Nuestra serie Fe y Ciencia nos trae hoy un recuento de los principales aportes de la Iglesia a los orígenes de la ciencia. Te invitamos a ver el video:

Los primeros científicos cristianos formularon la tarea común para la ciencia y la teología: el conocimiento de la verdad

¿Cuál fue el marco en que actuaron los primeros científicos cristianos? ¿Aquellos religiosos, pioneros del saber experimental? Quizá uno de los primeros haya sido Juan de Filópono, un teólogo egipcio, que vivió en Alejandría entre los años 490 y 570. Este gran comentarista de la “Física de Aristóteles” elaboró teorías innovadoras sobre el espacio y la perspectiva, determinando que el espacio constituye un medio de tres dimensiones donde se ubican los objetos. En su libro “Sobre Generación y Corrupción”, Filópono planteó las reglas de la química concernientes a la combinación de los elementos.

Filópono argumentó que era errado concluir que las estrellas mostrasen distintos colores porque estaban compuestas de alguna materia “divina”, como se creía comúnmente en la antigüedad. Para este sabio las estrellas eran de la misma materia física que la Tierra, y el color de las llamas era producto de reacciones químicas.

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En diversas ocasiones Juan Filópono antagonizó con las enseñanzas aristotélicas. Fue sumamente importante que concluyera, a diferencia del filósofo estagirita, que los cuerpos caen a la misma velocidad en el vacío, a pesar que sus pesos puedan diferir. También observó que los cuerpos pesados, cuando eran proyectados hacia el aire, no debían su movimiento al viento, sino al impulso inicial. Ambos descubrimientos, atribuidos inexactamente a Galileo siglos más tarde, cuando el genio pisano dejó caer varios objetos desde la famosa torre inclinada de Pisa para calcular su velocidad, adelantaron considerablemente las nociones de la física.

El aliento que recibió un científico como Juan Filópono de la Iglesia, para cultivar las ciencias naturales, incluso contradiciendo las enseñanzas de Aristóteles, que constituían la norma y autoridad aceptada por los científicos de la época, significó un acontecimiento trascendental para la cultura universal.

[pullquote]Innumerables católicos, exploradores del mundo espiritual y del cosmos, comprendieron que la ciencia y la espiritualidad poseían una tarea común: el conocimiento de la verdad. El testimonio de estos científicos desautoriza el postulado que hace coincidir el progreso científico con la exclusión de Dios del ámbito cultural y científico.[/pullquote]

En un homenaje al físico Albert Einstein, San Juan Pablo II recordaba una reflexión del científico y sacerdote belga Georges Lemaître, padre de la “Teoría del Big Bang”: «Al cristiano nada humano le es ajeno. ¿Cómo podría desinteresarse la Iglesia de la más noble de las ocupaciones estrictamente humanas, la investigación de la verdad?».

Con aquel ánimo laboraron numerosos sabios, eruditos y científicos católicos, muchos de los cuales eran clérigos y religiosos, que impulsaron el conocimiento en Occidente. El benedictino y astrofísico Stanley Jaki explicaba que la insistencia sobre la racionalidad de Dios y la creación en Santo Tomás de Aquino y en otros teólogos hizo posible la obra de Galileo y de Newton, especialmente su Ley de la Gravitación Universal formulada en 1685.

Fue precisamente en el Occidente cristiano donde se desarrollaron las ciencias modernas. El historiador David C. Lindberg observa que un prejuicio frecuente contra la Iglesia es que postulaba una postura anti-intelectual y anti-científica, y que sus líderes preferían exaltar la fe sobre la razón, y la ignorancia sobre la educación.

«En realidad –argumentaba Lindberg– esta afirmación constituye una considerable distorsión. Los cristianos comprendieron que la Sagrada Escritura debía ser leída y conocida; y la educación debía ser alentada. La cristiandad se convirtió en el “patrón” principal de la educación en Occidente, integrando la fe, con la tradición cultural clásica».

La teología cristiana afianzó la senda de las ciencias, insistiendo principalmente en la bondad de la creación. La Iglesia creía firmemente que lo realizado por Dios era bueno, distanciándose de visiones negativas y pesimistas de la realidad. Se trata de la más elemental coherencia con los datos revelados sobre la Creación en el Génesis: «Y vio Dios que todas las cosas que había hecho eran en grande manera buenas» (Gen 1, 31).

A esto hay que añadir que la materia fue ennoblecida con la Encarnación del Salvador: «El Verbo se hizo carne y habitó en medio de nosotros» (Jn 1, 14). El Universo es una entidad racional y ordenada porque fue creada y sostenida por un Dios racional. Es contingente, porque depende del “fiat”, de la decisión y voluntad divinas de crear.

[pullquote]Los científicos, teólogos y académicos católicos sostenían la firme creencia de que el Cosmos podía ser aprehendido por la mente humana porque Dios mismo le había mandado al hombre que someta el mundo; y Él no comandaba nada imposible. Yahvé dijo al hombre: «Creced y multiplicaos, y habitad la tierra» (Gen 1, 28).[/pullquote]

Mediante la parábola de los talentos el Señor Jesús insiste entre sus discípulos la importancia de desarrollar los conocimientos (Lc 19, 11-28). También enseña que es necesario vestir y cobijar a los pobres, alimentarlos y atenderlos en sus enfermedades y sufrimientos. Estos mandatos solamente pueden perfeccionarse mejorando las técnicas para multiplicar los alimentos, optimizando las viviendas y descubriendo nuevas formas para entender el cuerpo humano y sanarlo de las enfermedades. Estas maneras de pensar fueron vitales para permitir la llamada “Revolución Científica” del siglo XVII.

© 2016 – Alfredo Garland Barrón para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Alfredo Garland Barrón

Alfredo luego de seguir estudios de Filosofía y Derecho, se ha dedicado al periodismo. Ha publicado numerosos artículos en revistas latinoamericanas, y también cuenta con varios libros publicados.Sus investigaciones están focalizadas a temas sobre la cultura en general, la filosofía, la vida eclesial, y diversos temas existenciales y de actualidad que buscan responder a las preguntas fundamentales de los hombres de hoy.

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