juramentoClaro que sí, es difícil andar derecho. Quienquiera que lo niegue, no hace sino demostrar su gran ignorancia de la naturaleza humana, esa que nos jala hacia el abismo del error y la miseria si no caminamos avisados y alertas.

Y cuanto más poder se tiene entre las manos, es más difícil aún andar derecho. Primero porque los aduladores abundan alrededor de los poderosos, haciéndoles creer que todo lo que hacen está bien, aislándolos del mundo real.

Segundo, porque el poder, político, económico, social y hasta religioso, puede sumergirlo a uno en un activismo que distrae de la reflexión y la mirada interior que es donde, por lo general, uno ve con mayor claridad donde está el bien y dónde el mal de las propias acciones.

Una buena dosis de reflexión personal diaria le haría un gran bien a cada uno de los 130 parlamentarios. Yo los mandaría a ponerse ante Dios y sacarse la máscara que se colocan ante cámaras para que, de una vez por todas, empiecen a actuar con decencia. Al fin y al cabo, en julio del 2011, la mayoría juró por Dios hacer un buen trabajo. Si no son creyentes, al menos pónganse ante sus propias conciencias, sacúdanse a los ‘ayayeros’, miren con sinceridad lo que están haciendo y corríjanse de una vez, sin paños tibios.

Las disculpas y las justificaciones ya no sirven. Uno suele creer que no es posible caer más bajo, pero la experiencia nos demuestra que siempre se puede. No nos pongan a prueba señores congresistas. Cambien su comportamiento de una vez, desde adentro, por convicción.

Es poco probable que el griterío en la calle los haga cambiar. De nada, salvo complicar más el caótico tránsito limeño, servirán las marchas de protesta que jóvenes entusiastas están convocando. En ciertos casos da la sensación de que algunos solo buscan estar a la indignada moda europea o brasileña de los últimos meses; mientras en otros, no son más que tribuna para los oportunistas con buen olfato, esos que se cuelan con enorme rapidez cada vez que pueden. Curiosamente, además, la mayoría de los 130 parlamentarios que fueron elegidos en el 2011, lo fueron, precisamente, por muchos de los que hoy gritan y protestan en la plaza.

Esos 130 hombres y mujeres deben seguir trabajando hasta julio del 2016. Todavía les quedan tres largos años para enderezar las barbaridades que no han cesado de cometer desde el primer día. Pero, insisto, dudo de que algo mejore si no ocurre un cambio personal, interior, en cada una de esas personas.

De una vez por todas asuman que su deber fundamental como políticos es servir al derecho y combatir la injusticia. No se trata de servir a los cálculos de sus líderes para engordar su cuota de poder copando las instituciones.

[pullquote]Podrían aprender, al menos un poco, del rey Salomón. Al ser entronizado, este no pidió riquezas ni poder, sino sabiduría y un corazón dócil para saber juzgar al pueblo y distinguir el bien y el mal. Qué diferente sería si al menos algunos de nuestros políticos no anduvieran tan desesperados por comprarse casas o acumular cuentas en los bancos, sino, más bien, por actuar con sabiduría y con esa docilidad de corazón que permite discernir auténticamente entre el bien y el mal.[/pullquote]

En el siglo V, Agustín de Hipona hizo una advertencia que no ha perdido un ápice de vigencia: «Quita el derecho y, entonces, ¿qué distingue al Estado de una gran banda de bandidos?». Es verdad que es difícil andar derecho, pero si no lo hacen terminarán como una banda de bandidos.

© 2013 – Rossana Echeandía para el diario El Comercio (Perú). Publicado el 23 de julio de 2013

Rossana Echeandía

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