!Muy feliz día a todos los papás! Espero que el Señor los bendiga abundantemente en este Día del Padre.

Ahora, la fiesta del Día del Padre es una fiesta secular, pero como Iglesia no siendo indiferente a lo que se vive en el mundo, aprovechemos esta instancia para meditar en un misterio que es muy importante para nuestra fe.

Hay una realidad que compartimos y que es sumamente hermosa. Cuando fuimos bautizados todos nos volvimos hijos del Padre y no es como que fuéramos hijos del Padre !No! Somos hijos de Dios, somos hijos del Padre. Por lo tanto, Dios te ve a ti, ¡sí!, a ti y a mí, como hijos y nos va a recibir en el fin de nuestros días, como Padre, como un padre abraza a su hijo, por lo mismo, meditemos en el don de la paternidad de Dios ¿Le hemos dicho “Feliz Día Papá” a Dios, a Dios Padre? Creo que no estaría mal, ¿o sí?, ¿o no?

Y en segundo lugar, todos tenemos un padre biológico. La relación que tenemos con ese padre biológico es distinta según cada uno de nosotros. Algunos pueden tener a su padre muy cercano, ir a verlo, estar con él, compartir y abrazarlo, quererlo, dejarse querer por él, acompañar por él. Algunos, tal vez, tienen a su padre ya en las moradas eternas; Tal vez, su padre ya falleció, ya partió. Algunos, tal vez, nunca conocieron a su padre, porque falleció cuando eran muy pequeños o porque, tal vez, nunca estuvo ahí. Yo no lo sé, pero hay algo que sí sé y es que ese padre que tú tienes, te lo dio Dios y por lo mismo, Dios sabía que ni tú, ni yo, ni nadie, va a tener el padre perfecto y es por eso que tenemos que querer a nuestros papás así como son: imperfectos.

Todos nuestros padres tienen miserias; todos nuestros padres han cometido errores; todos nuestros padres, de alguna u otra manera, pueden haber sido injustos; Pero son nuestro papá y, por lo mismo, vale la pena en este Día del Padre, que tú te preguntes: ¿Yo he aceptado a mi padre como es y lo quiero como es? ¿Estoy dispuesto a abrazarlo como es? ¡No tengas miedo de romper esa barrera! Y vive el don de ser hijo con un padre imperfecto, pero también con un hijo imperfecto como nosotros.

¡Que Dios te bendiga!

© 2017 – P. Sebastián Correa Ehlers para el Centro de Estudios Católicos – CEC

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