Frente al papel que deberían desempeñar las empresas en la sociedad existen dos visiones antagónicas: 1) La empresa por sí sola tendría el protagonismo, y 2) El Estado tendría la responsabilidad principal de atender las necesidades mientras que la iniciativa privada tendría un papel secundario. En realidad se requiere una visión de síntesis en la cual tanto el Estado como la empresa desempañan un rol insustituible y no excluyente.

Un principio muy iluminador en esta línea es el de la subsidiariedad que plantea la enseñanza social de la Iglesia. Según dicho principio el Estado debe ayudar a los órganos intermedios a cumplir lo que éstos no podrían hacer por sí solos. La empresa sería uno de estos órganos intermedios que requieren el impulso del Estado para generar las condiciones y motivaciones de invertir en beneficio de los sectores vulnerables.

Adicionalmente dicho principio plantea promover la libre iniciativa de dichos órganos en las actividades que puedan realizar sin depender de los órganos superiores. El Estado promovería la recta autonomía de las instituciones sin imponer excesivos controles o pretendiendo copar las funciones propias del ámbito empresarial.

Así mismo, tanto el Estado como la empresa deben ayudar a los órganos inferiores –por ejemplo, los grupos vulnerables– a insertarse adecuadamente en la economía que a veces deja de considerar la necesidad de educación o incentivos en los sectores vulnerables que quedan excluidos de la lógica del mercado o la competitividad.

[pullquote]Una aplicación de este concepto sería el caso de bancos privados que puedan integrar a sectores vulnerables al acceso crediticio, entendiendo y promoviendo dicho segmento, en vez de excluirlo a través de exigencias que no aplican a su realidad social. Otro ejemplo sería el caso de una empresa que incluya dentro de su cadena productiva a grupos vulnerables, asociándolos y capacitándolos para que puedan lograr el desarrollo en medio de sus actividades.[/pullquote]

El horizonte de cooperación y complementariedad entre el Estado y la empresa resulta ser la forma más eficaz para promover el desarrollo integral de aquellos sectores que por sí solos no pueden incorporarse al sector productivo y combatir la pobreza.

© 2016 – Carlos Muñoz Gallardo para el Centro de Estudios Católicos – CEC

Carlos Muñoz Gallardo

Carlos nació en Santiago de Guayaquil (Ecuador) en el año 1971. Estudió Ingeniería Industrial en el Georgia Institute of Technology, Finanzas y Psicología en la George Washington University, y realizó estudios en Negocios Internacionales en Oxford University.
Ha trabajado durante muchos años en temas de promoción solidaria, a través de la Fundación Acción Solidaria de Ecuador.
Del 2006 al 2008 fue Director de la Promotoría del Instituto de Desarrollo Integral de la Persona; del 2012 al 2014 trabajó en la Dirección del apostolado Provida en la asociación “Opciones Heroicas”; y actualmente es presidente y consultor de Programas de Desarrollo Humano, además de brindar asesorías de responsabilidad social empresarial.

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