Hoy me miras con ojos extenuados
y hoy te miran mis ojos con un brillo
heredado, sin duda, y aprendido
del mirarte sostenido y entregado.

Lo que ayer parecían dos grietas
con ungüento las has renovado,
y del barro y saliva tus manos
modelaron dos grutas, y esperas

que te sientan y encuentren en ellas
los mendigos que piden posada
y tu Rostro y tu Mirada
se cuele en sus almas plebeyas.

Hoy te miro, deshidratado,
y hoy acudes a mí como cierva
cual si acaso mi fuente cupiera
anegar a mi Dios extenuado.

© 2017 – Centro de Estudios Católicos – CEC

Departamento Editorial del CEC

Soy un joven como tú que busca dialogar sobre diversos temas que nos importan y que influyen en nuestra vida cotidiana. Creo profundamente que a Dios nada de lo humano le es ajeno y por lo mismo su luz puede iluminar todas las realidades. Por eso, no tengo miedo en que hablemos de cualquier cosa, siempre poniendo el respeto por delante ¿Te animas?

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