes autoridades mundiales en su campo. Asistimos a la muerte de un gran cristiano del siglo XX, para el cual, defender la Vida se convirtió en un apostolado» ((http://infocatolica.com/blog/matermagistra.php/1208300749-jerome-lejeune)).[/pullquote]

Claudia Cruzat

Claudia Andrea Cruzat Riquelme (Santiago de Chile, 1987) es Técnico Nivel Superior Paisajista por el Instituto INACAP y posee diplomados en Doctrina Social de la Iglesia, Sagrada Familia (Pontificia Universidad Catolica) y Liderazgo Católico (Academia de Líderes Catolicos). Gran entusiasta de la naturaleza y la cultura, también es cantante soprano y ha participado en varios coros, como el de la Universidad de Los Andes. Participa desde el año 2004 en el Movimiento de Vida Cristiana (MVC), además de haber prestado servicios en diversas instituciones católicas, como la Pastoral Universidad Finis Terrae, en donde se desempeñó como Encargada de Formación y Jefa de Trabajos Sociales. Actualmente es ministra de comunión en la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes Vitacura. También actualmente es Asistente de Contenido en el CEC, en donde escribe artículos de Ciencia y Fe y Sacramentos.

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